XII
-¿Acaso se ha vuelto loca?-pregunté, sorprendido-No sé ni como hacer una compra ¿Y quiere que vaya así como así, a convivir con gente que ni siquiera es humana?
-Sí, ya sé que suena a una mala idea, pero no estoy en posición de contrariarla.-respondió Orel, mientras caminábamos hacia la enorme entrada de los cuarteles, en la parte trasera del edificio-Además, yo no hablaría así de ella si fuera tú. Akim es muy estricta en cuanto a lo que se dice de los líderes de Barken Leddis.
Tan solo algunos minutos atrás, Orel me había sacado de mi habitación con la noticia: iba a, en adelante, convivir con el resto de su facción. La lógica de esto era sencillamente darme experiencia en el terreno ¿Con qué fin? Probablemente, pensando en retrospectiva, pretendía que me quedara a su servicio por un largo tiempo.
-Supongo que al menos me darán algún entrenamiento...
-Obviamente. Mañana por la mañana empezamos.
El trayecto hacia el segundo subsuelo fue relativamente silencioso, al menos por nuestra parte. En realidad, el ruido a nuestro alrededor, producto de la conversación de los mercenarios, impedía que pudiéramos oírnos del todo bien.
Una buena caminata después por los largos y oscuros pasillos repletos de gente, finalmente llegamos hasta la entrada, sin puerta, de uno de los dormitorios. Frente a mí, se erigían dos filas con literas de metal, un armario al lado de cada una, y un largo pasillo en el centro.
Como podrá imaginar el lector, no nos encontrábamos solos en tan grande habitación. En efecto, recostados en las camas, o caminando de un sitio a otro, criaturas humanas y no, nos rodeaban, algunos conversando sobre sus asuntos diarios, otros revisando sus pertenencias en busca de algún objeto en particular, y un tercer grupo preparándose para salir a sus labores.
No tuve que avanzar mucho en tan peculiar escenario para divisar, finalmente, al equipo de Orel conversando animadamente, distribuidos entre las camas a un extremo del lugar.
-Hola.-los saludó ella, una vez que estuvimos lo suficientemente cerca-¿Disfrutando el regreso al trabajo?
-Señorita Shersoi, que sorpresa.-respondió Jan, poniéndose de pie-¿Qué la trae por aquí?
-Emker dormirá con ustedes en adelante.-explicó.
-Oh, interesante. ¿Órdenes de la señora Hedeon?
-Así es. Así que espero que le traten bien.
-Por supuesto.-respondió la criatura-¿Algo en particular que debamos saber?
-Sí. Hoy por la tarde me dieron la data para nuestra próxima misión. Así que ya saben, estén listos para mañana al anochecer.
-Entendido.
-Emker-se dirigió a mi la muchacha-, no olvides lo de mañana. Te conseguiré un uniforme, y algunas cosas que te serán útiles. En fin, tengo que irme. Descansa.
Acto seguido, ella procedió a caminar en la dirección contraria, hasta perderse al doblar a la izquierda, en la entrada del lugar.
-Bueno, creo que esta es tu entrada oficial a nuestra facción.-me dijo Dero, apenas ella se hubo alejado.
-Bienvenido.-comentaron dos de los presentes, antes de que Jan me dirigiera nuevamente la palabra:
-Es un placer recibirte-me dijo, antes de voltearse, e indicarme donde dormiría: la parte superior de una litera, a un extremo de la habitación.
-¿Cuánto falta para la cena?-preguntó entonces Annde, a quien aprendí a distinguir de su hermana con el paso del tiempo.
-Pues...-contestó Ava, revisando su reloj de pulsera-...algunos minutos. Así que deberíamos ir yendo.
En un plazo de pocos segundos, todos se levantaron y procedieron a encaminarse hacia un comedor cercano, ubicado a algunos pasillos de distancia. Como es lógico, los seguí.
Tras caminar algunos metros por el oscuro lugar, alcanzamos una gran puerta, que daba acceso a un enorme espacio. Como era de esperarse, no fuimos los primeros en llegar. En efecto, una larga fila de criaturas diversas se encontraba esperando su turno, frente a una barra en que, en bandejas de color azul, los trabajadores de la cocina les servían la cena.
Nuestra espera duro diez minutos de conversación intrascendente entre mis ahora compañeros, que francamente no recuerdo ni creo necesario recordar. Lo que sí recuerdo, sin embargo, fue el poco apetitoso plato que recibí al llegar al final de la fila. Un puré amarillento, viscoso, acompañado de un algo quemado trozo de carne. No estoy seguro de si era la comida en sí, o la falta de luz combinada con la apariencia del plato lo que ocasionó que recordara con nostalgia la comida que había degustado junto a Hedeon y sus hijas.
Sea como sea, el caso es que no tardé en alejarme, hacia la mesa al fondo de la sala en que el resto se había instalado. Al sentarme, probé la comida. El puré tenía un sabor agridulce, no tan desagradable como lo había imaginado. En cuanto a la carne, estaba, como dije, quemada, pero las partes aún comestibles sabían bien.
-Y cuéntanos...¿Cómo va la búsqueda de tu hija?-me preguntó Dero, destruyendo el relativo silencio que, momentáneamente, había invadido la mesa.
-Prefiero no hablar de eso...-le contesté tras el sobresalto inicial, recordando las palabras de Orel en lo que caminábamos hacia el lugar: "cuanto más digas, más fácil será que te delates".
-Oh...entiendo. -respondió-Si te hace sentir mejor, todos aquí tenemos historias similares. Aunque eso no debería sorprenderte.
Sus palabras ocasionaron en mí una mezcla de curiosidad con ganas de hacer preguntas. Sin embargo, en vistas de que eso me dejaría sin autoridad moral para negarme a hablar, preferí no seguir conversación. El destino, pese a todo, pareció no estar de acuerdo.
-Yo soy de Xarma Nelni, uno de los tres estados malak.-intervino, de imprevisto, Ava-Conseguí cruzar la frontera cuando tenía dieciséis años, y vine aquí básicamente porque está lleno de organizaciones mercenarias. Quería trabajar en una y lo conseguí, y desde entonces he estado tratando de sacar a mi familia de ahí. Y bueno...en eso ha consistido mi vida en los últimos diez años.
-Hay tanto que no sé de ese país...-dijo Annde-¿Cómo es allá?
-Bueno...muy diferente a como es aquí.-explicó-A las grandes empresas las maneja el Estado, y las pequeñas son controladas por las comunidades. Además, el gobierno se encarga de enseñarte a leer cuando eres un niño.
-¿Y por qué te fuiste, entonces?-procedió a interrogarla la otra melliza-Oí que ahí todo el mundo tiene para comer, y una casa asegurada.
-Pero no vale la pena, Nayru. El gobierno nos da todo, pero es de mala calidad, y la gente tiene miedo. Por ley, todo el mundo tiene la obligación de delatar a quien se queje del emperador. No te haces idea de lo que les hacen a los rebeldes en las catacumbas debajo de la ciudad. Y ni hablemos de lo injusto que es. La comida escasea en los mercados, pero la familia imperial rivaliza en riqueza con Hedeon.
Las palabras de Ava me revelaron otro interesante paralelismo con mi pequeño planeta azul. Y es que, en realidad, no es el colectivismo oligárquico una exclusividad del Infierno. La historia de nuestro planeta, durante el siglo XX, había proveído de multitud de ejemplos, uno mas trágico que el anterior.
-¿Y por qué pasa eso?-preguntó Gom, quien como yo había escuchado en silencio la conversación.
-Por una simple razón, en realidad. Me lo explicó un profesor universitario en mi viaje de escape, cuando navegaba en balsa por el alcantarillado. Esta es que nadie, ningún gobernante por más divino que diga ser, puede entender por completo a la economía. Es demasiado compleja, y cuando unos pocos tratan de controlarla hasta en lo elemental, cometen errores, y simplemente no les alcanza el tiempo para actualizarse a lo que pasa allá afuera. Eso también explica que mi patria no haya avanzado en nada desde la revolución. Excepto en lo militar, claro. En cuanto a la desigualdad entre el gobierno y...los demás, creo que tiene que ver con que nadie puede contrariar al emperador. No hay elecciones, ni se le puede sacar de su cargo. Y mientras controle el ejército...bueno, ustedes entienden.
El resto de la conversación, consistió en los demás contando sus historias de vida, con la vana esperanza de que así yo accediera a hacer mi propia confesión. Así, descubrí que las gemelas habían escapado de sus hogares escapando del abuso de su padre, en varios sentidos, dedicándose tras eso al robo y las estafas, para luego ser atrapadas por la banda de la que Orel las rescató. Dero, el más mayor del equipo, mantenía con su salario a dos nietos a cargo de su hija, quienes eran producto de una violación. Gom contó la historia que ya conocía.
Jan fue el único que, como yo, se negó a hablar sobre su pasado, por razones que averigüé tiempo después.
Descubrí también el peculiar y abusivo régimen de "vacaciones" que Hedeon había impuesto para con ellos especialmente. Y es que, en realidad, estas consistían más en una reducción a la mitad de su trabajo, que en un verdadero descanso. Tenían, eso sí, acceso a la parte superior del edificio durante ese período, donde dormían y descansaban, al menos cuando no estaban sirviendo como entrenamiento para la joven Shersoi. Me llamó la atención el que pese a todo se sintieran privilegiados por ese trato, lo que me reveló que lo común-como era de suponerse-en Barken Leddis era el trabajo intensivo, cosa con el que seguramente tendría que lidiar en los siguientes días.
Esa noche, el sueño tardó en venir a mí. A la excitación por el lugar en que me encontraba, se sumaba ahora la de dormir junto a criaturas con orígenes seguramente muy diferentes al mío, tanto en esta como en sus anteriores vidas. Me pregunté cuál sería el origen de estos probables extraterrestres, tan similares en su psicología y forma a los humanos, aunque los detalles variaran de una especie a otra. Habré logrado dormir unas tres o cuatro horas, antes de que las luces se encendieran nuevamente, dando inicio a una nueva y...¿emocionante? jornada.
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