domingo, 28 de julio de 2019

Infierno XIII



Desperté con Annde agitándome, e inmediatamente las luces recién encendidas golpearon mis ojos. De inmediato, me senté en la cama, mientras observaba a mis compañeros, que se preparaban lentamente para las actividades del día.

-Hola.-me saludó la joven, mientras se erguía, todavía sentada en la parte baja de su litera.

-Ho...hola.-le respondí, mientras me levantaba, con la cálida luz sobre mi rostro-¿Que sigue ahora?

-Bueno...primero nos daremos un baño, y luego el desayuno. Alístate. Será un día largo.

Como es ya del todo conocido por mis lectores, para este punto yo no contaba aún ninguna posesión de destacar, con lo que no debí hacer más que levantarme, bostezar, y esperar al resto, que aún se encontraba sacando de grandes bolsos de color verde algunas propiedades útiles, destacando armas de bajo calibre, cuchillos y algunos cartuchos con balas. Cosa lógica, teniendo en cuenta el permanente estado de enfrentamiento entre grupos mercenarios que caracteriza a Hélea, pero que aún así no dejó de llamar mi atención.

-¡Señorita Shersoi!-oí decir a Ava, mientras el resto se volteaba para saludar a una elegante Orel, vestida con un uniforme negro que me recordó por un momento al de los ejércitos de cierta potencia del siglo XX, llevando una mochila en su espalda. Olvidé mencionar hasta este momento que, de hecho, mis compañeros no vestían esta vez con ropa casual. Llevaban todos unos uniformes del mismo color que el de Orel, aunque menos elegantes, y con detalles rojos en el cuello.

-Hola, muchachos. ¿Cómo están?-nos saludó, mientras se detenía frente a nosotros, para luego dirigirse a mí:-¿Cómo te fue en tu primera noche?

-No me puedo quejar...-fue mi respuesta. Mentí: la iluminación era mala, y la habitación tenía un extraño olor a humedad.

-Te traje esto.-dijo, mientras me entregaba una bolsa de plástico transparente, con vestimentas similares a las de quienes se encontraban a mi alrededor.

Comenzamos, a continuación, a caminar hacia como grupo a la entrada, seguidos por alrededor de una treintena de criaturas que, como nosotros, se dirigían hacia los baños, ubicados algunas decenas de metros hacia el interior de la base. En un punto del trayecto, y como era de esperarse, ambos sexos se separaron en dirección a dos locaciones distintas, a un lado del pasillo cada una. Orel se detuvo en la entrada del baño para hombres, con la clara intención de esperarnos ahí. La acompañaba Ava, de quien pronto deduje que sus alas le dificultarían cosas tan cotidianas como cambiarse de ropa, con lo que razonablemente debía tener horarios especiales.

Ingresé así a tan particular sección del complejo, comprobando para mi fortuna que contábamos con una larga hilera de baños particulares, los suficientes para no tener que esperar demasiado antes de una ducha. En la primera ronda, casi todo mi equipo entró a los pequeños cubículos, quedándome solo junto a Gom, quien aunque por lo difícil de secar de su pelaje había decidido no tomar un baño aquella vez. Una vez que los míos hubieron salido, fue mi turno de entrar. El lugar constaba de un vestidor, y de un cubículo de cristal que hubiera sido quizá acogedor con algo más de iluminación, pero que lucía en ese contexto incluso triste. Rápidamente me desvestí, e ingresé al lugar. En pocos minutos me bañé, y al salir, me coloqué el traje que Orel había traído consigo hacía algún tiempo. Tuve la oportunidad de verme reflejado en el cristal del cubículo. El conjunto me hacía lucir bastante bien, e incluso algo intimidante, quizá en combinación con mi altura.
Tras salir del baño, llevando mis anteriores vestimentas en la misma bolsa en que venía el traje, me encontré el lugar bastante más vacío que la vez anterior. Al girar mi cabeza hacia la derecha, logré divisar al resto de mi equipo esperándome en la entrada del sitio, y hacía allí me dirigí.

-Emker, que elegancia.-me halagó Orel en cuanto me vio.

-Nada mal.-comentó alguien, casi a la par.

-Bueno, gracias.-respondí, mientras una involuntaria sonrisa se dibujaba en mi rostro-¿Ahora iremos a desayunar, cierto?-pregunté, mientras el resto comenzaba a caminar, esta vez en la dirección contraria a aquella por la que habíamos venido.

-Ellos sí-me respondió Orel-, nosotros iremos a entrenar. Tengo que enseñarte a utilizar armas.

Tras caminar durante algunos segundos, y ver cómo mis compañeros ingresaban nuevamente al comedor, pasé de largo junto a Orel hasta llegar a un pasillo del que no me había percatado antes. Al doblar en dirección a este,  logré notar una zona algo más iluminada. Un cartel de color blanco decía "Gimnasio", en grandes letras negras.
Entramos. El lugar tenía una iluminación inusual para el lugar en que me encontraba, y por fin podía ver un color distinto a ese horrible tono verde en las paredes de la base. Era enorme, y me llamó la atención ver en uno de los muros, colocadas a disposición del público, armas de distinto calibre, curiosamente similares a las que utilizaban los militantes de Kirtzner en la Tierra. Volteé a ver en la dirección contraria, para encontrarme con diversos objetivos, dispuestos ahí evidentemente para servir de blancos a los disparos de quien los necesitara.

Pasé un algunas horas con ella enseñándome a usar el armamento disponible. Empezamos con armas pequeñas, como pistolas de mano de seis balas, para luego proceder con armamento más pesado, como rifles de distinto tipo.

-Aprendes rápido.-me dijo ella, sorprendida-Yo tardé días en aprender a disparar así.

-Gracias.-le respondí, mientras me erguía después de un breve ejercicio-¿Qué hora es? Muero de hambre.

-Bueno, ya es casi mediodía y aún no has desayunado. Y creo que por hoy ya fue suficiente.-dijo, mientras caminaba hacia un extremo de la sala, donde algunas máquinas para ejercicios físicos estaban emplazadas. Yo la seguí, para ver como segundos mas tarde se sentaba en una banca cercana, mientras se quitaba la mochila de la espalda, y me invitaba a ubicarme junto a ella.

En cuanto lo hice, procedió a sacar de la misma un recipiente de plástico transparente, rectangular, con una tapa de color azul. Al abrirlo, un olor a comida cocida impregnó el ambiente, y ella sacó un trozo de carne envuelto en pan. De apariencia extraña, pero curiosamente sabroso.
Tras dar algunos bocados sin decir una palabra, al parecer mi jefa se sintió algo incómoda por el silencio en la sala.

-Y bueno...-me dijo, titubeando durante algunos segundos-¿Hay algo de lo que quieras hablar?

-Bueno, ahora que lo dices...me había quedado pensando en lo de Akim. Sobre la forma en la que influencia a la opinión pública.-mentí. La verdad es que el tema acababa de ocurrírseme.

-Ah...¿Y que te gustaría saber?-dijo. Sentí por un momento como si los papeles se invirtieran.

-Pues...me dijiste que le pagaba a personas para difundir ciertos mensajes.

-Así es.-me respondió-Ella es la principal financista de la Fundación Kyrung Ther.

-¿Kyrung Ther?

-Uno de los principales líderes de la revolución, y pariente de los Hedeon. Se retiró de la patria humana por razones que no están del todo claras algún tiempo después de esta. Sea como sea, Akim y otros magnates más decidieron tomar su nombre a la hora de crearla.

-Ya veo...¿Y que es lo que hacen exactamente?

-Bueno, habría que preguntarnos más bien qué no hacen. Tienen casas de estudios, financian partidos políticos...un poco de todo. De ahí salieron multitud de pensadores, o mas bien, propagandistas. La joya de la corona, sin embargo, son Bethel Sha y Far Zyhri, los que más lejos han llegado. Son jóvenes, más o menos de la edad de Akim, pero sumamente hábiles para mover gente. Ambos salieron de una de las universidades de la Fundación, al igual que la mayoría de quienes trabajan para esta, y han publicado más de un libro bajo sus directrices.

-Ya veo...-el esquema me resultó curiosamente similar al utilizado por el Partido en la Tierra. Seleccionar entre los mejores estudiantes de las universidades a la futura élite nacional, contra utilizarlos como meros famosillos al servicio de agendas elitistas.

Tras terminar de comer, continuamos conversando sobre temas banales durante algunos minutos. Me preguntó por mis impresiones en relación a Hélea, algunas cuestiones sobre mi vida, nada digno de recordarse.

-Y...¿Akim no está esperándote para almorzar hoy?-pregunté, cuando noté con extrañeza el que siguiera conmigo a estas horas.

-No. Tuvo que asistir a una reunión de última hora, por lo que opté por aprovechar para entrenarte.

Recordé entonces mi extraña interacción con Naama el día anterior, y me pregunté si acaso la cuestión habría tenido que ver con el asunto. Por un instante, incluso pensé en preguntarle si había alguna novedad. Sin embargo, recordé lo bastante pronto las posibles consecuencias de ello para contenerme, al menos por aquella ocasión.

-En fin...-comentó Orel, finalmente-creo que ya es hora de que nos reunamos con los muchachos. Ya falta menos de una hora para comer. 

martes, 16 de julio de 2019

Infierno XII

XII

-¿Acaso se ha vuelto loca?-pregunté, sorprendido-No sé ni como hacer una compra ¿Y quiere que vaya así como así, a convivir con gente que ni siquiera es humana?

-Sí, ya sé que suena a una mala idea, pero no estoy en posición de contrariarla.-respondió Orel, mientras caminábamos hacia la enorme entrada de los cuarteles, en la parte trasera del edificio-Además, yo no hablaría así de ella si fuera tú. Akim es muy estricta en cuanto a lo que se dice de los líderes de Barken Leddis.

Tan solo algunos minutos atrás, Orel me había sacado de mi habitación con la noticia: iba a, en adelante, convivir con el resto de su facción. La lógica de esto era sencillamente darme experiencia en el terreno ¿Con qué fin? Probablemente, pensando en retrospectiva, pretendía que me quedara a su servicio por un largo tiempo.

-Supongo que al menos me darán algún entrenamiento...

-Obviamente. Mañana por la mañana empezamos.

El trayecto hacia el segundo subsuelo fue relativamente silencioso, al menos por nuestra parte. En realidad, el ruido a nuestro alrededor, producto de la conversación de los mercenarios, impedía que pudiéramos oírnos del todo bien.
Una buena caminata después por los largos y oscuros pasillos repletos de gente, finalmente llegamos hasta la entrada, sin puerta, de uno de los dormitorios. Frente a mí, se erigían dos filas con literas de metal, un armario al lado de cada una, y un largo pasillo en el centro.
Como podrá imaginar el lector, no nos encontrábamos solos en tan grande habitación. En efecto, recostados en las camas, o caminando de un sitio a otro, criaturas humanas y no, nos rodeaban, algunos conversando sobre sus asuntos diarios, otros revisando sus pertenencias en busca de algún objeto en particular, y un tercer grupo preparándose para salir a sus labores.
No tuve que avanzar mucho en tan peculiar escenario para divisar, finalmente, al equipo de Orel conversando animadamente, distribuidos entre las camas a un extremo del lugar.

-Hola.-los saludó ella, una vez que estuvimos lo suficientemente cerca-¿Disfrutando el regreso al trabajo?

-Señorita Shersoi, que sorpresa.-respondió Jan, poniéndose de pie-¿Qué la trae por aquí?

-Emker dormirá con ustedes en adelante.-explicó.

-Oh, interesante. ¿Órdenes de la señora Hedeon?

-Así es. Así que espero que le traten bien.

-Por supuesto.-respondió la criatura-¿Algo en particular que debamos saber?

-Sí. Hoy por la tarde me dieron la data para nuestra próxima misión. Así que ya saben, estén listos para mañana al anochecer.

-Entendido.

-Emker-se dirigió a mi la muchacha-, no olvides lo de mañana. Te conseguiré un uniforme, y algunas cosas que te serán útiles. En fin, tengo que irme. Descansa.

Acto seguido, ella procedió a caminar en la dirección contraria, hasta perderse al doblar a la izquierda, en la entrada del lugar.

-Bueno, creo que esta es tu entrada oficial a nuestra facción.-me dijo Dero, apenas ella se hubo alejado.

-Bienvenido.-comentaron dos de los presentes, antes de que Jan me dirigiera nuevamente la palabra:

-Es un placer recibirte-me dijo, antes de voltearse, e indicarme donde dormiría: la parte superior de una litera, a un extremo de la habitación.

-¿Cuánto falta para la cena?-preguntó entonces Annde, a quien aprendí a distinguir de su hermana con el paso del tiempo.

-Pues...-contestó Ava, revisando su reloj de pulsera-...algunos minutos. Así que deberíamos ir yendo.

En un plazo de pocos segundos, todos se levantaron y procedieron a encaminarse hacia un comedor cercano, ubicado a algunos pasillos de distancia. Como es lógico, los seguí.
Tras caminar algunos metros por el oscuro lugar, alcanzamos una gran puerta, que daba acceso a un enorme espacio. Como era de esperarse, no fuimos los primeros en llegar. En efecto, una larga fila de criaturas diversas se encontraba esperando su turno, frente a una barra en que, en bandejas de color azul, los trabajadores de la cocina les servían la cena.
Nuestra espera duro diez minutos de conversación intrascendente entre mis ahora compañeros, que francamente no recuerdo ni creo necesario recordar. Lo que sí recuerdo, sin embargo, fue el poco apetitoso plato que recibí al llegar al final de la fila. Un puré amarillento, viscoso, acompañado de un algo quemado trozo de carne. No estoy seguro de si era la comida en sí, o la falta de luz combinada con la apariencia del plato lo que ocasionó que recordara con nostalgia la comida que había degustado junto a Hedeon y sus hijas.
Sea como sea, el caso es que no tardé en alejarme, hacia la mesa al fondo de la sala en que el resto se había instalado. Al sentarme, probé la comida. El puré tenía un sabor agridulce, no tan desagradable como lo había imaginado. En cuanto a la carne, estaba, como dije, quemada, pero las partes aún comestibles sabían bien.

-Y cuéntanos...¿Cómo va la búsqueda de tu hija?-me preguntó Dero, destruyendo el relativo silencio que, momentáneamente, había invadido la mesa.

-Prefiero no hablar de eso...-le contesté tras el sobresalto inicial, recordando las palabras de Orel en lo que caminábamos hacia el lugar: "cuanto más digas, más fácil será que te delates".

-Oh...entiendo. -respondió-Si te hace sentir mejor, todos aquí tenemos historias similares. Aunque eso no debería sorprenderte.

Sus palabras ocasionaron en mí una mezcla de curiosidad con ganas de hacer preguntas. Sin embargo, en vistas de que eso me dejaría sin autoridad moral para negarme a hablar, preferí no seguir conversación. El destino, pese a todo, pareció no estar de acuerdo.

-Yo soy de Xarma Nelni, uno de los tres estados malak.-intervino, de imprevisto, Ava-Conseguí cruzar la frontera cuando tenía dieciséis años, y vine aquí básicamente porque está lleno de organizaciones mercenarias. Quería trabajar en una y lo conseguí, y desde entonces he estado tratando de sacar a mi familia de ahí. Y bueno...en eso ha consistido mi vida en los últimos diez años.

-Hay tanto que no sé de ese país...-dijo Annde-¿Cómo es allá?

-Bueno...muy diferente a como es aquí.-explicó-A las grandes empresas las maneja el Estado, y las pequeñas son controladas por las comunidades. Además, el gobierno se encarga de enseñarte a leer cuando eres un niño.

-¿Y por qué te fuiste, entonces?-procedió a interrogarla la otra melliza-Oí que ahí todo el mundo tiene para comer, y una casa asegurada.

-Pero no vale la pena, Nayru. El gobierno nos da todo, pero es de mala calidad, y la gente tiene miedo. Por ley, todo el mundo tiene la obligación de delatar a quien se queje del emperador. No te haces idea de lo que les hacen a los rebeldes en las catacumbas debajo de la ciudad. Y ni hablemos de lo injusto que es. La comida escasea en los mercados, pero la familia imperial  rivaliza en riqueza con  Hedeon.

Las palabras de Ava me revelaron otro interesante paralelismo con mi pequeño planeta azul. Y es que, en realidad, no es el colectivismo oligárquico una exclusividad del Infierno. La historia de nuestro planeta, durante el siglo XX, había proveído de multitud de ejemplos, uno mas trágico que el anterior.

-¿Y por qué pasa eso?-preguntó Gom, quien como yo había escuchado en silencio la conversación.

 -Por una simple razón, en realidad. Me lo explicó un profesor universitario en mi viaje de escape, cuando navegaba en balsa por el alcantarillado. Esta es que nadie, ningún gobernante por más divino que diga ser, puede entender por completo a la economía. Es demasiado compleja, y cuando unos pocos tratan de controlarla hasta en lo elemental, cometen errores, y simplemente no les alcanza el tiempo para actualizarse a lo que pasa allá afuera. Eso también explica que mi patria no haya avanzado en nada desde la revolución. Excepto en lo militar, claro. En cuanto a la desigualdad entre el gobierno y...los demás, creo que tiene que ver con que nadie puede contrariar al emperador. No hay elecciones, ni se le puede sacar de su cargo. Y mientras controle el ejército...bueno, ustedes entienden.

El resto de la conversación, consistió en los demás contando sus historias de vida, con la vana esperanza de que así yo accediera a hacer mi propia confesión. Así, descubrí que las gemelas habían escapado de sus hogares escapando del abuso de su padre, en varios sentidos, dedicándose tras eso al robo y las estafas, para luego ser atrapadas por la banda de la que Orel las rescató. Dero, el más mayor del equipo, mantenía con su salario a dos nietos a cargo de su hija, quienes eran producto de una violación. Gom contó la historia que ya conocía.
Jan fue el único que, como yo, se negó a hablar sobre su pasado, por razones que averigüé tiempo después.
Descubrí también el peculiar y abusivo régimen de "vacaciones" que Hedeon había impuesto para con ellos especialmente. Y es que, en realidad, estas consistían más en una reducción a la mitad de su trabajo, que en un verdadero descanso. Tenían, eso sí, acceso a la parte superior del edificio durante ese período, donde dormían y descansaban, al menos cuando no estaban sirviendo como entrenamiento para la joven Shersoi. Me llamó la atención el que pese a todo se sintieran privilegiados por ese trato, lo que me reveló que lo común-como era de suponerse-en Barken Leddis era el trabajo intensivo, cosa con el que seguramente tendría que lidiar en los siguientes días.
Esa noche, el sueño tardó en venir a mí. A la excitación por el lugar en que me encontraba, se sumaba ahora la de dormir junto a criaturas con orígenes seguramente muy diferentes al mío, tanto en esta como en sus anteriores vidas. Me pregunté cuál sería el origen de estos probables extraterrestres, tan similares en su psicología y forma a los humanos, aunque los detalles variaran de una especie a otra. Habré logrado dormir unas tres o cuatro horas, antes de que las luces se encendieran nuevamente, dando inicio a una nueva y...¿emocionante? jornada.



viernes, 5 de julio de 2019

Infierno XI



Unos veinte minutos después, me encontraba, otra vez, completamente solo en la habitación, tras haber sido conducido por Orel hasta allí. Me había abandonado a mi suerte, estableciendo mis planes para el día sin siquiera consultarme al respecto.

-Vamos a descansar durante algunas horas, así que deberás quedarte aquí hasta nuevo aviso.

Sin más que hacer, me dispuse entonces a revisar nuevamente la biblioteca. No tardé en dar con un ejemplar de lo que pronto descubrí, era la continuación del libro que había leído en mi primera noche en Hélea. "Religiones y cultos de nuestro mundo, tomo II".
Recordé entonces las palabras de Naama, sobre la organización a la que pertenecían. Y, pretendiendo encontrar mayor información al respecto, no tuve mejor idea que abrir el libro, para encontrarme en las primeras páginas, tras una breve introducción que no me molesté en leer, con el título del primer capítulo: "El azraísmo: orígenes, historia y demografía".
El azraísmo es básicamente una religión no organizada, mas un corpus doctrinal que una institución. Del linf azra, "virtud", parte de la creencia en una deidad, con carácter moral, que envió profetas y enviados en el pasado, y que se manifestará algún día para castigar a los malvados. Este ser, conocido como Melek Taus, es también creador de Hélea y, lo más interesante, padre y creador de multitud de deidades  y entidades de enorme poder, que son, curiosamente, los seres a quienes adoran el resto de religiones.
"Curioso sincretismo", pensé, mientras leía sobre algunos de sus atributos.
Melek Taus no es en realidad el dios supremo de sus creyentes, sino la creación más perfecta de un ente llamado Alikim, a quien los azraístas ven como la fuente de cuanto existe. Le llaman el Todopoderoso, el Señor de los Dioses, y el Uno por Encima de Todo. Así, su divinidad es en realidad la encarnación de la justicia y benevolencia de este ser, y creó todo con el mero fin de tener sobre quien proyectar su bondad. Posee esta una contraparte, que representa el poder puro de su hacedor. Naraka es, básicamente, una gigantesca y omnipotente masa de burbujas, capaz de cumplir cualquier deseo a quien toque la frecuencia musical correcta. No es un ser consciente, sino una especie de objeto mágico, una suerte de "centro de mando" de la creación. Concepto fascinante, a la par que intrigante.
Melek Taus tiene también una fuerza antagónica, bautizada Ahrimann. Ahrimann es, como lo resumía el autor, la entidad absoluta del vacío primigenio. La idea es, en esencia, que antes de que Alikim creara a Melek Taus, ahí, en la oscuridad más absoluta, ahí, en las infinitamente frías cavernas del tiempo, estaba él. Una fuerza reactiva, la antítesis de la creación, que ante cada acto creativo produce uno igual pero inverso. Es así que, con el nacimiento de su rival, adquirió una naturaleza secundaria, autoconsciente e inteligente, que ante cada nueva dimensión creada por este, se complejiza y evoluciona. Ahrimann es, en resumen, la maldad en persona, sin más objetivo que el fin de todo lo que existe, que volver a la tranquila oscuridad inicial.
Tras ser creado y originar los diferentes mundos, Melek Taus trajo a la existencia una serie de deidades, cuatro en total, para que le auxiliaran. Deidades que, sin embargo, no tardaron en corromperse, intentando conquistar el universo mediante el poder de Naraka, sólo para  ser encerradas en una de las dimensiones creadas por su rey. Aún pueden, sin embargo, alcanzar Hélea de formas que no quedaban del todo claras.
Muy a la manera de un dios griego, este ente tiene también hijos: Taranis el mayor, y Arasy, la menor. Me llamó la atención la explicación con respecto a la forma en que estos seres son engendrados. Los dioses parecen no ser seres sexuales, pero sí poseen características femeninas y masculinas que, junto a sus diferentes niveles de poder, son capaces de transmitir a sus descendientes, en diferentes grados y formas.
La relación entre Taranis y su padre es, por decir lo menos, hostil. Según narraba el texto, en algún momento millones de años atrás, habría intentado tomar por medio de una conspiración con algunos de sus propios descendientes, el lugar de este. Fue la intervención de su hermana la que frustró el plan, por el que Taranis fue expulsado del Pleroma-o la dimensión en que habitan las deidades-, acabando en lo que el texto describía como "el mundo de las luces flotantes".
Con Arasy, por su parte, es todo lo contrario. Los azraístas le consideran la hija predilecta, la "niña de sus ojos". Cosa curiosa, puesto que ella era, según el libro, considerada en una entidad maligna en otros cultos. Azote de los malvados, cumplía una peculiar función: torturar cruelmente a quien lo mereciera. Sus métodos eran absolutamente abominables. Solía llegar incluso a despellejar personas mientras estas suplicaban misericordia. Y si hablo en pasado, esto es por su aparente desaparición que, con tono escéptico, denotaba el autor del escrito.
Siempre me pareció interesante el fenómeno religioso. De niño, abandoné la fe de mis padres tras leer la Biblia, y recuerdo haberme pasado horas estudiando las distintas tradiciones religiosas de mi mundo. Para cuando tenía diez años, ya había descartado la fe, y a los doce, me consideraba a mí mismo un agnóstico ateo.
De ninguna manera podría haber llegado a soñar, tan sólo cinco años atrás, una experiencia de este calibre. Dioses y diablos eran para mí pura ficción, viejos mitos inventados en nuestros momentos de mayor ignorancia. Y sin embargo, ahí estaba, leyendo un libro en una lengua que nunca había estudiado, y en un mundo totalmente diferente al que había dejado atrás.

Esa tarde no hice mucho más que leer, como podrá imaginar el lector, sobre bastante más de lo aquí narrado. Si decidí destacar esta historia en particular es, sin embargo, por lo importante que resultaría para mí tiempo después.

Ya cerca del anochecer, mientras contemplaba por la ventana a la gigantesca urbe heleana, finalmente mi soledad fue rota por una puerta abriéndose detrás mío.