IV
En cuanto la conversación terminó, ella se volteó a los que descubrí eran sus subordinados para ordenarles dispersarse.
-Ustedes pueden irse. Tú y yo-dijo, dirigiéndose a mí-vamos a ir a mi habitación. Tenemos mucho de que hablar.
En cuanto todos se fueron, ella me dirigió hacia una escalera cercana, en la que comenzamos a caminar hacia un destino por mi desconocido. El edificio contaba con muchas habitaciones, y cada tanto me encontraba con un balcón desde el cual se podía ver el anochecer de la gigantesca ciudad. Atravesamos un par de pisos, todos pintados con ese horrible amarillo antes de que ella comenzara a hablar.
-¿Quien te dijo de Aneu?-me preguntó, finalmente. La interrogante me sobresaltó. Aún con lo extraño de la situación, no me sentía preparado para, después de tres años, hablar al fin con alguien sobre mis experiencias.
-¿A..Aneu? Pues...digamos que lo conocí hace mucho.-le respondí. No iba a hacer el ridículo mintiéndole.
-¿Formas parte de la Comunidad?
-¿La Comunidad?-nunca había oído hablar de ellos. Sabía que los dioses y otras entidades suelen crear grupos a su servicio, pero jamás había tenido contacto con ninguno.
-Bah, olvídalo. No me corresponde a mí hacerte estas preguntas. ¿Cuál es tu nombre?
-Emker. Emker Prhtveeka.
-Qué nombre tan raro. ¿Es del Sur?
-Sí...supongo.
-¿Cómo que supongo? ¿De dónde eres?
-No creo que te convenga saberlo.-le dije, para evadir la pregunta.
-Oh...entiendo.
-¿Qué es este lugar?-pregunté, para su sorpresa.
-Pues...la sede de Barken Leddis. ¿Te suena?
-¿Barken Leddis?
-¡Una de las mayores organizaciones de este sector de la ciudad! No me digas que nunca oíste nada al respecto...
-Pues, a decir verdad, no...¿Y que tipo de organización es? ¿Que hacen?-dije, aunque ya sospechaba la respuesta.
-¡Ja, ja! Pues...no creo que quieras saber.-me respondió, burlonamente.
-No quiero, pero necesito saber.-retruqué. Ella se puso seria.
-Robo, venta de narcóticos, mercenariado...un poco de todo.
"Aneu, hijo de puta", pensé. Finalmente, llegamos a la puerta de una de las habitaciones, la 101. Ella sacó de su bolsillo una pequeña llave, y tras abrir la cerradura, ambos entramos. Lo que me encontré adentro no era la pequeña habitación que había imaginado. Se trataba en su lugar de casi una casa entera, con una sala y varias habitaciones. En un cómodo sofá, habían un par de niñas de entre quince y diecisiete años. Ambas se sorprendieron al vernos entrar y, tras saludar a su compañera, empezaron a interrogarla respecto a mi presencia.
-¿Y ese quién es?-preguntó la que parecía ser más joven.
-Es una larga historia...-respondió ella.-Prefiero que lo hablemos más tarde.
-Como quieras...-contestó la niña, que me miraba con curiosidad
-¿Cómo te fue en la misión?-preguntó la otra.
-Un desastre. Por poco me atrapan. Prácticamente nos salvó una tormenta.
-Ya te he dicho que debes planificar con mas tiempo las cosas.-intervino una tercera, una chica de unos dieciséis años de edad-Has tenido mucha suerte hasta ahora, pero esta se va a agotar tarde o temprano.
-Si me preparé.-exclamó ella-¡Estuve tres días pensándolo todo!
-Sí, pero sin consultar espías. Lo hiciste todo con un mapa y un par de lápices. Me pregunto que pensará Akim de eso...
-No te atrevas...o me voy a encargar de volver tu vida una tortura.-la amenazó, causando no más que risas.
-¡Ja, ja, ja! Tranquila, no voy a hacer eso. Sólo te lo digo para que te cuides. Como sea, voy a salir. Las veo por la noche.
Orel la miró con odio, y procedió a conducirme hasta una sala central, en que había una gran mesa. Allí, me pidió sentarme, y se alejó un momento hasta la cocina cercana. Desde allí, me gritó preguntándome se quería algo para comer. En un principio, me sorprendí de que un ser astral,como evidentemente lo era ella y yo mismo en ese momento, necesitara alimento.
Sin embargo, no era momento para profundas interrogantes. Accedí a su oferta, y ella me trajo una taza de café y algunos panes dulces, para luego sentarse a mi lado.
-¿Estas niñas son tus hermanas?-le pregunté, tras unos segundos de silencio, sólo interrumpido por la charla entre las dos chicas tras de nosotros.
-No. Son mis compañeras de guardia. O lo serán, mas bien.
-¿Cómo?-dije, sin entender mucho.
-Hedeon nos mantiene y educa a cambio de que algún día la protejamos-me explicó-, no confía en sus guardianes. Yo soy la única que está en edad de hacer el trabajo, por eso las entreno y cumplo algunas misiones.
Me admiró la naturalidad con que lo decía. Era evidente que tales situaciones eran comunes en este mundo, cosa que me recordó a algún que otro libro de aventuras que leí cuando niño.
-Y...¿Por qué estás buscando a Akim?-dijo, otra vez incomodándome.
-Prefiero hablarlo directamente con...
-Hummm...entiendo. De todos modos, no creo que vayas a ser una amenaza.
-¿Por qué?-contesté, entendiendo a qué se refería. En un mundo así, casi cualquiera podía ser un peligro.
-Porque sé reconocer a quien tiene habilidad para el combate, y la tuya es nula.-me dijo, dejándome algo humillado-Tu actitud tampoco parece sospechosa, y no creo que escondas algún arma en tu ropa. Más bien, te ves como si no tuvieras mucha idea de lo que pasa a tu alrededor. Es más: apostaría a que no eres de ningún lugar que yo conozca.
Yo la miré, para luego bajar la mirada. Era obvio que de contarle lo que en verdad estaba pasando, lo mas probable era que me tomara por loco, cosa que prefería evitar. Y siendo así, sólo me quedaba esperar a hablar con quien fuera Hedeon, y ver que tal. Fue entonces que me surgieron una serie de preguntas, que había estado conteniendo durante algunos minutos:
-¿Qué es la Comunidad?
-¿La Comunidad? La verdad...ni yo lo tengo del todo claro. Akim nunca nos lo ha dicho. Creo que son una especie de fraternidad.
-¿Y que tiene que ver Aneu con ellos?
-Oh...nada. Es un amigo suyo. Un sujeto bastante extraño, por cierto.
-Ni que lo digas...-respondí, riendo para mis adentros. Yo sería un individuo sin apenas habilidad para pelear, pero ella no sabía ni para quién trabajaba.
-Ni siquiera sé de que especie es.-me dijo, con total naturalidad-Créeme que he estudiado mucho sobre cada raza y sus debilidades, pero a él simplemente no logro identificarlo.
No dije nada. Simplemente, no había nada que decir. En los siguientes minutos, me limité a beber un poco del café, y a comer algunos panes en lo que su mirada iba de un lugar a otro, pensando en Dios sabe qué.
Cuando ya faltaban pocos minutos para la reunión, ella me advirtió amablemente, a la par que levantaba la comida de la mesa y le daba una breve lavada a los platos y tazas que habíamos usado.
-Tenemos que irnos. A Hedeon no le gustan los retrasos.-me dijo, en lo que me levantaba para seguirla hasta la puerta. Antes de que saliéramos, se dirigió a las dos niñas que se encontraban aún sentadas en el sofá, hablando sobre lo que habían hecho en el día.
-Chicas, volveré en algunos minutos. Les recomiendo dormir una siesta. Tenemos un entrenamiento duro esta noche.
-¿No podemos dejarlo para mañana? Tenía una reunión justo hoy.-respondió la más pequeña.
-No, ya llevamos dos semanas de retraso. Akim va a matarme.
-¡Vamos! Todas sabemos que no te va a decir nada...
-Sí, señorita consentida.-rió la otra.
-Lo hablamos en la noche. Tengo que llevar al señor a charlar con ella.-comentó, mientras abría la puerta.
Cuando esta se cerró tras de nosotros, comenzamos a caminar a través de ese piso, hasta una pequeña puerta sin numeración, que al abrirse reveló un ascensor con capacidad para cuatro personas.
-No sabía que tenían ascensores-le dije, algo sorprendido.
-Oh, discúlpame. Prefiero caminar. Ayuda a mantener el estado físico.-me respondió, provocándome, por alguna razón, una sonrisa.
Cuando la puerta se abrió, nos encontrábamos en el piso superior del edificio. Ella me condujo por un par de pasillos, antes de llegar a un gran par de puertas. Tras tocar tres veces, una voz femenina respondió desde el interior, autorizándonos a abrir. Me encontré cuando lo hicimos con un escritorio. A su lado, había una enorme biblioteca y, en la pared trasera, varias fotografías, representando varias escenas. Desde lo que supuse serían reuniones de negocios, hasta fotografías familiares. En todas ellas, aparecía una mujer en sus treinta, rubia, de buena figura, y rostro angelical. La misma que se encontraba sentada tras el escritorio.
-¡Orel! Que gusto verte. ¿A quién me has traído esta vez?
-Pues...él es Emker...perdón ¿Cuál era tu apellido?
-Phrtveeka.-le respondí.
-Eso-dijo ella, un tanto avergonzada-, me lo encontré de regreso de la misión que me encomendó. Preguntó por ti, y dijo que venía de parte de Aneu.
-Aneu...que interesante.-contestó la mujer-Por favor, tome asiento.-me dijo, con un tono amable pero autoritario- Orel, por favor espera afuera. Tengo algunas preguntas que hacerle a nuestra visita.
La chica obedeció, y cerró la puerta tras de sí. En el escritorio, a la derecha de la mujer, se encontraba una taza de té, y unos cuantos cubos de azucar en un pequeño recipiente, dos de los cuales arrojó dentro de la taza. Tras varios segundos de incómodo silencio, finalmente se dirigió a mi, diciendo:
-Aneu...veo que ese bastardo tiene otros clientes aparte de mí.-no atiné a decir nada. A decir verdad, eso era una revelación también para mí. En todo lo que llevaba de investigación, nunca había escuchado de un culto al excéntrico dios de los sueños, ni nada parecido. Ante mi silencio, la bella mujer no tuvo mejor idea que hacerme la típica pregunta:-¿Qué? ¿Te comió la lengua el ratón? ¡Ja, ja, ja, ja, ja! Tranquilo, estoy bromeando. Soy Akim Hedeon. Así que dime: ¿De dónde eres?
-Se lo diría-respondí, algo intimidado por su actitud-, pero me temo que no me creería.-ella arqueó una ceja, lo cual, por alguna razón, me dio el valor para continuar-Así que, antes de decir nada, necesito saber: ¿Qué sabe sobre Aneu?
-Pues...que es un bastardo. Y que es un dios con poder para moverse por las dimensiones.
-Hummm...entonces supongo que no le será extraño saber que vengo de la Tierra.
-¿La qué?-preguntó, algo sorprendida.
-La Tierra...el mundo de los vivos.
-¡Ah, ya entiendo! Sí, Aneu me había hablado de él. Es el lugar en el que vivimos antes de venir aquí.
-Sí, así es.
-¿Y cómo es? ¿Cómo se siente?-me preguntó, curiosa.
-Pues...por lo que vi, no es muy diferente a este lugar. Sólo que en tonos diferentes de color.
-Nada que no supiera.-dijo, quizá algo decepcionada-Y...¿Qué te trae por aquí? Quiero decir: ¿Por qué alguien de allá querría venir aquí?
-Es una larga historia...-respondí-aunque, la verdad, no es tan malo como hubiera creído. En mi mundo, nos imaginamos un tormento incesante después de la muerte para...ciertas personas.
-Sí, para los que fuimos malvados en nuestra primera vida, esa historia ya me la contaron.
-¿Aneu se lo dijo?-pregunté, algo sorprendido.
-Es lo primero que me enseñó.-contestó ella-Recuerdo el día que nos conocimos. Yo era aún una adolescente.
-Hummm...es una historia que me gustaría conocer.-dije, con el fin de acercarme un poco a su persona. Si Aneu me había contactado con esta mujer, era evidentemente por una razón.
-Bueno, te la contaré. Pero a cambio de una condición.
-¿Cuál?-la interrogué.
-Que me cuentes la tuya. Necesito saber porqué decidió traerte conmigo. Normalmente, no le cuento esto a nadie. Pero el tatuaje en tu mano me dice que puedo confiar en ti.
-¿Ah sí?
-Sí. Es el Sello de Melek Taus, y sólo un puñado de personas en el mundo lo conocemos. Además, vienes por recomendación de Aneu. Entonces ¿Qué te parece mi oferta?
-Está bien...supongo.-le dije, tras pensarlo un poco.
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