domingo, 28 de julio de 2019

Infierno XIII



Desperté con Annde agitándome, e inmediatamente las luces recién encendidas golpearon mis ojos. De inmediato, me senté en la cama, mientras observaba a mis compañeros, que se preparaban lentamente para las actividades del día.

-Hola.-me saludó la joven, mientras se erguía, todavía sentada en la parte baja de su litera.

-Ho...hola.-le respondí, mientras me levantaba, con la cálida luz sobre mi rostro-¿Que sigue ahora?

-Bueno...primero nos daremos un baño, y luego el desayuno. Alístate. Será un día largo.

Como es ya del todo conocido por mis lectores, para este punto yo no contaba aún ninguna posesión de destacar, con lo que no debí hacer más que levantarme, bostezar, y esperar al resto, que aún se encontraba sacando de grandes bolsos de color verde algunas propiedades útiles, destacando armas de bajo calibre, cuchillos y algunos cartuchos con balas. Cosa lógica, teniendo en cuenta el permanente estado de enfrentamiento entre grupos mercenarios que caracteriza a Hélea, pero que aún así no dejó de llamar mi atención.

-¡Señorita Shersoi!-oí decir a Ava, mientras el resto se volteaba para saludar a una elegante Orel, vestida con un uniforme negro que me recordó por un momento al de los ejércitos de cierta potencia del siglo XX, llevando una mochila en su espalda. Olvidé mencionar hasta este momento que, de hecho, mis compañeros no vestían esta vez con ropa casual. Llevaban todos unos uniformes del mismo color que el de Orel, aunque menos elegantes, y con detalles rojos en el cuello.

-Hola, muchachos. ¿Cómo están?-nos saludó, mientras se detenía frente a nosotros, para luego dirigirse a mí:-¿Cómo te fue en tu primera noche?

-No me puedo quejar...-fue mi respuesta. Mentí: la iluminación era mala, y la habitación tenía un extraño olor a humedad.

-Te traje esto.-dijo, mientras me entregaba una bolsa de plástico transparente, con vestimentas similares a las de quienes se encontraban a mi alrededor.

Comenzamos, a continuación, a caminar hacia como grupo a la entrada, seguidos por alrededor de una treintena de criaturas que, como nosotros, se dirigían hacia los baños, ubicados algunas decenas de metros hacia el interior de la base. En un punto del trayecto, y como era de esperarse, ambos sexos se separaron en dirección a dos locaciones distintas, a un lado del pasillo cada una. Orel se detuvo en la entrada del baño para hombres, con la clara intención de esperarnos ahí. La acompañaba Ava, de quien pronto deduje que sus alas le dificultarían cosas tan cotidianas como cambiarse de ropa, con lo que razonablemente debía tener horarios especiales.

Ingresé así a tan particular sección del complejo, comprobando para mi fortuna que contábamos con una larga hilera de baños particulares, los suficientes para no tener que esperar demasiado antes de una ducha. En la primera ronda, casi todo mi equipo entró a los pequeños cubículos, quedándome solo junto a Gom, quien aunque por lo difícil de secar de su pelaje había decidido no tomar un baño aquella vez. Una vez que los míos hubieron salido, fue mi turno de entrar. El lugar constaba de un vestidor, y de un cubículo de cristal que hubiera sido quizá acogedor con algo más de iluminación, pero que lucía en ese contexto incluso triste. Rápidamente me desvestí, e ingresé al lugar. En pocos minutos me bañé, y al salir, me coloqué el traje que Orel había traído consigo hacía algún tiempo. Tuve la oportunidad de verme reflejado en el cristal del cubículo. El conjunto me hacía lucir bastante bien, e incluso algo intimidante, quizá en combinación con mi altura.
Tras salir del baño, llevando mis anteriores vestimentas en la misma bolsa en que venía el traje, me encontré el lugar bastante más vacío que la vez anterior. Al girar mi cabeza hacia la derecha, logré divisar al resto de mi equipo esperándome en la entrada del sitio, y hacía allí me dirigí.

-Emker, que elegancia.-me halagó Orel en cuanto me vio.

-Nada mal.-comentó alguien, casi a la par.

-Bueno, gracias.-respondí, mientras una involuntaria sonrisa se dibujaba en mi rostro-¿Ahora iremos a desayunar, cierto?-pregunté, mientras el resto comenzaba a caminar, esta vez en la dirección contraria a aquella por la que habíamos venido.

-Ellos sí-me respondió Orel-, nosotros iremos a entrenar. Tengo que enseñarte a utilizar armas.

Tras caminar durante algunos segundos, y ver cómo mis compañeros ingresaban nuevamente al comedor, pasé de largo junto a Orel hasta llegar a un pasillo del que no me había percatado antes. Al doblar en dirección a este,  logré notar una zona algo más iluminada. Un cartel de color blanco decía "Gimnasio", en grandes letras negras.
Entramos. El lugar tenía una iluminación inusual para el lugar en que me encontraba, y por fin podía ver un color distinto a ese horrible tono verde en las paredes de la base. Era enorme, y me llamó la atención ver en uno de los muros, colocadas a disposición del público, armas de distinto calibre, curiosamente similares a las que utilizaban los militantes de Kirtzner en la Tierra. Volteé a ver en la dirección contraria, para encontrarme con diversos objetivos, dispuestos ahí evidentemente para servir de blancos a los disparos de quien los necesitara.

Pasé un algunas horas con ella enseñándome a usar el armamento disponible. Empezamos con armas pequeñas, como pistolas de mano de seis balas, para luego proceder con armamento más pesado, como rifles de distinto tipo.

-Aprendes rápido.-me dijo ella, sorprendida-Yo tardé días en aprender a disparar así.

-Gracias.-le respondí, mientras me erguía después de un breve ejercicio-¿Qué hora es? Muero de hambre.

-Bueno, ya es casi mediodía y aún no has desayunado. Y creo que por hoy ya fue suficiente.-dijo, mientras caminaba hacia un extremo de la sala, donde algunas máquinas para ejercicios físicos estaban emplazadas. Yo la seguí, para ver como segundos mas tarde se sentaba en una banca cercana, mientras se quitaba la mochila de la espalda, y me invitaba a ubicarme junto a ella.

En cuanto lo hice, procedió a sacar de la misma un recipiente de plástico transparente, rectangular, con una tapa de color azul. Al abrirlo, un olor a comida cocida impregnó el ambiente, y ella sacó un trozo de carne envuelto en pan. De apariencia extraña, pero curiosamente sabroso.
Tras dar algunos bocados sin decir una palabra, al parecer mi jefa se sintió algo incómoda por el silencio en la sala.

-Y bueno...-me dijo, titubeando durante algunos segundos-¿Hay algo de lo que quieras hablar?

-Bueno, ahora que lo dices...me había quedado pensando en lo de Akim. Sobre la forma en la que influencia a la opinión pública.-mentí. La verdad es que el tema acababa de ocurrírseme.

-Ah...¿Y que te gustaría saber?-dijo. Sentí por un momento como si los papeles se invirtieran.

-Pues...me dijiste que le pagaba a personas para difundir ciertos mensajes.

-Así es.-me respondió-Ella es la principal financista de la Fundación Kyrung Ther.

-¿Kyrung Ther?

-Uno de los principales líderes de la revolución, y pariente de los Hedeon. Se retiró de la patria humana por razones que no están del todo claras algún tiempo después de esta. Sea como sea, Akim y otros magnates más decidieron tomar su nombre a la hora de crearla.

-Ya veo...¿Y que es lo que hacen exactamente?

-Bueno, habría que preguntarnos más bien qué no hacen. Tienen casas de estudios, financian partidos políticos...un poco de todo. De ahí salieron multitud de pensadores, o mas bien, propagandistas. La joya de la corona, sin embargo, son Bethel Sha y Far Zyhri, los que más lejos han llegado. Son jóvenes, más o menos de la edad de Akim, pero sumamente hábiles para mover gente. Ambos salieron de una de las universidades de la Fundación, al igual que la mayoría de quienes trabajan para esta, y han publicado más de un libro bajo sus directrices.

-Ya veo...-el esquema me resultó curiosamente similar al utilizado por el Partido en la Tierra. Seleccionar entre los mejores estudiantes de las universidades a la futura élite nacional, contra utilizarlos como meros famosillos al servicio de agendas elitistas.

Tras terminar de comer, continuamos conversando sobre temas banales durante algunos minutos. Me preguntó por mis impresiones en relación a Hélea, algunas cuestiones sobre mi vida, nada digno de recordarse.

-Y...¿Akim no está esperándote para almorzar hoy?-pregunté, cuando noté con extrañeza el que siguiera conmigo a estas horas.

-No. Tuvo que asistir a una reunión de última hora, por lo que opté por aprovechar para entrenarte.

Recordé entonces mi extraña interacción con Naama el día anterior, y me pregunté si acaso la cuestión habría tenido que ver con el asunto. Por un instante, incluso pensé en preguntarle si había alguna novedad. Sin embargo, recordé lo bastante pronto las posibles consecuencias de ello para contenerme, al menos por aquella ocasión.

-En fin...-comentó Orel, finalmente-creo que ya es hora de que nos reunamos con los muchachos. Ya falta menos de una hora para comer. 

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