viernes, 5 de julio de 2019

Infierno XI



Unos veinte minutos después, me encontraba, otra vez, completamente solo en la habitación, tras haber sido conducido por Orel hasta allí. Me había abandonado a mi suerte, estableciendo mis planes para el día sin siquiera consultarme al respecto.

-Vamos a descansar durante algunas horas, así que deberás quedarte aquí hasta nuevo aviso.

Sin más que hacer, me dispuse entonces a revisar nuevamente la biblioteca. No tardé en dar con un ejemplar de lo que pronto descubrí, era la continuación del libro que había leído en mi primera noche en Hélea. "Religiones y cultos de nuestro mundo, tomo II".
Recordé entonces las palabras de Naama, sobre la organización a la que pertenecían. Y, pretendiendo encontrar mayor información al respecto, no tuve mejor idea que abrir el libro, para encontrarme en las primeras páginas, tras una breve introducción que no me molesté en leer, con el título del primer capítulo: "El azraísmo: orígenes, historia y demografía".
El azraísmo es básicamente una religión no organizada, mas un corpus doctrinal que una institución. Del linf azra, "virtud", parte de la creencia en una deidad, con carácter moral, que envió profetas y enviados en el pasado, y que se manifestará algún día para castigar a los malvados. Este ser, conocido como Melek Taus, es también creador de Hélea y, lo más interesante, padre y creador de multitud de deidades  y entidades de enorme poder, que son, curiosamente, los seres a quienes adoran el resto de religiones.
"Curioso sincretismo", pensé, mientras leía sobre algunos de sus atributos.
Melek Taus no es en realidad el dios supremo de sus creyentes, sino la creación más perfecta de un ente llamado Alikim, a quien los azraístas ven como la fuente de cuanto existe. Le llaman el Todopoderoso, el Señor de los Dioses, y el Uno por Encima de Todo. Así, su divinidad es en realidad la encarnación de la justicia y benevolencia de este ser, y creó todo con el mero fin de tener sobre quien proyectar su bondad. Posee esta una contraparte, que representa el poder puro de su hacedor. Naraka es, básicamente, una gigantesca y omnipotente masa de burbujas, capaz de cumplir cualquier deseo a quien toque la frecuencia musical correcta. No es un ser consciente, sino una especie de objeto mágico, una suerte de "centro de mando" de la creación. Concepto fascinante, a la par que intrigante.
Melek Taus tiene también una fuerza antagónica, bautizada Ahrimann. Ahrimann es, como lo resumía el autor, la entidad absoluta del vacío primigenio. La idea es, en esencia, que antes de que Alikim creara a Melek Taus, ahí, en la oscuridad más absoluta, ahí, en las infinitamente frías cavernas del tiempo, estaba él. Una fuerza reactiva, la antítesis de la creación, que ante cada acto creativo produce uno igual pero inverso. Es así que, con el nacimiento de su rival, adquirió una naturaleza secundaria, autoconsciente e inteligente, que ante cada nueva dimensión creada por este, se complejiza y evoluciona. Ahrimann es, en resumen, la maldad en persona, sin más objetivo que el fin de todo lo que existe, que volver a la tranquila oscuridad inicial.
Tras ser creado y originar los diferentes mundos, Melek Taus trajo a la existencia una serie de deidades, cuatro en total, para que le auxiliaran. Deidades que, sin embargo, no tardaron en corromperse, intentando conquistar el universo mediante el poder de Naraka, sólo para  ser encerradas en una de las dimensiones creadas por su rey. Aún pueden, sin embargo, alcanzar Hélea de formas que no quedaban del todo claras.
Muy a la manera de un dios griego, este ente tiene también hijos: Taranis el mayor, y Arasy, la menor. Me llamó la atención la explicación con respecto a la forma en que estos seres son engendrados. Los dioses parecen no ser seres sexuales, pero sí poseen características femeninas y masculinas que, junto a sus diferentes niveles de poder, son capaces de transmitir a sus descendientes, en diferentes grados y formas.
La relación entre Taranis y su padre es, por decir lo menos, hostil. Según narraba el texto, en algún momento millones de años atrás, habría intentado tomar por medio de una conspiración con algunos de sus propios descendientes, el lugar de este. Fue la intervención de su hermana la que frustró el plan, por el que Taranis fue expulsado del Pleroma-o la dimensión en que habitan las deidades-, acabando en lo que el texto describía como "el mundo de las luces flotantes".
Con Arasy, por su parte, es todo lo contrario. Los azraístas le consideran la hija predilecta, la "niña de sus ojos". Cosa curiosa, puesto que ella era, según el libro, considerada en una entidad maligna en otros cultos. Azote de los malvados, cumplía una peculiar función: torturar cruelmente a quien lo mereciera. Sus métodos eran absolutamente abominables. Solía llegar incluso a despellejar personas mientras estas suplicaban misericordia. Y si hablo en pasado, esto es por su aparente desaparición que, con tono escéptico, denotaba el autor del escrito.
Siempre me pareció interesante el fenómeno religioso. De niño, abandoné la fe de mis padres tras leer la Biblia, y recuerdo haberme pasado horas estudiando las distintas tradiciones religiosas de mi mundo. Para cuando tenía diez años, ya había descartado la fe, y a los doce, me consideraba a mí mismo un agnóstico ateo.
De ninguna manera podría haber llegado a soñar, tan sólo cinco años atrás, una experiencia de este calibre. Dioses y diablos eran para mí pura ficción, viejos mitos inventados en nuestros momentos de mayor ignorancia. Y sin embargo, ahí estaba, leyendo un libro en una lengua que nunca había estudiado, y en un mundo totalmente diferente al que había dejado atrás.

Esa tarde no hice mucho más que leer, como podrá imaginar el lector, sobre bastante más de lo aquí narrado. Si decidí destacar esta historia en particular es, sin embargo, por lo importante que resultaría para mí tiempo después.

Ya cerca del anochecer, mientras contemplaba por la ventana a la gigantesca urbe heleana, finalmente mi soledad fue rota por una puerta abriéndose detrás mío.


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