jueves, 16 de mayo de 2019

Infierno III

III

Tres largos años pasaron desde entonces. En ese tiempo, me convertí en un experimentado ocultista. Incluso, llegué a recuperar las obras de viejos autores olvidados.
Cada tanto, la gente me preguntaba por el extraño símbolo que me había tatuado en la mano. Dos círculos concéntricos rodeando un ojo de lagarto. Siempre sacaba como excusa algún gusto personal, aunque la gente pensaba que pertenecía a alguna organización secreta.
La verdad es que no era un tatuaje. Era una quemadura. Una quemadura tan negra como el carbón, que nunca sanaba, y que pese a todo no me producía dolor al tocarla.
Una buena tarde, investigando en la biblioteca de una de las universidades más conocidas de mi país, di finalmente con una traducción al inglés de uno de los libros de mi investigador paranormal preferido: Sebastián Gaos. La obra en cuestión era quizá la mas antigua que había escrito en la materia, y se titulaba Los Juegos de los Dioses. Publicado alrededor del año 2023, era un largo ensayo que se proponía demostrar la existencia y actividad en nuestro mundo de diversos tipos de entidades sobrenaturales.
En su libro, él definió la existencia de tres tipos de seres que visitaban la Tierra. En primer lugar, nos encontramos con los extraterrestres. Seres de origen, generalmente, en universos o líneas temporales alternas a la nuestra. Ellos alguna vez fueron como nosotros. Seres caprichosos, conflictivos, y violentos hacia los suyos. Sin embargo, evolucionaron tecnológicamente, superaron todos sus problemas, y alcanzaron nuevos planos de existencia y nuevas dimensiones. La única razón por la que no se apoderan de una vez de todo, es la intervención de los devas. Estos existen desde antes del Big Bang, y vieron al creador hacer el mundo. En la actualidad, actúan como burócratas celestes, controlando la acción de las entidades mas poderosas, e impidiendo que los azazel y por sobre todo, los dioses, hagan de las suyas.
Los azazel son algo así como los carceleros del Inframundo. Son crueles, sádicos y violentos por naturaleza, pero rara vez descargan su furia sobre los condenados. En su lugar, les permiten castigarse entre sí. Los azazel tienen una interesante serie de habilidades. Pueden cambiar de forma, pueden manipular el fuego a voluntad, y no sienten dolor. Su única debilidad, es estar confinados a su dimensión, y no poder abandonarla a menos que un mago negro cometa un error, o los saque de ella deliberadamente. Cuando vienen a nuestro mundo, a menos que se cuente con los conjuros para dominarlos, son capaces de hacer atrocidades a gran escala sólo por diversión.
Los dioses-o samaín, como en realidad se llaman-son la primera raza inteligente creada, incluso antes que los ángeles y los demonios. Tienen una gran variedad de poderes y habilidades. Muchos de ellos conocen incluso el pasado y el futuro. Pero no son omnipotentes, razón por la que sus vidas son básicamente una tortura. Se aburren muchísimo, y están eternamente condenados a buscar algún divertimento, razón por la que andan buscando contactar incautos, para crear religiones sanguinarias sólo para entretenerse. Logré reconocer la descripción de Aneu la primera vez que leí sobre ellos.
Me sorprendí cuando noté, en la página número 134 del libro, un símbolo igual al que portaba en mi mano derecha. El Sello de Melek Taus, como se le llamaba, era en el libro el utilizado por los devas para viajar entre los mundos.
"Eso lo explica todo" pensé. Y es que en efecto: desde aquél extraño sueño con el alegre hasta lo desagradable dios, había adquirido una serie de habilidades un tanto interesantes. Para empezar, me había vuelto objeto continuo de esa sensación popularmente conocida como deja vu, siendo con frecuencia capaz de predecir acontecimientos. También había adquirido la habilidad de salir de mi cuerpo físico con algo de concentración y silencio, fenómeno sobre el que estaba escribiendo mi propio libro.
Fue en uno de mis viajes que finalmente me reencontré con Aneu. Estaba realizando un experimento de rutina, cuando, después de caminar unos cuantos pasos y atravesar una pared, me quedé viendo la Luna. Era increíble. En ese estado, todo se veía mucho más nítido. Fue entonces cuando el dios se manifestó, de la misma forma sorpresiva en que solía hacerlo siempre.

-Bonita noche ¿No?-oí decir a alguien detrás de mí. Al voltear, me lo encontré con su tradicional atuendo, sonriendo y mirando a nuestro satélite natural.

-Aneu...que sorpresa.-no me asusté, como las primeras veces. Tanta era mi experiencia con este tipo de cosas, que ya tenía asumido que alguna vez iba a volver.

-¿Te alegras de verme?-preguntó, con una sonrisa cínica-No respondas, ya conozco la respuesta.

-¿A qué viniste esta vez?-lo interrogué de vuelta.

-Ya estás listo. Y tu amada ha crecido. Lo suficiente, al menos.

-Hummm...¿Y qué con eso?-pregunté, tramposamente.

-Es hora de recibir mi parte del trato. Vamos a viajar esta misma noche.

-¿En serio quieres hacer esto ahora?-le pregunté, algo preocupado-Los tuyos pueden viajar en el tiempo.

-Sí, pero no somos omnipotentes. Si no se hace ahora, mi plan fracasará inexorablemente.

-Entiendo...-respondí.

-Mira, como tú hay diez otros en líneas temporales alternas a los que les encantaría actuar ahora. Si no quieres hacer nada, está bien, pero no te quejes cuando me vaya para no volver.

El maldito estaba en posición ventajosa, y lo sabía. Sintiéndome atrapado, no tuve más opción que acceder a sus demandas.

-Está bien.-dije, finalmente.

-Entonces-comentó, mientras me tomaba de la mano-, adelante.

Inmediatamente, comenzamos a elevarnos en el aire. En un principio, todo ocurrió de una forma relativamente lenta, mas después de unos cuantos minutos, comenzamos a acelerar, alcanzando velocidades cada vez mayores. Rápidamente, abandonamos la atmósfera terrestre. Al mirar hacia "abajo", pude  ver la brillante esfera azul que hasta ese momento no había visto sino en cuadros. Pude notar, además, más de un pequeño objeto a la distancia entrando y saliendo del planeta. "Devas", pensé.

-Y otras entidades.-intervino Aneu-En el plano astral, este tipo de seres son perceptibles a simple vista.

Para cuando salimos del sistema solar, nuestra velocidad crecía exponencialmente, hasta llegar un punto en que veía como los objetos se alargaban a mi alrededor, y a la luz distorsionarse. Finalmente, atravesamos una suerte de barrera, y nos vimos sumidos en la más pura oscuridad.

Al voltear, vi una gigantesca esfera brillante, llena de diversos colores, algunos de los cuales nunca había visto. Era nuestro universo, con sus incontables líneas temporales, superpuestas.

No tuvimos que viajar mucho antes de encontrarnos con otras esferas. Una de ellas era dorada, otra gris, y así cada una con su propio color. Finalmente, alcanzamos una de un color rojizo brillante. Supe al instante que me encontraba, simbólicamente, a las puertas del Infierno.

Al entrar en ella, me quedé francamente sorprendido. Tras atravesar algunas nubes rojas, me encontré no con un lago de fuego, sino con la enorme, gigantesca estructura urbana descrita al principio de este texto.

Aterrizamos poco después, en un barrio bajo lejos de los más grandes edificios, sin que nadie llegara a vernos. Una vez que lo hicimos, mi acompañante habló:

-Bueno, estoy seguro de que no es esto lo que te esperabas.

-No...-le dije, contemplando asombrado el paisaje.

-Mira, me encantaría explicarte cómo son las cosas en este lugar, pero creo que será mas entretenido si te dejo a averiguarlo.

-Un momento ¿Me vas a dejar sólo aquí? ¿Eso es todo?

-No tengo alternativa. Ya empieza a dolerme la cabeza. Sólo te diré algunas cosas que necesitas saber: uno, los condenados no recuerdan su vida anterior,  dos, cuando llegues al puente, pregunta por Akim Hedeon. Diles que vienes a nombre mío. Tres: aquí no existe la muerte, pero sí el dolor. Cuídate mucho de tus enemigos. Y por último: vas a tener la capacidad para entender la lengua local. Sólo para ahorrarte sorpresas.

Dicho esto, procedió a desvanecerse, dejándome con más preguntas que respuestas. 

Comencé a caminar. Tras recorrer algunas cuadras por la gigantesca chabola en que me encontraba, me percaté de un detalle en que no había reparado hasta entonces: las calles estaban totalmente vacías. "Curioso. No es todavía muy tarde.", me dije a mí mismo. No tardaría en entender el porqué de esa ausencia de vida.

Cuando había ya había recorrido un par de kilómetros, divisé a lo lejos una extraña nube, que se acercaba a gran velocidad a donde yo estaba. Pensé de inmediato en las mortales tormentas de arena de mi planeta, con lo que me preocupé sobremanera. Rápidamente, miré a mi alrededor buscando un lugar donde esconderme. Comencé a tocar las puertas de las casas cercanas, suplicando por ayuda. Lo mas cercano a una respuesta que recibí, fue un disparo que rompió la ventana mas cercana de una casucha mal construida.
En mi desesperación, pude notar tras doblar en una esquina un lejano puente de hormigón, en que varias personas se agolpaban para entrar una por una en una especie de refugio.

Desesperado, corrí hasta ahí, llegando algo tarde. En efecto, todos habían entrado ya, y se alejaban lentamente de la entrada, una suerte de colector de agua en forma de reja, que daba a una escalera. Grité, llamándolos, hasta recibir al fin y de forma prácticamente milagrosa una respuesta.

-¿Que mierda quieres?-me dijo una voz femenina desde dentro. En efecto: no se comunicaba en ninguna lengua que yo hubiera aprendido, pero podía entenderla a la perfección.

-¡Por piedad! Permitanme entrar. Esa nube...

-Es tu problema si no buscaste refugio antes.

-¡Acabo de llegar aquí! Nunca he visto algo así.

-Ajá.  Pues, supongo que así vas a aprender.

Recordé entonces lo que me había dicho el dios, justo antes de desvanecerse.

-Estoy buscando a Akim Hedeon. Vengo de parte de Aneu.

Un silencio nos invadió en forma instantánea. Tras unos segundos de lo que debió ser una gran sorpresa de parte de mi interlocutora, escuché como ordenaba abrir la compuerta. Un hombre que no aparentaba más de treinta años, de piel morena y cabello oscuro., subió por la escalera hasta abrir con una pequeña llave un candado, para luego levantar el colector, dejándome entrar. Me apresuré a bajar, y en cuanto estuve en el fondo, el hombre cerró la entrada.

-¡Corran, rápido!-gritó quien se reveló como una joven, de no mas de 20 años de edad, de cabello negro y vestida con unos jeans, una camiseta blanca y un abrigo negro. De inmediato, nos alejamos a través de un largo túnel, guiados por la luz de una pequeña linterna, en lo que algo de polvo nos rodeaba. Luego de caminar unos cuanto segundos nos encontramos en una oscuridad casi total, con la linterna como única fuente de iluminación. Empecé a sentir mis pies mojados, al mismo tiempo que un espantoso hedor a mugre inundaba mis sentidos.
Tras varios minutos de caminata, pude observar a la distancia otro colector, igual a aquél por el que había entrado a lo que, como era obvio para ese momento, era parte del alcantarillado de la ciudad.

No fue sino hasta que llegamos que noté que algunos a mi alrededor tenían una apariencia cuanto menos peculiar. Éramos un total de ocho personas, de las cuales solo cinco-la chica, yo y otras tres personas-podíamos ser definidos como humanos. Los otros tres, eran una criatura con cuernos y completamente calva, de un tono de piel muy pálido, un ser peludo de orejas alargadas, y una mujer de cabello ondulado y pelirrojo, que en nada destacaría de no ser por las enormes alas en su espalda. Me sobresalté, hasta el punto de alejarme de ellos unos cuantos pasos, en lo que procesaba la situación. Sin embargo, recordé mis lecturas sobre entidades paradimensionales y extraterrestres, y eso me ayudó a entender un poco más lo que estaba pasando.

-¿Que te pasa?-preguntó la joven que me había salvado cuando me vio, a lo que, avergonzado, debí simular que nada sucedía.

-Na...nada.

-¿Que? ¿Te damos miedo?-dijo, esbozando una casi sádica sonrisa.

-No...¿Por qué deberían?

-Bueno, no sé...estás rodeado de delincuentes conocidos por estos lares.

-¿Qué?-pregunté, sorprendido-¿Quiénes son ustedes?

Empecé a odiar a Aneu en ese preciso instante. En efecto: Pudiendo transportarme a donde quisiera en el espacio y el tiempo, había decidido reunirme con ellos, seguramente por pura diversión. Al mismo tiempo que nacía en mí mas de una pregunta, comencé a preocuparme respecto a la posibilidad de haber sido engañado. ¿Y si había caído en una trampa?

-Pues...gente que en estado normal ya te estaría robando hasta la ropa.-me respondió, llenándome de terror- Pero tranquilo: estoy segura de que mi jefa va a estar encantada de conocerte.

Iba a correr en la dirección contraria, cuando recordé que, de hacerlo, podría frustrar los misteriosos caminos del dios. Además, no tenía a donde ir, y de salir corriendo probablemente sólo iba a conseguir perderme, o ser capturado. Y siendo así, sin muchas mas opciones, decidí tratar de calmarme y continuar a su lado.
Uno por uno, los que mas tarde serían mis compañeros subieron las escaleras. Cuando finalmente llegó mi turno, dudé por unos segundos, para luego alzarme por sobre mis temores, y subir.
Al hacerlo, dí con que me encontraba en medio de una zona de altos edificios. A mi alrededor, las personas-humanas y no-realizaban como si nada sus actividades laborales y comerciales. Pude reconocer desde hombres y mujeres casi totalmente normales, pero con los ojos totalmente negros, hasta seres bajos y de un tono de piel amarillento, sin nada de pelo en el cuerpo.
En torno a la calle, se habían dispuesto varios hombres armados, que cada tanto se alejaban para caminar por lo que rápidamente reconocí como una fortaleza.

-¡Hey!-gritó la joven tras de mí-¿Vas a venir, o no?

Al voltear, vi como todos se estaban dirigiendo hacia la entrada del edificio mas grande que podía ver. De inmediato, caminé en su dirección.

El lugar estaba lejos de ser lujoso. Oscuro y despintado, recordaba a un pequeño hotel de mala muerte en que había refugiado una lluviosa noche de Octubre, poco después de salir de casa. Caminamos a través del concurrido lugar, hasta encontrarnos con lo que parecía ser el recibidor. La chica tomó la delantera, y tocó una campanita que se había dispuesto para la ocasión.

De inmediato, se nos acercó del otro lado del mostrador un joven moreno y alto, que nos saludó de una forma mas bien poco amable. Tras una pequeña discusión al parecer sobre una deuda, ella finalmente se hartó y dijo:

-Bueno, ya basta. Quiero hablar con Hedeon.

-Hedeon está ocupada. Y no te vas a ir de aquí sin pagar.

-¡Ja, ja! ¿Tú me vas a dar órdenes? ¿Tienes idea de quien soy?

-Me importa una mierda. No querrás que hable con Vadim...¿O sí?

-Pobre tonto...yo soy Orel Shersoi, y si no me comunicas con Hedeon de inmediato, me voy a encargar personalmente de las represalias.

-Claro, y yo te creo.

-¿Te la vas a jugar?-respondió ella, poniéndolo en jaque. Finalmente, el muchacho accedió a sus demandas. entró un momento a una pequeña cabina telefónica que había a su lado, y desde dentro, se dirigió hacia ella:

-Hedeon dice que te verá en media hora.

-Dile que tengo una sorpresa para ella.

-Dice que no tiene tiempo ahora mismo, pero que puedes llevar a la sorpresa a tomar algo o a la prisión del edificio, según gustes.

La chica suspiró, y finalmente dijo:

-Está bien. Sólo espero que no se tarde demasiado.

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