miércoles, 26 de junio de 2019

Infierno X


Al llegar a los dormitorios, solicité inmediatamente que se me permitiera abrir la puerta, para descansar un poco. Mi nueva jefa hizo lo propio, y en breve me encontraba recostado en la cama. Esta vez, no tardé en dormirme, agotado por la experiencia del día.
No recuerdo mucho después de eso. Desperté a la mañana siguiente, en medio del silencio, sólo roto por los clásicos sonidos de una ciudad, apenas perceptibles por encontrarme donde me encontraba. Me senté inmediatamente de la cama, y miré por la ventana, sólo para dar con la gran urbe, iluminada por su rojizo sol en el cielo. Al mirar al paisaje, recordé inmediatamente alguna tarde en mi aldea perdida, mirando desde el tejado de mi casa un atardecer. Y por vez primera en años...sentí nostalgia. "Cuando salga de esta", me dije a mi mismo "iré a visitar a mi familia". Pensé en mi padre, en mis hermanos, en mi madre. ¿Vivirían aún? ¿Seguirían donde antes? ¿O acaso había dejado morir nuestro vínculo para siempre? Me sentí intolerablemente culpable. ¿Cómo pude haber olvidado la promesa que le hice a mi padre? "No olvides escribir cada tanto." ¿Tanto me hubiera costado? Sin darme cuenta, me había concentrado en la copa hasta el punto de olvidarme de las raíces. Me había enfocado tanto en lo que quería, que no había pensado en los que dejé atrás. Y sólo deseaba entonces que no fuera tarde.
Pasaron los minutos. Intentando distraerme con algo, opté por mirar hacia la biblioteca, donde varios libros de coloridas tapas me esperaban. Me acerqué, buscando algo que pudiera leer para pasar el rato. Pronto di con uno que llamó mi atención, aunque no recuerdo su título. Lo que sí recuerdo, sin embargo, es su temática. Versaba sobre la historia del mundo en que me encontraba. Curiosamente, no empezaba con los orígenes de la civilización infernal, sino que se remontaba a unas decenas de miles de años atrás, lo cual, como el propio autor lo aclaraba, tenía una explicación: la ciudad es tan grande, que simplemente no hay forma de mantenerla totalmente comunicada. No hay nadie en las partes mas exteriores de la misma que haya conocido a uno de sus primeros habitantes.
 El libro comenzaba hablándonos sobre antiguas leyendas, acerca de un líder militar que había conseguido unificar, a punta de espada, la práctica totalidad del territorio controlado por los humanos. Apoyado y amado por sus nuevos súbditos a causa de la decadencia de los regímenes anteriores, había enloquecido por el poder, proclamándose-como tantos reyes terrestres-hijo de una deidad: Arasy, de quien no se daban muchos detalles. Eventualmente, sin embargo, la corrupción de un régimen en que no había forma de contrariar al líder del Estado llevó al hartazgo de la población y, ante la amenaza de la revolución, las propias élites debieron deshacerse de él y, por la presión de las clases bajas, instaurar un sistema electoral universal.
Tras derrocarlo, ataron una roca a su cuello y lo lanzaron a un lago sobre el que más adelante se construyó todo un barrio nuevo, sellando su destino para siempre.
Sin embargo, el fin del líder del teocrático Estado no terminó de satisfacer a los revolucionarios, que acabaron por ocasionar toda una guerra civil. Ante la casi derrota de las fuerzas del orden público, no tardaron en intervenir las poderosas oligarquías, que pasaron de ser empresarios comunes a auténticos señores de la guerra. Fueron estas las que permitieron a los políticos sostener su reinado, so pena de someterse a ellos y sus caprichos. Es así como el gobierno local se debilitó hasta reducirse a sus funciones más elementales, básicamente, la protección de los intereses de las élites. Pasó de ser un régimen de gran autoridad, temible para sus ciudadanos, a sostenerse a base de donaciones. De tener un gran ejército, a depender para su defensa de grupos de mercenarios.
La fachada democrática se mantuvo, quizá para contener la ira de las masas. No obstante, en la práctica, el poder se concentró cada vez más en pocas manos.

Mi lectura fue repentinamente interrumpida por el sonido de una llave abriendo la puerta.

-Hola, Emker ¿Cómo descansaste?-me saludó Orel, después de que la puerta se abrió, revelándola a ella y a las  niñas.

-Hola.-le respondí, mientras me levantaba de la cama-Bastante bien. ¿Y tú?

-Bien, aunque me costó un poco levantarme.-fue su respuesta-Ahora tenemos que ir a desayunar, y luego iré a entrenar con las niñas.

-Las acompaño.-le dije, mientras abandonaba junto a ellas la habitación. Poco después, Orel cerraba nuevamente la puerta tras de mí, y empezábamos a caminar  en dirección a una zona del edificio que desconocía.

Finalmente, y tras algo más de conversación intrascendente entre las chicas, conseguimos alcanzar un ascensor. Una vez dentro, fue Orel quien presionó los botones indicados, y, tras varios segundos de viaje, la puerta se abrió, revelando una zona bastante concurrida del edificio. No tuvimos que caminar mucho antes de poder divisar una especie de restaurante, o mas bien, un viejo comedor repleto de personas con variados y elegantes uniformes.
Tras entrar en el enorme lugar, no tardamos en encontrar asiento en las partes mas exteriores del mismo, cerca de la puerta. Hecho esto, Orel sacó de su bolsillo algunas hojas de papel bonitamente coloreadas, que pronto pude reconocer como unidades monetarias, las cuales entregó a sus compañeras para que compraran lo que quisieran, no sin antes, claro está, decirles su propio pedido.

-¿Y tú que vas a querer?-me preguntó, quizá olvidando por un momento mi origen.

-Pues, con algo que me permita mantenerme despierto el resto del día estoy feliz.-fue mi respuesta.

-Bueno, supongo que un ursa estará bien.-dijo Orel, antes de que las niñas se alejaran. A continuación, permanecimos en silencio durante varios segundos. En ese tiempo, pude observar a las personas a mi alrededor. Habían humanos, númenes, y otras razas que no logré identificar. Fue entonces cuando me percaté de algo sobre lo que no había recapacitado anteriormente: la organización del edificio distaba mucho de ser lógica. Demasiados espacios vacíos, demasiada concentración de personas en las partes más bajas...sí, definitivamente no fue una buena decisión comprar este lugar. Pero era evidente que Akim no destacaba por su humildad, a juzgar por lo que había conversado con sus niñas la primera vez que almorcé con ella.

Esa  mañana no hice a decir  verdad nada realmente destacable. Me limité a ver a las niñas entrenar desde las nueve de la mañana hasta las  doce, en lo que daba vueltas por el enorme gimnasio en que lo hacían. Había cometido el error de no traer ningún libro conmigo, así que me la pasé reflexionando sobre mi vida, pensando aún, culposamente, en mi traición para con mi familia.
En un momento dado, volvieron a mi mente preguntas varias sobre las características del mundo en que me encontraba. No me había percatado de que, mientras que siguiendo a Aneu los seres inteligentes eran inmortales, no era ese el caso de los animales que me había comido. Era evidente que alguna particularidad biológica o sobrenatural debían tener para que así fuera, y mi curiosidad científica me empujaba a querer averiguarla.
El día empezó realmente para mí justo después de que el entrenamiento terminó. Las niñas habían pasado horas practicando movimientos de combate cuerpo a cuerpo, y aprendiendo a utilizar diversidad de armas, con lo que estaban razonablemente hambrientas, y fue en ese estado que Kili preguntó la hora, y si podían descansar para comer algo. Inmediatamente, Orel revisó su reloj, constatando que ya era hora del almuerzo, y que de hecho-como solía suceder-se les estaba haciendo tarde.
Tratando de ahorrar tiempo, les ordenó interrumpir sus actividades y tomar una ducha rápida en los baños cercanos. Ella, que en su papel de entrenadora había sudado poco y lo necesario, se quedó conmigo mientras esperábamos a que salieran, ya cambiadas y limpias.

-¿Te aburriste?-me preguntó después de sentarse junto a mí, en una banca cercana.

-Eh...sí.-le dije, tras pensar un poco en mi respuesta. No iba a ganar nada mintiéndole, después de todo.

-Prometo no hacerte pasar por esto la próxima vez. Voy a pedirle a Akim que te consiga alguna actividad en lo que nosotras entrenamos.

-Gracias.-le dije, en lo  que volvían a mi mente las anteriores reflexiones-Oye...he estado pensando.

-¿En qué?-me preguntó, razonablemente, ella.

-Veo que aquí se tiene la costumbre de comer carne. Eso me sugiere que la muerte, como tal, existe. Pero Aneu me dijo que ustedes no pueden morir.

-Sí, nadie sabe exactamente porqué ocurre, pero nuestras heridas se regeneran rápido. En cuestión de segundos las más leves. ¿No es así de donde vienes?

-No, en realidad no. Nuestros cuerpos son muy frágiles, y una herida en el cuello puede acabar con nosotros fácilmente.-le expliqué-Me imagino que debe ser muy útil poder recuperarse a esa velocidad.

-Lo es, pero...a veces también es bastante trágico. Recuerdo que cuando era niña deseaba con frecuencia poder desaparecer. Envidiaba a los animales, que mueren con algunos cortes.

-Oh...ya veo.-dije, sintiendo algo de compasión por ella. Era de esperarse que hubiera tenido una infancia dura incluso antes del abandono de sus padres, pero los pensamientos suicidas, si así podían llamarse, estaban a otro nivel-Y...¿A qué se debía eso, si se puede saber?

-Pues...digamos que mis padres no me querían mucho.-comentó, tras un corto suspiro-Solían golpearme con frecuencia, y otras cosas de las que prefiero no hablar. Cuando me abandonaron, intenté buscar ayuda en algunos familiares que conocía, pero nadie quiso recibirme.

-Entiendo...-respondí.

-Acabé durmiendo en la calle durante algunos días. Una vez, escapé de milagro de un sujeto que quería divertirse conmigo. En fin...después de una semana me encontré con otros niños vagabundos. Aún recuerdo el nombre de todos ellos. Nuestro líder era Zephon, un muchacho de unos diez u once años, que desde el principio me adoptó como su hermanita. Yo era la más pequeña del grupo, de tal forma que pronto me convertí en su consentida. Solíamos organizarnos para mendigar y, a veces, robar. Los muchachos tenían ya tiempo en ese negocio, mientras que yo... yo era más bien un lastre algunas veces.-me confesó, sonriendo por un instante-A los pocos meses de convivir con ellos, Akim visitó la cloaca en la que vivíamos. Estaba en un viaje de negocios, y acabábamos de robarle algo de comida a uno de los mercenarios que la acompañaban. Pensando que no nos habían visto, caminamos despreocupadamente hasta nuestra casa, y realmente nos asustamos cuando su automóvil estacionó frente a la entrada. Elegante, señorial, y como siempre vestida de blanco, Akim Hedeon descendió del vehículo, causando un rostro de sorpresa en mis acompañantes. Yo no sabía quien era, pero ellos sí. Nos hizo una oferta. Iba a llevarse a quienes de nosotros quisiéramos acompañarla, para criarnos como si fuéramos suyos. No tenía idea de con quién estaba hablando, pero, siéndote sincera, me sentí tentada por el evidente lujo que la rodeaba. Quería una oportunidad. Incluso siendo así de pequeña, tenía consciencia de mi situación, y me rehusaba a llegar a adulta en ese estado. En mi inocencia, no supe ver el peligro que representaba irme con una extraña, con lo que incluso traté de convencer a Zephon y los demás de que me acompañaran. Todos se negaron, y no fue sino hasta tiempo más tarde que entendí por qué. Recuerdo su mirada suplicándome que no lo hiciera. Y aún hoy me pregunto que habrá sido de él.

No tuve que esperar mucho antes de que las niñas salieran del baño, y comenzáramos a caminar hacia fuera del gimnasio, en dirección al comedor. Esta vez, el paseo fue particularmente breve, puesto que nos encontrábamos ya en el último piso del edificio, donde Hedeon había dispuesto todo lo necesario para que sus hijas adoptivas se prepararan para retribuirle algún día sus favores.
Tras llegar al sitio de siempre y seguir los pasos ya narrados más de una vez en lo que va de este texto, la puerta fue abierta por un joven criado que no aparentaba más de catorce años, y logré divisar en la sala a Hedeon y su tía sentadas, aún esperándonos para empezar a comer.

-Llegan tarde.-se quejó Naama, con un tono que demostraba un notorio desagrado.

-Sí, estábamos entrenando, y perdí la noción del tiempo.-se excusó Orel, con la misma sumisa expresión con que todas se dirigían hacia ella.

-Ya, es algo que puede pasarle a cualquiera.-la defendió Akim. Fue recién en este momento que capté un patrón en ella: su vestimenta era siempre del mismo color. Naama se limitó a suspirar, sin decir más nada.

De inmediato, las jóvenes tomaron asiento, y yo hice lo propio. Pocos minutos más tarde, nos encontrábamos devorando el almuerzo, algún tipo de ave de corral con lo que parecían ser papas asadas. Tanto Akim como Naama se mantuvieron calladas durante la comida, cosa que me llamó la atención en la primera, mientras las niñas conversaban sobre sus pequeñas hazañas del día. En un momento dado, noté que la matriarca de los Hedeon no paraba de observarme, con esos ojos fríos que tanto la caracterizaban, cosa que por un momento me incomodó sobremanera.
Una vez terminamos de comer, y Orel se dispuso a llevarnos de regreso a las habitaciones, fuimos detenidos en seco por la voz de Naama, advirtiendo de su intención de conversar conmigo en privado.

-¿Podrían esperar afuera durante algunos minutos?-preguntó Akim, amablemente.

-Sí...por supuesto.-fue la respuesta de la muchacha, que de inmediato sacó de la habitación a sus compañeras. Unos instantes después, me encontraba solo frente la dama y su tía, preguntándome qué seguiría a continuación.

-Se me ha hablado sobre usted, señor Phrtveeka.-me dijo finalmente Naama, con una actitud propia de un rey-Sobre su origen y cualidades.

-¿Ah sí?-respondí, algo nervioso.

-Le dije de dónde vienes, y cuáles son tus objetivos en nuestro mundo.-me explicó Akim.

-Así es. Y debo confesar, quizá para su sorpresa, que no es la historia más extraordinaria que he oído.-comentó la serpiente mientras hacía un gesto con la mano, a lo que sus empleados se retiraron inmediatamente a la cocina.-Así que...usted es del mundo de los vivos.

-Sí, en efecto. De un mundo llamado Tierra, para ser exactos.

-Tierra...-repitió-bonito nombre. Recuerdo haber leído sobre un mundo con ese nombre en un libro hace tiempo. Uno de muchos mundos por los que se han expandido los humanos ¿No?

-No. De hecho, nunca llegamos mas allá de los límites del planeta. Destruimos nuestra civilización antes de lograrlo.-fue mi respuesta. Me pregunté por un momento si acaso estaría ella describiendo algún punto del futuro. No sería raro después de todo, teniendo en cuenta la explicación de Aneu sobre sus propias habilidades.

-Hummmm, quizá no sea usted de esa versión de la civilización humana, entonces. Como sea, no es que me importe. Lo que sí me interesa es conversar con usted respecto a lo que sabe de nuestro mundo. Dígame ¿Ha tenido la oportunidad de leer algo sobre geografía, historia...mitología?

-Sí, especialmente de eso último. Uno de los libros en la biblioteca de mi habitación versaba sobre el tema.

-Entonces, supongo que no desconocerá del todo ciertos eventos religiosos en nuestro mundo, como los enfrentamientos en el seno del taranismo hace algunas décadas ¿O sí?

-Estoy al tanto.-respondí. Para este punto, mis sentimientos de incomodidad se habían estabilizado, aunque no desaparecido. Naama hablaba con un tono suave y mecánico, como si meditara en detalle cada cosa que iba a decir. Cosa que, aunque no hubiera llamado la atención en mi mundo, en este lugar y contexto sonaba verdaderamente escalofriante. Dicho corto y claro, hablaba exactamente como un mafioso debería hablar.

-Excelente. Siendo así, creo que podré ir directo al grano: tanto yo como mi querida sobrina formamos parte de cierta organización ligada al taranismo, y tenemos un problema. Un problema que creemos que usted podría ayudarnos a resolver.

-¿Y de qué se trata?-procedí a preguntar.

-Eso es lo que queremos que descubra. En resumen, hay un grupo de rebeldes, al mejor estilo de los de la última vez. Pero tenemos razones para pensar que, ahora, se trata de algo mucho más profundo. Algo que amenaza del todo a nuestra organización, y nuestro sistema de vida.-contestó para mi expectación, antes de beber un sorbo de su copa de vino-Se me dijo que usted solía ser profesor de Filosofía antes de que el destino lo trajera hasta aquí. Que es un caballero muy brillante, hasta el punto de llamar la atención del mismísimo Aneu.  Y es por eso que le hago esta oferta: si accede, quizá optemos por ascenderlo en la organización, lo que bien podría darle ventajas a la hora de buscar a su pareja. Esto además de garantizarle un sueldo estable que le permita una vida cómoda en lo que cumple con su tarea. Así que...¿Qué dice?

Mentiría si dijera que en principio, la oferta de trabajar para una organización criminal gigantesca, con todas las ventajas del caso, no me pareció sumamente tentadora. Esto hasta que me percaté de ese pequeño detalle.

-Pues...debería pensarlo.-respondí, tras algunos segundos. No sabía como decir "no" sin poner en peligro mi integridad. Entre lo intimidante de Naama y el carácter explosivo y cruel de Akim, era evidente que, sin quererlo, había empezado a jugar con fuego.

-¿Pensarlo?-el rostro de la dama reflejaba ahora una notoria sorpresa-Es la mayor oferta, el mayor regalo que se le podría hacer a cualquier poblador de este mundo. Cualquier hombre o ávana aceptaría de inmediato. Hummmm...dígame ¿Qué es lo que le preocupa?

No supe qué decir, por razones que sobra explicar.

-¿Será tal vez algún dilema de carácter moral?-adivinó mi interlocutora, sorprendiéndome. Pese a su frialdad, estaba claro que era dueña de una notable inteligencia. La miré durante algunos segundos, sin decir más. Sencillamente, no había nada que decir-Pues, si ese es el caso, quizá su conciencia esté tranquila de saber que no vamos a darle una opción. 

-¿Qué?-pregunté.

-Hará lo que le pedimos, señor Phrtveeka. Eso, o las consecuencias serán muy nefastas.

El silencio atravesó la habitación de punta a punta. Nunca se me había extorsionado antes, y pese a que sabía intelectualmente que esto era de esperarse, tenía aún ese sentimiento, como el que a todos nos atrapa tras nuestro primer asalto.

-Entiendo.-acabé por decir.

-Excelente. Entonces, puede irse. En algunos días le estaré confirmando lo que queremos que haga.-y con un gesto con la mano, me ordenó salir. Yo me levanté, y me dirigí lentamente hacia la puerta.

-Emker-oí la voz de Akim tras de mí-, preferiría que Orel no se enterara de esto. Ni ella, ni nadie. Espero que no tengamos filtraciones...indeseadas.-dijo, antes de que yo abriera la puerta y saliera de la habitación.

Lo último que alcancé a escuchar antes de abandonarlas, fue un "espero que funcione", de parte de la joven. "Lo mismo digo", pensé para mis adentros.



miércoles, 5 de junio de 2019

Infierno IX


Algo más de media hora más tarde, me encontraba de vuelta en el edificio, aunque en un sitio totalmente distinto al acostumbrado. Entrando por la parte trasera del mismo, había accedido a un enorme subsuelo, con varios pisos. A donde miraras en ese gigantesco lugar, que nada tenía que envidiar a la parte superior del edificio excepto quizá por su iluminación, te encontrarías con guardias y mercenarios yendo y viniendo, en una cantidad mucho mayor a la de las calles por las que había caminado anteriormente. El sitio constaba de un total de siete pisos. Los cinco primeros, al que tenían acceso los cuadros militares en general, eran una auténtica base. El piso inicial constaba de una  gran entrada, y algunos estacionamientos para vehículos de distintos modelos. Los siguientes cuatro, agrupaban los dormitorios, comedores, y baños. Según se me explicó, esta era no la única, mas sí la mas grande de las reservas de mercenarios en el territorio de Barken Leddis.
Los últimos dos pisos, recordaban ya no a un centro militar, sino a un campo de concentración o a una de las prisiones del Partido. Eran los calabozos, donde se encerraba, y a veces, castigaba, a quienes habían violado las normas impuestas por Akim.

-¿Qué hizo el pobre desgraciado para merecer esto?-pregunté, mientras me alejaba de la entrada de una de las celdas. Tras las rejas, había un joven de unos 19 años, atado a una silla, justo debajo de una tubería rota. Periódicamente, gotas de agua caían sobre su cabeza. El chico no paraba de hablar solo, de una forma que en otro contexto hubiera dado miedo, pero que en el actual producía mas bien lástima. ¿Y porqué, se preguntará el lector? Simple: ¿Quién puede conciliar el sueño con un goteo constante sobre su cabeza?

-Una violación, probablemente.-me respondió Orel-Eso, o la venta de información estratégica.

Nos encontrábamos caminando en dirección a donde había confinado a la familia Cáser, tan sólo minutos atrás. El lugar era un oscuro pasillo, iluminado por focos colgantes a varios metros uno del otro. Como música de fondo, teníamos con los quejidos, llantos, y ruidos propios de los internos. El olor era nauseabundo, una combinación de heces y orina con humedad.
Finalmente, llegamos hasta el final de uno de los muchos pasillos de esta infernal-y nunca mejor dicho-sección del edificio.
En una de las celdas, se encontraba la madre junto a sus dos hijos, ya despiertos. Los niños lloraban mientras escuchaban a su padre quejarse a pocos metros de ahí, en una celda vecina, mientras la mujer intentaba en vano consolarlos. La escena era realmente triste y horrible, especialmente para quien no se encontrara preparado psicológicamente adaptado a escenarios así. Incluso Orel lucía como si quisiera alejarse lo más rápido posible del lugar.
En cuanto al hombre, a quien vi poco después al desviar la mirada de los infantes, se encontraba ya para este punto totalmente bañado en sudor, mientras esperaba maniatado en un asiento, donde algunos mercenarios lo habían colocado-y probablemente torturado-incluso desde antes de nuestra llegada.

-¿Les dijo algo?-preguntó Orel, dirigiéndose a los dos hombres y la mujer que se encontraban de pie, en la entrada.

-Confesó la venta de datos sobre la composición del producto, pero se negó a traducir el texto que encontraron.-le respondió a su vez ella, quien parecía ser su jefe.

-¿Probaron todos los métodos?

-Los permitidos para estos casos, sí, y eso me lleva a sospechar que esto debe ser más grande que una traición menor. Se resiste demasiado. Si me pregunta, yo diría que quiere evitar un castigo más grande. Además, me impresiona su resistencia al dolor. Es casi como...si estuviera drogado.

-Hummmmm...veamos si logro sacarle algo.-dijo la muchacha, mientras ingresaba a la habitación, siendo seguida por mí y por Ava. Los demás se habían retirado ya a sus habitaciones, y había decidido acompañarla, francamente, por si se le ocurría hacer algo con los infantes. Mas allá de que siempre había sido un profesor estricto e incluso cruel, las escenas anteriormente presenciadas habían logrado, lo que se dice, sacar mi parte mas humana.-Buenas noches, Jara ¿Cómo te va?-lo interrogó en un tono satírico, burlón, como supuse se la habría entrenado para hacerlo.

-P...por favor-suplicó el tipo-deja que mi familia se vaya. ¡Ellos no hicieron nada! Fue todo idea mía...

-Eso deberías haberlo considerado antes de hacer lo que sea que hiciste. Como sea, mira, imagino que habrás prestado atención a lo acogedor de este sitio, y calculo que no querrás ver crecer a tus hijos en este antro, así que...¿Qué dices? ¿Vas a ceder o no?

El hombre la miró, sin decir una palabra, para luego renovar sus súplicas:

-Son sólo niños...-dijo, con la voz entrecortada.

-Sí, y eso es una verdadera pena.-respondió con frialdad Orel-Mira, no creas que no nos hemos dado cuenta a estas alturas de que estás ocultando algo. Y créeme que estoy dispuesta a averiguarlo.-y dirigiéndose a los torturadores, continuó-Así que bueno...¿Que tal si intensificamos un poco el juego?

-Tal vez deberíamos pedir la autorización de la señora Hedeon antes de proceder.-intervino la mujer con quien había hablado segundos atrás.

-Bah, estoy segura de que se sentirá complacida de que averigüemos lo que sea que se trae este desgraciado.

-¿Pero no se molestará si no obtenemos nada?-Orel sonrió, para luego continuar:

-No, no te preocupes. Nos entendemos muy bien.

-Bien...si tú lo dices.-cedió finalmente su interlocutora.

A continuación, fui testigo de variedad de tormentos físicos que prefiero no narrar. Desde golpes en los genitales, hasta quemaduras. A medida que el procedimiento progresaba, mi imagen con respecto a Orel terminaba de distorsionarse. En un principio, la había visto como una joven común aunque en circunstancias extraordinarias. Ahora, sin embargo, me parecía una persona temible, cruel como su oficio lo demandaba, e incluso alguien digno de desprecio.
Para mi sorpresa, lejos de confesar, el caballero se mantuvo firme en su...posición, si es que acaso así se le puede llamar. No mentía Deara, como resultó llamarse ella, cuando decía que el tipo presentaba una extraordinaria resistencia al dolor, cosa que, aunque sería llamativa de donde vengo, no me sorprendía tanto teniendo en cuenta el lugar en que estaba. Sin embargo, por lo visto, ese no era el caso de mis acompañantes.

-Maldita sea...-se quejó mi nueva jefa, apoyándose en una mesa cercana-esto se está poniendo cuesta arriba.

-Te lo advertí.-insistió la dama, que en apariencia no pasaría de los treinta y cinco años-Recuerdo un caso así, hace unos veinte años. Yo trabajaba como mercenaria en una organización pequeña, no más de trescientos miembros. Nos tocó atacar por encargo una pequeña tribu de númenes, como parte de una venganza personal de un señor de la guerra hace mucho tiempo caído en desgracia. Como parte de la preparación para el golpe, tuvimos que capturar y torturar a algunos jóvenes de la misma. Sin embargo, no pudimos sacarles nada. No reaccionaban ante los golpes, y no fue sino hasta que invadimos el lugar de todos modos que nos dimos cuenta de porqué: ellos tenían la rara costumbre de mezclar con sus alimentos ciertas drogas, que entre otros efectos, inhibían el dolor. Creo que esto podría estar pasando en este caso.

-Y yo creo que esto va a ser algo más complicado de lo que calculé.-dijo Orel, para inmediatamente sacar su teléfono, y ponerse a teclear. Ava, que había colaborado con la tortura pero sin decir mucho, se dirigió entonces hacia ella:

-¿Va a pedirle a Hedeon que nos reasigne?

-¿Bromeas?-volvió a reír la muchacha-Me gustan los desafíos. Y este es uno. Voy a pedirle que autorice un examen toxicológico. Así al menos vamos a saber cuando continuar con esto.

-¿Y que hay del mensaje?-preguntó Deara.

-Voy a decirle que necesito alguien para descifrarlo.-comentó, mientras escribía.

 Cuando terminó, se dirigió a mi, diciendo:

-Como sea, creo que ya deberíamos irnos. Ya va a ser hora de cenar, y ella no va a estar feliz si me retraso.-explicó, antes de dirigirse hacia la puerta, seguida por nosotros-Deara, que tus hombres se queden aquí por si las dudas.

-A la orden.-fue su respuesta, antes de apagar a luz.

-Espero que pases una buena noche. Mañana vamos a tener mucho de qué hablar.-dijo Orel, voltéandose por un momento antes de que la puerta se cerrara.

Comenzamos entonces a caminar, otra vez, los tres por el largo pasillo, dejando atrás a Deara y los suyos. En el camino, tuve nuevamente la oportunidad de encontrarme con la familia de Jara, cuyos hijos, razonablemente, lloraban junto a su madre en un extremo de la celda. Aún puedo recordar, como si acabara de pasar, la poderosa sensación de misericordia que, por alguna razón-y teniendo en cuenta que ya los había visto anteriormente-me invadió en ese momento. Sería deshonesto si negara que la joven y su sadismo me habían intimidado. Sin embargo, logré, con todo, sobreponerme a mis sentimientos y al menos intentar suavizar su sufrimiento.

-Orel...¿No crees que esto es demasiado?-le dije, luego de unos segundos de duda.

-¿Qué?-la pregunta me descolocó.

-Pues...no sé, tener a dos impúberes en un lugar así. Mira, entiendo que sea más fácil extorsionar a su padre de esta forma, pero esto no es justo.

-Bah, no es para tanto. Sólo se quedarán aquí hasta que su padre suelte todo lo que sabe, o hasta que hayamos acabado con los que sea que lo contrataron. No te estreses.

-¿Y eso cuanto tardará?

-Unas semanas, a lo mucho.-se explicó ella.

-Eso no les ahorrará el trauma.-me quejé.

-¡Ay, por favor!-exclamó-Como si los fuera a torturar.

-¿Sabes? De donde vengo, hubo una época en que eso se consideraba tortura.

-¿Y qué propones?

-Pues no sé-dije, barajando opciones a la velocidad de la luz-, quizá podrías ponerlos en un lugar mas digno, engañando a Jara. Eso aumentará la presión, y quizá así finalmente logres que diga algo.

-Hummmm...no suena mal.-me felicitó a su peculiar modo.

Nos tomó varios minutos terminar de abandonar el subsuelo. Como es lógico-dado que caso contrario los prisioneros la tendrían más fácil al escapar-, no habían ascensores, así que debimos caminar un buen rato antes de llegar a la superficie. En cuanto lo hicimos, atravesamos la gran compuerta que hacía de entrada, y salimos a la calle, llena como siempre de personas. En cuanto llegamos a la otra entrada, la del edificio central, Ava se separó de nosotros, argumentando que necesitaba descansar.

-¿Y tú que harás?-procedió entonces a preguntarme la chica.

-Creo que voy a volver a mi habitación.-contesté. A decir verdad, estaba algo cansado por el día, cosa esperable-quizá-en otras circunstancias, pero que en estas sólo contribuían a lo surreal de la situación.

-¿Estás seguro de que no quieres cenar antes? No has comido nada en horas.

-Hummmm...sí, lo creo conveniente.-fue mi respuesta-¿Dónde puedo pedir algo?

-Puedes comer conmigo y Akim. Creo que le interesará saber cómo te fue en tu primer día.

-Quizá. ¿Pero no crees que pueda serle molesto?-dije, recordando mis estrictos modales...y la mala impresión del almuerzo.

-Tranquilo. Ella suele mantener la distancia hacia sus inferiores, pero tu caso es...especial.

No sabía para ese momento cómo decirle que quería mantenerme alejado de su peligrosa madre adoptiva. Y al no encontrar una vía aceptable, no tuve mas opción que acceder.
Esta vez, para ahorrar tiempo, nos dirigimos hacia el ascensor más cercano. Subimos en él hasta más o menos la mitad del edificio, donde debimos, por razones de seguridad, continuar caminando.
Finalmente, y tras recorrer nuevamente los pasillos, llegamos a la gran entrada del comedor. Como de costumbre, Orel tocó la puerta, aunque esta vez fue una joven mucama, la misma a quien había visto a Akim maltratar horas atrás, quien nos abrió.

-Ho...hola. Pasen.-nos dijo, con timidez.

La poderosa mujer y tres de sus hijas adoptivas nos esperaban en la mesa, ya disfrutando de la comida. Esta vez, en sus platos había carne, y algunos vegetales, todos para mi sorpresa- o no tanto, tras mi reflexión-perfectamente reconocibles.

-¡Orel!-saludó ella, alegremente-¿Dónde estabas? Ya empezaba a preocuparme.

-En los calabozos, lidiando con Jara.

-Sí, leí tus mensajes, pero me sorprendió que demoraras tanto.-se explicó-Y veo que trajiste a Emker contigo.

-Así es, supuse que querrías saber cómo le fue.-dijo, mientras tomaba asiento, en lo que yo la imitaba Akim procedió entonces a ordenar que se nos trajera algo qué comer, y la conversación prosiguió.

-¿Otra vez va a estar aquí?-preguntó Lor, con su característico tono entre altanero y hostil.

-Sí, y vas a tener que acostumbrarte.-respondió Orel, sólo para molestarla.

-Ya, no peleen-intervino Akim-¿Y cómo les fue?

-Bastante bien, sin inconvenientes esta vez. Mis hombres temieron al principio la posible reacción de los vecinos de los Cáser, pero no pasó nada.

-Sí, leí tus mensajes. Como si no estuvieran entrenados para situaciones riesgosas...-se quejó la mujer-pero bueno ¿Cómo se desenvolvió tu nuevo subordinado?

-Pues...no estorba.-respondió Orel, mientras un mesero colocaba dos platos de comida frente a nosotros-¡Ah! Cierto: ¿Te acuerdas del código en la computadora de Jara? He estado pensando que quizá Emker podría darnos una ayuda con eso.

-Sí, es una buena idea. Quién sabe, quizá si lo hace bien opte por ascenderlo. Una mente así no se encuentra todos los días. Sin embargo, prefiero esperar a ver si mis empleados tienen éxito con la deducción.-dijo, mientras dirigía su mirada hacia mi.

-Me halaga usted...-fue mi respuesta, que se vio sucedida inmediatamente por un sonido de golpes en la entrada. Volteé a mirar, justo a tiempo para ver cómo una de las mucamas abría la puerta, revelando a una mujer en apariencia no mayor que Akim, de cabello oscuro, teñido en las puntas de un tono gris. Muy delgada-demasiado para mi gusto-, su mirada recordaba a la de un gato: penetrante, fría.

-Hola, sepan disculpar la tardanza.-fue lo primero que dijo al cruzar la puerta.

-Tía, creí que ya no ibas a venir.-dijo Hedeon, mientras la mujer se acercaba para tomar asiento.

-Tuve un pequeño retraso.-se explicó-Una tormenta nos alcanzó a mitad de camino, y debimos detenernos.

-¿A donde fue esta vez?-preguntó Lor, con un tono mucho mas respetuoso.

-A un...viaje de negocios, si así se le puede llamar. Pero eso no es importante. Más bien, quisiera saber quién es nuestro invitado.

-Él es Emker-respondió Orel-, mi nuevo subordinado.

-Ah...-dijo entonces ella, para luego sumirse en el silencio.

El resto de la cena, preferí no hablar mucho. Tampoco es, a decir verdad, que hubiera mucho de qué hacerlo: la conversación se centró en las actividades diarias de las niñas, y un poco sobre las de Akim. Naama permaneció  tan callada como yo hasta el final de la comida. Por alguna razón, me resultaba sumamente llamativa. No en el sentido de la atracción sexual, ciertamente. Mas bien, podría decirse que nunca había visto una persona tan intimidante. Cierto: no era fuerte-o no lo aparentaba-, pero todo en ella, desde su actitud hasta su apariencia, me recordaba a una serpiente a punto de atacar. En cuanto todos hubieron terminado de comer, comenzó esa peculiar tradición llamada de donde vengo "sobremesa". No obstante, esta no duró mucho. A los pocos minutos, aparentemente la paciencia de Naama se acabó, y se dirigió a su sobrina:

-Akim, necesito que conversemos un momento. En privado de ser posible.-le dijo, con su frío y robótico tono de voz.

-Oh...sí.-fue la respuesta de la mujer. Inmediatamente, y de una forma inusualmente sumisa para la imagen que tenía de ella, solicitó a las niñas que se retiraran, a lo que ellas obedecieron inmediatamente.

Una vez estuvimos fuera y Orel cerró la puerta tras de sí, comenzamos a caminar por los pasillos, en dirección a las habitaciones. Mientras hacíamos el corto viaje, tuve la oportunidad de escuchar a las compañeras de Orel charlar, continuando sus previamente interrumpidas conversaciones. La única que permaneció en silencio fue Lor, quien se había aislado del todo, leyendo algo en la pantalla de su teléfono.

-Akim respeta mucho a Naama...-comenté cuando noté que las niñas se habían alejado lo suficiente para no escucharnos.

-Sí. Ya te lo dije: no hubiera durado mucho sin ella.

-Hummmm...¿Y de qué crees que hayan querido hablar?-le pregunté, tratando de una forma mas bien poco científica de confirmar mi hipótesis.

-De ti, probablemente. Debe haberse sentido sorprendida de que la líder de Barken Leddis haya recibido a un mercenario raso en su cena.

-Oh...me imagino.-dije. Había acertado.

-Akim habrá crecido, pero Naama jamás dejó de aconsejarla. No le gusta que su sobrina deje de guardar distancia con respecto a los suyos. Lo ve como algo muy peligroso. Razón no le falta, pero a veces pienso que eso sólo ayuda a que se sienta mas y más sola...

lunes, 3 de junio de 2019

Infierno VIII



Algo más de una hora después, después de haber narrado una historia totalmente inventada sobre mi vida (de una forma bastante torpe, debo decir), estaba sentado donde se me había indicado, escuchando con atención el plan de Orel para emboscar al pobre desgraciado que había tenido la osadía de desafiar a Akim. La historia era básicamente una versión adaptada de mi vida en la Tierra, sumada a un cuento sobre cómo mi hija había sido probablemente raptada, y tenía razones para pensar que podría estar en territorio de Barken Leddis. El plan, por su parte, era mas bien simple:

-Bien, lo que tenemos que hacer es lo siguiente: cerca de las nueve de la noche, Jara a estar volviendo de una reunión. Vive en una gran casa en una de las esquinas de la cuadra 42, a unas quince calles de aquí. Vamos a estar saliendo cerca de las ocho y media, y lo vamos a esperar en automóvil a una distancia prudencial. En cuanto haya pasado algún tiempo después de su entrada, nos bajamos, entramos y lo sorprendemos en medio de la cena. Ya hablamos con sus hombres, así que no estorbarán. El resto, prefiero improvisarlo.-nos explicó Orel, en lo que todos la escuchábamos con atención.

-Suena sencillo.-dijo Annde, antes de beber un poco de la taza de café que se había servido minutos atrás.

-Lo es, pero hay que tratar de que no se note demasiado la operación.-le respondió Orel-Es una persona bastante querida en la comunidad, y no queremos que los vecinos se den cuenta de lo que sucede y nos linchen. Pero no se preocupen, la calle no es muy concurrida, y vamos a ir armados.

Al escuchar eso último, mis ojos se abrieron hasta casi salirse de sus órbitas.

-Señorita...¿Tiene usted un plan por si todo sale mal, no es así?-intervino Jan, seguramente tan preocupado como yo.

Orel se lo quedó viendo, sin decir una palabra durante algunos segundos.

-Tranquilo, vamos a estar bien. Somos mercenarios, y ellos un montón de gente sin entrenamiento.

-Sabe usted que me cae muy bien-se apresuró a decir-, pero la forma en que organiza esto es, si me permite decirlo, deficiente. Ya van dos veces que casi nos atrapan, y me sorprende que aún no haya acabado con la paciencia de la señora Hedeon.-dijo, causando la favorable respuesta de los demás.

-Sí, a decir verdad no me siento muy segura de esto.-dijo Nayru-En general, no me siento muy segura a la hora de hacer una misión.

-Yo tampoco.-continuó su hermana-Hasta he tenido pesadillas con que nos capturen.

-Por lo menos pídale a Hedeon que nos deje algunos refuerzos cerca.-suplicó Ava, quien hasta el momento había permanecido relativamente callada.

-¡Ya, no exageren!-insistió la muchacha-Son sólo personas comunes.

Me asombraba para este punto la suma reverencia con que sus hombres la trataban, a la par que me recordaba al temor que Akim inspiraba en sus empleados.

-Sin embargo, si se sienten más cómodos así...

A continuación, procedió a sacar su teléfono de su bolsillo, y a apretar unos cuantos botones en el mismo, con ambos pulgares. En cuanto terminó, continuó con la conversación.

-Y bueno...falta una hora. ¿Qué quieren hacer en ese tiempo?

-Descansar un poco. Es probable que volvamos tarde.-dijo Jan, con el mismo tomo temeroso de siempre.

-Yo tenía ganas de salir esta noche. Pero me temo que no va a ser posible...-se quejó Annde, dejando en claro su frustración.

-Bueno, trabajamos menos que el resto de facciones.-intervino Dero, desestimando la queja de su compañera. Supuse por alguna razón que no lo hacía sólo

-No me estoy quejando-se excusó ella-Es sólo que, bueno, tenía planes.

-Sucede...-dije, por alguna razón.

-Lo decía porque tenía ganas de salir a tomar un poco de aire.-explicó finalmente Orel-Este lugar es algo...asfixiante cuando hay mucha gente. Así que bueno, voy a ir al balcón. Los veo abajo en una hora. ¿Tú que quieres hacer, Emker?

-Pues...te acompaño, supongo.-a decir verdad, no es que tuviera muchas opciones interesantes a disposición.

-Bueno. Supongo que encontraremos algo de que hablar.-dijo, mientras se levantaba de donde estaba. Yo la seguí poco después.

A continuación, nos dirigimos lentamente hasta la puerta, que ella abrió utilizando una de las llaves colgadas en la pared. Salimos de la habitación, y comenzamos a caminar en dirección al balcón más cercano, visible desde donde nos encontrábamos. En el corto trayecto hasta allí, me dio por reflexionar. Había visto como Akim, una mafiosa de alto poder, no sólo no debía ocultarse, sino que podía contar con toda un área llena de rascacielos en medio de la ciudad. Y no sólo eso, sino que tenía cientos-si es que no miles-de guardias y mercenarios armados hasta los dientes a su servicio, cada hora del día, todo el año. Más llamativo aún era el hecho de que, tal y como me lo había narrado Orel, hubieran conflictos a gran escala entre Derden Skapia y Barken Leddis, en lo que supuse sería una verdadera guerra fría, sin que eso implicara, al parecer, la intervención de autoridad ninguna. Todo esto me llevaba a inferir que, probablemente, no debía existir un gobierno fuerte en ese mundo, si es que acaso había uno.

-Oye...¿Cómo es la organización política aquí?-pregunté, tratando de saciar mis dudas.

-¿A que te refieres?-me interrogó de vuelta Orel, sin entender la pregunta.

-Pues...cómo se organiza su sociedad.

-¿En qué sentido?-volvió a preguntar.

-De donde vengo, las naciones tienen en su mayoría su propio territorio. Se organizan de distintas formas. En algunas, hay un líder único, que llamamos "rey". En otras, el conjunto de la nación elige representantes para que los gobierne.

-¡Ahhh! Sí, tenemos de eso. Aquí, la mayoría de las especies cuentan con su propio país. Este es el de los humanos, y también elegimos representantes, aunque la verdad es que la mayor parte del poder está en manos de empresas y mafias, como Barken Leddis o Derden Skapia.

-¿Que sabes de Derden Skapia?

-Pues, son los rivales de Barken Leddis. Estan dirigidos por una pareja de gemelas, Ísara y Varsi Skapia. Ambas son jóvenes, pero eso no ha evitado que se hagan un lugar en el negocio, a punta de una crueldad sin límites. De hecho, ellas son en parte la causa de que Akim sea tan dura a la hora de castigar a sus mercenarios. Es la única forma de que se atrevan a enfrentar a sus tropas. Simplemente, les da terror la idea de caer en sus manos.

-¿Es para tanto?

-Sí. Tienen la costumbre de devolver a los prisioneros que capturan totalmente destruidos, tanto física como psicológicamente. Se sabe que los torturan personalmente, de formas que prefiero no narrar.

-¿Y cómo logra Akim lidiar con eso?

-Pues...imitando sus métodos, aunque de una forma mas suave. Aquí, fallar se castiga con dureza. Desde azotes, hasta quemaduras.

-Ah...¿Tú también lo haces?-pregunté, temeroso de la respuesta.

-Por supuesto. Es parte de mi entrenamiento. Así que será mejor que te cuides ¿Eh?

Mi mirada causó en ella una carcajada.

-Tranquilo, sólo bromeo.-me dijo.

-¿Y cómo es que siguen teniendo mercenarios?-pregunté, desconcertado.

-Los salarios son muy buenos, y es una forma de ascenso social. La mayoría se quedan durante no más de cinco años, y siempre hay nuevos buscando incorporarse.

-Deben estar realmente desesperados...

-Y no es para menos. Yo sé lo que es vivir como lo hace la mayoría de la gente en Hélea, y créeme que nadie quisiera quedarse así para siempre.

-¿Hélea?

-Así se llama nuestro mundo. Como sea, la verdad yo los entiendo. Nadie se merece esto. Es demasiado, sin importar que tan grave sea lo que hayas hecho.

Para este punto, ya nos encontrábamos viendo por el balcón, a una enorme ciudad, con enormes contrastes entre un punto y otro. Y es que, mientras la mayor parte de la misma se veía sumida en la miseria mas abyecta, cada tanto aparecían pequeñas islas de riqueza y bienestar, ya bajo la forma de grandes conjuntos de edificios, ya bajo la de barrios acomodados, y agradables a la vista.

-¿Cómo es que logran mantener una mínima estabilidad social?-fue una mezcla de pensamientos la que me llevó a hacer esa pregunta. En resumen, era demasiado extraño que tanta gente no hiciera el menor esfuerzo por rebelarse.-Quiero decir ¿Cómo es que tanta gente no se levanta contra ustedes?

-Recuerdo haberle preguntado eso a Akim una vez. Tenía nueve años, y había decidido llevarme con ella en uno de sus viajes de negocios. En ausencia de Naama, no se fiaba de sus subordinados. Como sea, en el viaje de regreso decidimos parar a pasar la noche en un hotel a mitad de camino. Habíamos viajado todo el día, y el cansancio agobiaba, lo bastante para que nos detuviéramos a relajarnos. Fue a mitad de la noche que desperté por causa de gritos afuera del edificio. Akim ya se había levantado, y miraba por la ventana con rostro de preocupación.
"¿Que pasa?", le pregunté, con mas curiosidad que miedo.
"No te preocupes", me respondió, quizá intentando calmarme, "son sólo algunos sindicalistas enojados por mi presencia".

"Sindicalistas", pensé. Fue en ese momento en que terminé de percatarme del parecido entre este mundo y el mío hace algún tiempo. Sin embargo, decidí dejarla continuar su relato.

-Yo no sabía que era eso, así que, en pocas palabras, me lo explicó: "Son gente que quiere quitarme mis cosas para repartirlas entre los de su clase. Vagos que no quieren trabajar para ganarse el dinero por su cuenta, y cuya máxima aspiración es que papá gobierno los ayude. Ahora, vienen aquí a quejarse para que así la gente los escuche, pero no les voy a dar el gusto", comentó, mientras sacaba su teléfono y llamaba a un amigo. A los pocos minutos, la policía llegó y disparó contra ellos, arrestando a varios, mientras nosotras nos preparábamos para volver a dormir. A la mañana siguiente, mientras viajábamos en nuestro automóvil, le pregunté como lograba que esa gente no convenciera a otros de seguirlos.
"No es muy difícil", me dijo, mientras me acariciaba el cabello, "es simple cuestión de persuadirlos de que eso no está bien. Por eso le pago a personas para que se los expliquen, en la televisión, y en la radio." En mi inocencia de niña, no pude entender del todo a qué se refería. Sin embargo, años más tarde, cuando crecí, me di cuenta de que era una estrategia bastante lógica. Mucho de lo que hacemos sería imposible sin ese tipo de cosas.

Yo me quedé incluso perplejo, aunque no tardé en darme cuenta de que, quizá, no debería estarlo. La manipulación a gran escala por parte de élites políticas y económicas había sido cosa corriente en todos los tiempos de donde venía.

Pude identificar a la distancia, algunas grandes...¿fábricas? lanzando a la atmósfera un denso humo negro. Pensé al verlas en la extraña nube que me había llevado a conocer a Orel ni bien aparecí en el lugar.

-Cuando llegué, había una suerte de...tormenta. ¿Qué era?

-Todos nos hacemos la misma pregunta.-fue su respuesta-El clima está muy loco últimamente, por decir lo menos. Cada tanto, se produce un evento así. Suele no durar más de unos minutos, pero créeme que no quisieras estar a la intemperie en ese tiempo.

-¿Hay alguna explicación natural?

-No. Por más que se ha investigado al respecto, no se ha logrado dar con una. Aunque se cree que pueden tener que ver con los miram.

-¿Miram?

-Son grandes imágenes que se proyectan en los cielos. Tienen forma espiralada, y aparecen cada períodos irregulares. Son bastante hermosos...pero también aterradores, en cierta forma. Cada vez que se produce una tormenta, aparece uno a las pocas horas.

Hummmm...-dije, mientras la veía sacar una pequeña caja de cigarrillos de su bolsillo izquierdo, y prepararse para fumar-Sorprendente.

-¿Que pasa?

-Es que...es extraño. Todo aquí es muy parecido a como sería en mi mundo, aunque algunos siglos atrás...

-¿En qué sentido?

-Tecnología, sociedad...todo parece un calco de lo que había de donde vengo hace algún tiempo.-le expliqué, recordando viejas fotografías que había visto en libros de Historia cuando niño-Incluso ciertos detalles culturales son muy similares.

-¿Por ejemplo?

-Pues, lo que estás haciendo justo ahora.-le dije, en relación a su viciosa actividad.

-Oh...ya veo. Y...cuéntame ¿Cómo es allá? Akim me contó algo de lo que aprendió de Aneu, pero no mucho.

-Bueno, como te dije, no es realmente muy diferente a lo que hay aquí. Sólo que no existen los ávanas, ni algunas tecnologías que aquí son de uso cotidiano.

-¿Cómo los teléfonos?-me preguntó, probablemente recordando mi sorpresa al ver la extraña máquina en la habitación 102.

-Bueno, esos sí existen, pero son públicos. Lo que no hay son teléfonos personales. Solía haberlos, pero desaparecieron hace mucho tiempo.

-¿Por qué?

-Hubo una...guerra. Como las que tienen ustedes, entre sus mafias y capitalistas, pero a una escala mucho mayor. Tan grande, de hecho, que casi nos destruye como especie.

-¿Ah sí? ¿Cómo es eso posible?

Reflexioné durante algunos segundos antes de contestar. Era razonable, después de todo, que ella no entendiera del todo conceptos como el de la muerte.

-Como sabrás de donde vengo la vida no es eterna. Nuestros cuerpos tienen un límite al daño que pueden sufrir, que de superarse termina por ser el fin de nuestros días ahí.

-Ya, eso lo sé, pero me pregunto que fue lo que pasó para que su mundo fuera destruido.

-Es una historia larga de contar...-le dije, sin muchas ganas de rememorar un evento que me había sido siempre especialmente sensible. De niño, siempre me preguntaba como sería el mundo de no haberse producido, y de adolescente, me frustraba todo lo que se había perdido la humanidad por su propia estupidez.

-Bueno, tenemos unos...cuarenta minutos-me respondió, mirando a su reloj de pulsera-Así que creo que hay tiempo.

-Bueno, si tú insistes...nuestra historia comienza en una región llamada Europa.

-¿Una parte de su ciudad?

-No exactamente. En mi mundo, las masas de tierra sobre las que se construyen las ciudades están separadas por grandes extensiones cubiertas de agua.

-Entonces, ustedes tienen muchas ciudades...

-Sí, pero ninguna que se compare en tamaño a esta, o al menos, no que yo conozca. Como decía, esta región se encuentra sumida en el caos. Un conjunto de conflictos demográficos han llevado al continente a una profunda crisis política . Décadas atrás, la llegada de millones de inocentes huyendo de la guerra y la pobreza había generado una nueva clase de europeos, que al no poder integrarse bien en las ricas economías locales, quedaron relegados a la marginalidad, y la miseria. Como es lógico, cuando el hambre arde los criterios morales se rompen, y eventualmente el aumento de la delincuencia producto de lo anterior resultó en el rechazo a gran escala de parte de la población nativa. Las contradicciones se agudizaron, y llegó el día en que la inoperancia de las élites llevó al poder a los únicos que ofrecían, con infinito sarcasmo, una solución al problema. Apoyados por una gran potencia, los nuevos líderes no tardaron en reprimir con fuerza bruta las libertades de las minorías, hasta el punto de planificar su expulsión de sus respectivos territorios. Donde eran pocos, sus reclamos fueron aplastados con la mayor brutalidad posible. Donde eran muchos, todo derivó en verdaderas guerras fratricidas, en que miles murieron. Un tercer grupo de países, los que habían sido capaces de lidiar con la violencia por medio de la censura y la represión, terminaron por alinearse con las naciones mas liberales, en un intento por boicotear la naciente revolución del autoritarismo conservador. Sin embargo, nada de eso resultó bien. En pocas décadas, el mundo se encontraba otra vez dividido, sangrando por pugnas territoriales producto del militarismo de cierta ideología, que había, bajo nuevas formas, vuelto de la tumba. Fue cosa de tiempo antes de que el primer sociópata lanzara sus misiles sobre la otra mitad del mundo. La reacción en cadena subsecuente, causó la casi total destrucción de la civilización.

-Una tragedia.-comentó Orel, mirando a la ciudad.

-Sí...verdaderamente.-le respondí.

Sin tener mucho mas de que hablar, permanecimos en silencio durante algo más de veinte minutos, contemplando a la enorme urbe, que lentamente se sumía en la noche. A las ocho y cuarenta y cinco, finalmente la conversación se reanudó, de la forma, por mi parte, más inesperada.

-Y dime...¿Cómo es la gente del otro lado?-me preguntó, sacándome de mis pensamientos.

-Pensé que Akim ya te lo habría explicado.-fue mi respuesta. A decir verdad, me sorprendió que ella quisiera mudarse a un sitio del  que no sabía ni lo básico.

-Me dijo alguna cosas, pero no mucho. Sé que es el sitio en que todos vivimos antes de nacer aquí, pero poco más.

-¿En qué aspecto?-la interrogué.

-Bueno...¿Moralmente?-contestó, incrementando mi sorpresa.

-Pues...hay gente buena y mala. Gente que busca beneficiar a otros en la medida de sus posibilidades, y quienes hacen daño por ambición, egoísmo, o simplemente crueldad.

-¿Y qué es lo que más abunda?-insistió. Empezaba para entonces a deducir el porqué de la pregunta.

-En general, la gente que he conocido es más bien buena. ¿Por qué?-pregunté, intentando averiguar si había acertado.

-Bueno...el entorno a veces favorece que la gente haga cosas malas. Y me preocupa la idea de acabar de nuevo aquí. No quiero que todo esto haya sido en vano ¿Sabes?-en efecto, mis deducciones no eran erróneas. Sus palabras me causaron una reflexión en torno a la misma existencia del Infierno: primero, me pregunté por la justicia de enviar aquí a alguien que hubiera hecho el mal por sus meras circunstancias. Lara no era, a fin de cuentas, una mala persona. Pero luego, mis pensamientos se volvieron incluso más profundos: ¿Que tan justo podía ser dar un castigo infinito a cualquier persona, en general? ¿Acaso puede uno realizar un mal infinito en la Tierra?

-Entiendo.-le dije, para sumirnos otra vez en el silencio.

Algunos minutos mas tarde, me encontraba bajando las escaleras del edificio junto a Orel y su equipo, en dirección al sitio preparado por Akim para nuestra partida.

-Hedeon aceptó mi petición. Vamos a contar con algunos refuerzos a una cuadra del lugar. Aunque, la verdad, creo que no le gustó nada la petición.-dijo la joven.

Yo me mantuve en silencio mientras descendía, aún reflexionando sobre el importante detalle del que me había percatado conversando con Orel, minutos atrás. ¿Cómo podía ser posible que dos culturas desarrolladas paralelamente fueran tan similares? Pronto conseguí elaborar una hipótesis: aún cuando había visto cualquier cantidad de criaturas con mas bien poco en común con los humanos, estos últimos habían constituido la mayoría de quienes me había encontrado hasta el momento. Eso decía mucho: era evidente que por lo menos esta parte de la ciudad estaba dominada por ellos. No era razonable pensar que todo pudiera deberse a la genética. Después de todo, los propios humanos teníamos importantes diferencias culturales entre unos y otros en mi mundo, y no había razón para creer que el cuerpo astral-que evidentemente era el tipo del que se componían mis cercanos, ya que caso contrario no se explicaba que ellos pudieran interactuar con el mío-tuviera siquiera ADN. Y sin embargo, todo esto no podía ser un accidente. Pero...¿Y que tal si los que vivieron en mi mundo antes, mantuvieran algún tipo de memoria, de carácter inconsciente, que les llevara a construir estructuras similares? Sí, eso tenía que ser. O, por lo menos, no disponía de una explicación mejor.
Al llegar a la planta baja, caminamos hasta la entrada. Esta vez, la calle lucía oscura, iluminada sólo por farolas y la luz que emanaba de las ventanas de edificios cercanos. A algunos metros de distancia, se encontraba el sitio de la explosión. Una cinta roja separaba a la gente del epicentro de la misma.
Al mirar hacia arriba, di con un gran cielo totalmente negro. Ni estrellas, ni una bella luna como la terrestre daban cobijo aquí. En su lugar, un aterrador vacío infinito, impenetrable.
Pensé en qué habría sido de los antiguos habitantes de este mundo, si es que acaso este  tenía procesos históricos comunes con la Tierra. Pensé en el miedo, en la oscuridad mas absoluta fuera de sus refugios, en los misteriosos ruidos en la noche. Y, por un momento, se me hizo difícil imaginar una tortura psicológica más terrible.
Ahora, Orel nos guiaba en la dirección contraria a la del parque, hacia una parte del barrio que desconocía. Caminamos una cuadra, dos, tres, hasta finalmente encontrarnos con tres automóviles estacionados uno detrás de otro, todos de color negro, como los utilizados por los jerarcas del Partido para actos públicos.
Una vez allí, mis acompañantes comenzaron a subir a los vehículos. Orel y yo fuimos los últimos en hacerlo, ella en el asiento delantero, y yo justo detrás, acompañado por Dero y Jan.
La joven dio las debidas instrucciones al conductor, y comenzó el viaje. No tardé en notar, al ver por la ventana, que Ava se había quedado atrás. Iba a comentárselo a los demás, cuando la vi extender sus alas, y elevarse rápidamente hacia el cielo. Visto lo visto, sencillamente guardé silencio. No había nada que decir.
Tardamos algo más de veinte minutos en llegar a destino. Pude notar como, a medida que nos alejábamos del edificio principal, el entorno se degradaba poco a poco, trastornándose en prácticamente una copia del barrio bajo en que había aparecido al llegar aquí.
En algunas zonas, de hecho, apenas había iluminación, lo que propiciaba un adecuado escondite para las prostitutas y sus clientes.
Finalmente, cuando ya estábamos a pocas cuadras del lugar indicado, Orel sacó su teléfono, y en una breve llamada dio indicaciones para detenerse de forma estratégica. Era lógico: no era conveniente que el señor Cáser notara nuestra presencia, y escapara sin que pudiéramos hacer nada.
Para estas alturas, eran ya las nueve y veintisiete de la noche, como pude constatar en una pantalla cerca del volante del automóvil. Me llamó la atención el hecho de que este detalle fuera también similar a la vida en mi mundo, pero pronto me di cuenta de que eso no debía sorprenderme: si Dios o quien sea quería castigar a alguien ¿Que mejor forma de hacerlo en el mismo entorno en que los pecadores habían cometido sus crímenes? ¿No era este acaso el método más elegante?
Mis pensamientos fueron interrumpidos por las palabras de Orel.

-Ahí está.-dijo, de forma repentina. Yo dirigí mi vista hacia adelante. En frente del automóvil, a unos cuantos metros de distancia, un hombre vestido con un traje negro bajaba de un elegante vehículo blanco. El hombre lucía de unos treinta y cinco años, aunque probablemente sería bastante mayor, y llevaba un gran portafolio. Pronto caminó hacia la puerta de la casa mas cercana, y tocó para ser recibido por su esposa, una mujer rellena y de rostro amigable, y sus dos hijos. Cuando me percaté de lo que estábamos por hacer, sentí lástima y un poderoso impulso de frenarlo. Sin embargo, siendo obvio que no iba a lograr mucho, preferí callar, al menos en ese momento.
El tipo entró a la casa, y en cuanto lo hizo, comenzó la operación. Orel tomó su teléfono y envió un mensaje al resto de sus compañeros, para ordenar a continuación que saliéramos de nuestro escondite.

Una vez fuera, esperamos durante algunos segundos a que los demás se acercaran. Ava no tardó en aparecer, descendiendo a algunos metros de distancia. En cuanto todos estuvimos reunidos, comenzamos a caminar hasta la entrada de la casa. Para este punto, el remordimiento me ganó, y terminé adelantándome para tratar, cuanto menos, de suavizar lo que venía.

-Orel...¿Estás segura de esto?-le pregunté-Quiero decir, este tipo tiene dos hijos pequeños.

-Mejor, así se cuida más la próxima vez.-me respondió, para mi sorpresa.

-¿No estarás pensando en...?

-No, claro que no. No soy un monstruo, y Akim odiaría eso. Sólo, quizá, haga que los niños estén presentes en la operación.

-¿Qué?-yo sabía perfectamente lo que una experiencia así podía causar en un niño-Orel ¡Los traumarás de por vida!

-Bah, no exageres ¿O acaso crees que no me pasó a mí también? ¿Por qué crees que mis padres tuvieron que huir?-esas palabras me causaron más lástima que otra cosa.

-¡Pues con más razón!-insistí-¿Vas a...?

-Shhhh.-me calló, una vez que estuvimos lo bastante cerca de la puerta. Ella tocó el timbre cercano, y no tuvimos que esperar mucho antes de que la mujer del pobre desgraciado que había despertado la ira de Akim nos abriera. Al hacerlo, sonreía alegremente, cosa que cambió de forma repentina al vernos. Era evidente: la pobre sabía para quién trabajábamos.-Hola ¿Se encuentra el señor Cáser? Necesitamos hablar un momento con él.-dijo Orel, cínicamente.

La mujer volteó por un momento, para luego responder, titubeante:

-N...no. Está en un viaje de negocios.-mintió, con la tenue esperanza de que le creyéramos.

-¡Ja, ja, ja!-rió la joven-Señora, no me mienta. Lo vimos entrar hace algunos segundos.

-¿Billa?-dijo una voz masculina tras de ella, que pronto se reveló como el hombre a quien estábamos buscando. Al vernos, el sujeto se quedó paralizado. Pocos segundos mas tarde, desde la puerta de su cocina, salieron los dos pequeños que había visto antes, de no más de diez años el varón, y de unos siete la niña.

Inmediatamente, Orel entró empujando a la ama de casa, siendo seguida por los demás.

-¡Oiga! ¿Qué está...?-se quejó la dama mientras caminaba detrás de ella. Volteé por un momento, justo para ver como Ava aprovechaba su distracción para cerrar la puerta con la misma llave con que se la había abierto, para luego sacarla del cerrojo y guardarla entre sus ropas, dejando a la familia atrapada en su propia casa.

La muchacha se avalanzó sobre el señor, que en vano intentó defenderse de quien se reveló como una persona entrenada en cuanto al combate cuerpo a cuerpo. En pocos movimientos, ella lo sometió y, sacando un par de esposas de su bolsillo, lo inmovilizó. Para este punto, el hijo de la pareja nos miraba con la boca abierta, mientras que la niña gritaba, a punto de llorar. En su desesperación, la pequeña empezó a gritarle a Orel, quien ni siquiera reaccionó mientras ordenaba a sus subordinados que llevaran a todos a la cocina. La mujer, aterrada, intentó gritar, siendo rápidamente detenida por Gom con una mano sobre su boca. Fue él quien, usando una estrategia similar, la llevó sujeta por ambos brazos hasta donde su jefa se lo había mandado.
Mientras tanto, Ava tomó al muchacho con uno de sus brazos, levantándolo, mientras, como los demás, lo callaba de la forma más rápida. Jan hizo lo propio con su hermanita poco después.
Orel se encargó personalmente de colocar al sujeto en una silla, junto a su esposa. Dero utilizó un pañuelo de tela colocado sobre la mesada de la cocina para amordazar a esta última.

-¿Por qué nos hacen esto?-preguntó el hombre.

-No te me hagas el inocente, Jara. Sabemos que estuviste pasándole data a Derden Skapia, y adivina qué: no estamos muy felices al respecto.-respondió la chica, con una voz suave y relajada.

-¿Qué?-insistió el tipo-¡No! ¡Lo juro!

-No me mientas. Detesto que lo hagas, y supongo que no querrás hacerme enojar...

Yo contemplaba la escena, entre apenado y horrorizado. Era razonable que Barken Leddis quisiera proteger su inversión, pero estos métodos eran crueles en exceso. Simplemente, no era necesario hacer todo frente a una pobre familia que con toda seguridad nada tenía que ver con la avaricia de su proveedor. Lo que más me rompió el corazón fue, sin embargo, ver las lágrimas de ambos niños, especialmente de la mas pequeña, mientras su padre le rogaba a Orel que los sacara del lugar.
En un momento dado, la niña mordió el dedo de Jan, y aprovechó su descuido para dar un grito de auxilio, causando la ira de la joven.

-¡Cállate!-le gritó, mientras le daba una fuerte bofetada. En ese punto, ya no pude contenerme más:

-¡Basta!-exclamé, asqueado-Orel, no puedes hacer esto. ¡Saca a los niños de aquí! ¡Ellos no han hecho nada!

La chica me miró, con un rostro de sorpresa, para luego acceder a mi petición.

-Está bien. Ava, Jan, llévenselos.

Ambos obedecieron, saliendo de la habitación lo más rápido que pudieron, con los niños aún en brazos. Yo me quedé, aunque no por mucho tiempo.

-Gracias...-me susurró el hombre, poco antes de que la joven continuara su  interrogatorio.

-Y dime...¿Quién te convenció de traicionarnos?-preguntó, mientras daba vueltas de un lado a otro de la habitación, cual policía en película mala del siglo XX.

-Ya te dije que no hice nada.

-Vamos, Jara, no insistas. Si lo haces, esto sólo va a ponerse peor para ustedes...

-Por favor, déjennos en paz...somos inocentes, lo juro.

Orel tomó una silla y la colocó frente al sujeto, sentándose en ella de tal manera que quedó apoyada sobre el respaldo de la misma, mirándolo cara a cara.

-Vaya, tu sí que eres insistente...hummmm ¿Qué tal si hacemos un trato? Mira, Akim no quiere que les haga daño, pero si me veo obligada a ello, lo voy a tener que hacer. Tú sólo dime todo lo que sepas, y me iré sin más. No queremos ratas en esta organización.

El tipo pareció considerarlo durante un momento, para luego, sin embargo, guardar silencio.

-Prometo asegurarme de que no sufran represalias ni nuestras ni de ellos.-continuó la muchacha, intentando tentarlo.

Esperaba para ese punto que, finalmente, Jara cediera. Era una oferta bastante jugosa como para rechazarla. Sin embargo...no lo hizo. En su lugar, oímos la puerta tras de nosotros abrirse.

-Orel, quizá quieras ver esto.-dijo Ava.

La señorita volteó, para luego levantarse de su asiento.

-¿Que pasa?

-Eso mismo me pregunto...-respondió la mujer alada, enigmática.

Ambas procedieron entonces a abandonar la habitación. Movido por la curiosidad, decidí caminar tras ellas, dejando en el cuarto a los demás. Al volver a la sala, me encontré a Jan sentado en un sofá, con los dos niños dormidos junto a él. Me pregunté por un momento que había hecho, sin embargo, parecía obvio que los había drogado. Orel y Ava se desviaron a la izquierda, hacia un pasillo que llevaba a una especie de oficina.

-Estuve husmeando en la computadora, y me encontré con un archivo algo extraño. Es una especie de código, formado por letras y números. Creo que debe tener que ver con esto.-se explicó Ava.

-Seguramente...-respondió su joven jefa.

Al llegar a la habitación, ambas se movieron tras el escritorio principal, sobre el cual había un gran aparato, una computadora similar a las que habría visto mas de una vez en las oficinas de mi universidad. Fue recién entonces que notaron mi presencia.

-Oh, Emker, me asustaste-exclamó Orel.

-Lo siento.-me disculpé-Es sólo que...me dio curiosidad...

-Mejor vuelve a la cocina.-me mandó Ava, de una forma poco educada.

-No, que se quede. Puede sernos útil.-la contradijo su compañera.

Me acerqué entonces para colocarme detrás de ellas. En la pantalla del aparato, se podía ver un largo texto sobre un fondo azul. El mismo constaba de un conjunto de puntos, dispuestos de forma aparentemente errática. En la  parte más baja de la pantalla, por su parte, aparecía la opción para responder.
Orel miró al texto durante algunos segundos.

-¡Ja! Ahora sí que no me puede decir que no oculta nada.-dijo, para luego volver hacia la cocina a toda velocidad.

Yo y Ava caminamos tras ella, tan rápido como vinimos.

-Muchachos, nos vamos. Y nos llevamos a esta gente con nosotros.

-¿Qué?-preguntó el padre de familia, antes de que la chica tomara su teléfono, proponiéndose a hacer una corta llamada.


sábado, 1 de junio de 2019

Infierno VII

VII

Al llegar, caminamos hasta un banco cercano, donde tomamos asiento. Sobre nosotros, los ramas de las palmeras ondeaban ligeramente, con el viento. Nos mantuvimos en silencio durante varios minutos, ante la ausencia de un tema de conversación. Siempre odié los silencios incómodos, con lo que rápidamente empecé a buscar uno, hasta que, finalmente, lo encontré:

-Oye...¿Cuál es el problema con Lor?

-¿Lor? ¿Qué pasa con ella?

Me quedé paralizado. A decir verdad, había preguntado sólo por tener algo de lo que charlar. Sin embargo, logré improvisar una respuesta:

-Pues...he notado que tienen una relación algo hostil.

-Ah, sí. Me odia. La verdad, no tengo idea de por qué. No recuerdo haberla tratado mal.

-Entiendo. A veces pasa, supongo. Gente a la que por alguna razón  no terminas de agradarle.

-Es una niña con un pasado algo trágico. Escapó de su casa con diez años. Sus padres querían entregarla a un depravado a cambio de dinero. Después de eso, vivió en la calle durante meses, prácticamente sola, antes de entrar a trabajar como limpiabotas. Por casualidad, entró a escondidas en el territorio de Barken Leddis, y ahí fue donde Akim la encontró a las afueras del edificio, ofreciendo sus servicios.-me explicó-No le gusta hablar de eso. Akim me dijo que tuvo experiencias muy desagradables antes de llegar. En fin, por eso prefiero no enojarme con ella. Por más que a veces se comporte como una imbécil.

-Es comprensible.-le respondí-Pero veo que te llevas bastante mejor con las otras dos chicas.

-Sí. El caso de ellas es diferente. Sus propias familias se las dieron a Akim para que las cuidara, al no poder alimentarlas. Aún recuerdo cuando las trajeron. Foma fue la primera. Estaba llorando, tenía por aquél entonces unos seis o siete años, y no quería separarse de su familia. Nos costó hacerle entender que eso era lo mejor para ella, pero al final, con el paso del tiempo, terminó siendo mi mejor amiga. Es muy madura para su edad, y muy inteligente.
En cuanto a Kili, tenía doce cuando llegó, y desde el principio congeniamos muy bien. Es una chica dulce, aunque, como yo, tiene una relación algo turbia con Lor.

-¿Hay alguien con quien esa chica se lleve bien?-pregunté, en un tono irónico.

-Sí, con Akim. Aunque a veces, ni ella la soporta. Generalmente es una cretina con todos, aunque cuando está ella se modera. Sospecho que es porque tiene miedo de que la eche.

-Es una lamebotas, en pocas palabras.

-Sí, digamos. Pero la verdad es que Akim no está dispuesta  a expulsarla. Estoy segura de que nos quiere, aunque la principal razón es que quiere que nosotras la amemos de vuelta. Es una mujer muy complicada. No confía prácticamente en nadie, y por eso es cruel con la gente a su alrededor. Quiere que le tengan miedo.

-¿Ella te lo dijo?

-Me di cuenta con el tiempo. Se comporta así con cualquiera que vea como una potencial amenaza, aunque a nosotras siempre nos trató muy bien. A nosotras, y a Naama.

-¿Quién es Naama?

-Su tía. Ella la crió después de que sus padres cayeron. Es la única persona a la que le cuenta sus asuntos más privados.

-Sí, algo me había comentado.

-Es una mujer mucho mayor que ella. Tiene 120 años, y fue quien se encargó de protegerla, y de dirigir la organización hasta que cumplió 17. Si no hubiera sido por ella, probablemente la hubieran capturado pocos meses después de sus padres. Es una persona muy inteligente, muy preparada en el área, pero por alguna razón no le gusta destacarse. En su lugar, se dedica a aconsejar a Akim cada vez que lo necesita. Ella la admira, y le da todos los lujos que puede darle en agradecimiento.

-Wow, ha vivido mucho.

Ella me miró, otra vez con esa mirada de sorpresa con la que cada tanto me estudiaba:

-Es joven. Muy joven, de hecho.

-¿Ah sí?

-Eh...sí. He conocido gente con una edad de varios miles de años. La mayoría viven hacia el centro de la ciudad. Dero tiene 150.

La mirada que le devolví le causó una reacción que no hubiera esperado:

-¡Mierda!-exclamó, frustrada-De todos los tipos que mandó Akim para evaluarme, tú eres el peor.

-¿Qué?

-¡Así es, lo sé!-gritó, levantándose del asiento.-¡Sé que te contrató para espiarme! ¡Siempre lo supe! No sé porqué lo hace ¡La mayoría de mis misiones han sido exitosas!

-¿De qué estás hablando?

-No te hagas el tonto: cada tanto manda a alguien como tú, pero nunca son tan raros. Ella piensa que sigo siendo una niña, que necesito que me cuiden. No es así ¡Puedo patearle el trasero a cualquier guardia de Derden Skapia!

-¿Qué es Derden Skapia?

-¿¡Podrías dejar de fingir que no sabes nada!? Es irritante.

-Mira, te juro que no sé de que estás hablando. Aneu me trajo aquí y me dijo que buscara a Akim Hedeon. Yo sólo quiero encontrar lo que vine a buscar e irme a casa. ¿Sí?

-¿Y que es lo que viniste a buscar?-preguntó, ya mas confundida que enojada. Para ese punto, ya estaba harto de sus miradas de extrañeza, de su insistencia, de tener que guardarme lo que sabía.

-Mira, no soy de aquí ¿Sí? Soy de otro mundo. De la Tierra. Estoy buscando a mi novia...

-¡Ja, ja, ja, ja!-empezó a reír la muchacha-En serio ¿No pudiste inventarte algo mejor?

-Puedo probarlo. Sólo necesito hablar con Aneu, él te lo contará todo.

-¿Qué, él también es un rúvel?-me preguntó, sarcástica. El término que acababa de usar era equivalente al de alienígena en mi mundo.

-Pues, algo así...¿Por qué crees que no puedes reconocer su raza?-ella me miró, quizá dudando por un segundo, para luego, sin embargo, volver al estado anterior:

-En serio, estás completamente loco. Ya me cansé: vamos a volver al edificio y voy a confrontar a Akim. No puede hacerme esto, es humillante. Es ridículo.

A continuación, me tomó del brazo y empezó a arrastrarme para que la acompañara. Cuando ya me había llevado unos cuantos metros lejos del asiento, escuchamos una voz tras de nosotros, que no tardé en reconocer:

-Ya cálmense tortolitos.-dijo alguien a nuestras espaldas.

 Al voltear, cómodamente sentado en donde nosotros lo habíamos estado segundos atrás, vimos nada más y nada menos que a Aneu, con su trajecito de cada vez, y una mirada seria, que pronto derivó en una sonrisa. De inmediato, nos quedamos paralizados , especialmente ella. Volteé a verla durante unos segundos. Su cara de sorpresa era mayúscula. Se la veía confundida, incluso algo asustada.

-¿Y tú de donde saliste?-preguntó al final. La criatura esbozó una sonrisa, para luego decir:

-Bueno, esa es una historia algo larga de contar.

-¡Aneu!-grité-¿Donde estabas?

-Esa también es una historia larga de contar. Pero bueno, no vine a hablar de mí. Sólo quería decirte, Orel, que no te deshagas tan rápido de nuestro amigo. Se te aproxima la aventura más emocionante que hayas vivido jamás. Y ambos sabemos que eso es mucho decir.

-E...espera.-dijo ella-¿Que está pasando? ¿De qué estás hablando?

-Oh, creo que Emker estará mas capacitado que yo para explicar esto. ¿O no es así, mi querido amigo?

Ambos posaron entonces sus miradas sobre mí, el uno con su característico cinismo, y la otra con confusión y, sospecho mientras escribo estas líneas, algo de miedo.

-Ahora sí que me debes una explicación.-me dijo ella, sin despegar su vista de mi rostro.

-Sí, se la debes.-acotó Aneu, sonriente.

Me quedé sin habla durante algunos segundos, tratando de hilar una buena respuesta. Sin embargo, la presión de la situación me hizo lanzar al aire lo primero que se me ocurrió:

-Pues...yo...como te dije, no soy de aquí. Vengo de otro mundo, un mundo que es una preparación para este. Ahí es donde vive la gente antes de venir aquí. O...bueno, al menos algunos.

-¿Qué?-respondió, totalmente incrédula.

-Te lo dije: es una historia muy, muy extraña. La más extraña que vas a escuchar nunca.

-¡Ja!-se rió, más por nervios que por otra cosa-¡Esta Akim, no sabía que tenía tanto sentido del humor!

-¡Ja, ja, ja!-la siguió Aneu-Ojalá fuera una broma...

El silencio que siguió a estas palabras borró cualquier rastro de alegría en el rostró de Orel. Ahora, lucía tan confundida como antes.

-Ya basta. No voy a seguir siendo víctima de este juego-dijo, mientras se alejaba a paso veloz. Yo la seguí, y, al alcanzarla, me gritó:-¡Ya déjame en paz! Miren, no sé porqué Akim está haciendo esto, pero ya basta, no es divertido.

-Akim no tiene nada que ver en esto. Pero no te culpo: ella sentía lo mismo que tú el día en que me conoció.-intervino Aneu, sólo para confundirla más-Mira, no voy a presionarte. Sólo te diré algo que te será útil: cuando estés en la esquina anterior al edificio, no olvides prestar atención al sujeto del abrigo rojo. Y por nada del mundo te cambies de acera cuando veas al vagabundo, no importa lo que te diga ¿Sí?

Acto seguido, ella caminó hacia atrás, y luego se volteó, dejándonos solos.

-No la sigas.-me dijo Aneu, cuando pensé en hacer exactamente eso-Necesita un tiempo para reflexionar.

Acto seguido, colocó una mano sobre el asiento, invitándome a sentarme. Yo obedecí, y a continuación comenzamos a conversar.

-No sé porqué presiento que lo arruiné todo.-le dije, algo frustrado por todo lo que acaba de pasar.

-Nada mas lejos de la realidad.-me respondió él, dándome una palmada en la espalda-A veces, las mejores historias se dan por casualidad.

-¿Y qué se supone que va a pasar ahora?-pregunté.

-Será mejor si te dejo descubrirlo.-me respondió.

-Hummmmm...pero ¿Cómo se supone que voy a encontrar a Lara en un lugar tan gigantesco?

-Paciencia, mi querido. La encontrarás. Es cosa de tiempo.

-¿Y eso mas o menos cuando pasará?

-No pasará si te lo digo. Créeme.

-¿Tienes idea de lo desesperante que es esta situación?-le dije, algo exasperado.

-¡Ja, ja, ja! Esa sí que es una pregunta tonta, amigo mío.

Reparé tras un instante en lo que había dicho: sí, era verdad. Estaba hablando con un ser al parecer omnisciente, después de todo.

-Pero no te culpes, he visto peores. Una vez, pacté con una joven darle lo que podríamos llamar una segunda oportunidad. Ni cinco minutos pasaron del acuerdo, y la pobre ya estaba a punto de llorar del miedo. ¡Ja, lo hubieras visto!-dijo, con una sonrisa casi psicótica. Yo lo miré, esta vez con unos ojos diferentes: aunque al principio me había parecido un ser algo loco, pero simpático, ahora era evidente que padecía de una grave falencia en el área de la empatía.

-¿Y que pasó luego?

-Esa es una historia larga que te contaré otro día. Por ahora, creo que deberías relajarte un poco y confiar en mi. Ya tendrás tiempo de preocuparte.

-¿A que te refieres?-le pregunté, intrigado.

-Otra vez, creo que será mas divertido si te dejo a averiguarlo por ti mismo.-dijo, con su ya odiosa sonrisa.

-Ya sé como se sintió Orel...-reflexioné, algo apenado por ella, aunque no arrepentido: después de todo, era lo mejor que podía hacerse en mi situación.-A propósito ¿Por qué no viajé durante la...?

Mis palabras fueron repentinamente interrumpidas por una fuerte explosión, a no más de dos calles de distancia, en la misma dirección por la que había llegado hasta donde me encontraba. Mi primera reacción fue mirar hacia allá, siendo incapaz de ver el centro de la misma.

-¿Que dia...?-dije, al ver a la gente correr alejándose de allí.

-Tranquilo, no es nada grave. Sólo veinte heridos y nadie que conozcas entre ellos.

-¿Qué pasó?

-Un pobre desgraciado psicológicamente destruido por Derden Skapia intentó hacer volar la entrada del edificio central de Barken Leddis. Desafortunadamente para él, lo pillaron poco antes, y tuvo que explotar a pocos metros de ahí.-me explicó, sin renunciar en ningún momento a su tono relajado-

-¿Qué es Derden Skapia?-pregunté, esperando al fin una respuesta.

-La organización rival de Barken Leddis.-me respondió-Tranquilo, Orel está bien. Siguió mis instrucciones, y ahora está corriendo, subiendo las escaleras, para conversar con Hedeon. En breve se encontrarán, para su tranquilidad, y se verá obligada a contarle muchas cosas.

-¿Como qué?-le pregunté.

-Su historia conmigo, lo que sabe de ti, etcétera. Ese va a ser todo un shock para ella. Al principio, va a pensar que su madre adoptiva está loca, pero tras reflexionar un poco, va a terminar por creerle. En fin, te dejo.-dijo, mientras se levantaba del asiento-Tú quédate aquí. Va a volver en algunas horas.

-¿Hay algo más que me convenga saber?-le dije, antes de que se alejara.

-No por ahora. Sólo no olvides ser totalmente sincero con ella. Te será útil a largo plazo.

Y acto seguido, procedió a alejarse lentamente, en la dirección contraria a la del humo, hasta perderse al doblar una esquina.
A continuación, me quedé ahí, sólo, durante alrededor de dos horas y media. Cada tanto, me levantaba para dar una vuelta por los alrededores, sólo para constatar como estos poco a poco se llenaban de curiosos, atraídos por el ruido como de campanas que emanaban  de unos grandes automóviles, que iban y venían del epicentro de la tragedia. Al verlos, me recordaron a máquinas de tiempos pre-bélicos, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Poco a poco, la gente se disipó, y yo me quedé ahí, sentado. Ocasionalmente sentía la tentación de volver al edificio, pese a lo cual preferí hacerle caso a Aneu, y esperar.
Finalmente, cuando ya empezaba a pensar en recostarme en el asiento y dormir un poco, la vi aparecer a la distancia, acompañada de dos guardias armados, que la escoltaban hasta donde yo estaba. Ella me señaló con el dedo, como indicación para sus hombres, y aceleró el paso hasta llegar.
En cuanto estuvieron lo bastante cerca, me paré y los esperé.

-¡Hola!-me saludó, levantando la voz para que pudiera escucharla.

-Hola. ¿Que sucedió?-pregunté, nuevamente como formalidad.

-Te lo explicaré luego.-me dijo, invitándome a seguirla-Ahora, tenemos que volver al edificio. Necesito que hablemos.

Comencé entonces a caminar tras ella, para abandonar el parque poco después. Apenas lo  hice, pude ver a un par de cuadras la destrozada entrada de uno de uno de los edificios al frente del que había abandonado horas atrás. Al parecer, el estallido se dio en la puerta de una cafetería.

-¿Por qué te acompañan estos hombres?-la interrogué, con curiosidad.

-Akim insistió. Quería asegurarse de que estuviera a salvo.

La respuesta me provocó algo de ternura. Era interesante cómo una persona cuya actividad sería castigada con la ejecución en mi mundo podía amar tan maternalmente a alguien.
En cuanto entramos al edificio, comenzamos a caminar velozmente por las escaleras, hasta llegar a las habitaciones. Una vez allí, ella abrió la puerta de la 101, y ordenó a lo dos guardias retirarse.
Al abrir, me encontré con Foma y Kili merendando en el comedor. Ambas se dirigieron a su compañera, preguntándole si estaba bien.

-¡Creímos que te había pasado algo!-dijo Foma, algo molesta.

-¡Sí! Encima, ni te molestaste en atender el teléfono.-intervino la otra.

-Perdón ¿Sí? Estaba conversando con Akim. Fue...pasaron muchas cosas. Prometo que no volverá a pasar.

Orel me invitó a pasar, y una vez dentro, cerró la puerta tras de sí, y me dirigió hasta su habitación.

-Por favor. Me preocupé, en serio.-la regañó Foma.

Cuando abrió la puerta, me encontré con un cuarto finamente amueblado. Una gran cama en el centro, cubierta con una frazada blanca. A su lado, una mesita de noche, y del otro, un enorme ropero.
Las paredes eran de color blanco, y, al entrar, me encontré con una gran pantalla negra en la pared frontal. Ella nos encerró en el cuarto, para luego sentarse en la cama, invitándome a hacer lo mismo.
En cuanto lo hice, comenzó a hablar, comenzando por la ya predecible disculpa:

-Oye, perdona por el berrinche. Estaba algo irritada por tanto secretismo, mas con Akim que contigo. Es que, de verdad, ya estoy harta de que me sobreproteja tanto. Tengo 21 años. Pero ella sigue pensando que tengo 12.

-Sucede.-le respondí, sin tener mucho más para decir-¿De qué querías hablar?-pregunté, con el fin de acelerar la conversación. Ella se quedó callada durante varios segundos, antes de suspirar, y finalmente decir:

-Ay...la verdad, no sé por donde empezar. Lo que me dijo tu amigo me salvó de un destino terrible. Es decir, si no me hubiera advertido sobre no evitar al mendigo, hubiera acabado seguramente paralítica después de tamaña explosión.

-¿Que pasó?

-Cuando venía hasta aquí, sucedió todo lo que Aneu dijo. El mendigo, el tipo vestido de rojo, todo. Cuando la explosión se produjo, quedé aturdida durante varios segundos, antes de reaccionar y levantarme. Corrí adentro, y me dirigí a la oficina de Akim, para abrir la puerta sin preguntar. Después de lo que había pasado, estaba confundida, y desesperada por respuestas. La encaré. Al principio simuló que no sabía nada, pero luego le expliqué lo que había pasado, y tuvo que contarme todo. Me dijo cómo conoció a Aneu, y luego de donde saliste tú. Al principio, pensé que todo era algún tipo de broma, o que habían perdido la cabeza, pero después de pensarlo un poco me di cuenta de que no, era imposible. Eran demasiadas casualidades.

-¿Entonces ahora no te parezco un demente?

-No. Es más, ahora todo tiene sentido...o bueno, mas que el que tenía antes.

-¿A qué te refieres?

-Pues...siempre me pregunté muchas cosas sobre este mundo. La mayoría de la gente no se para a analizarlo, pero todo parece diseñado para torturarnos. Es como si los dioses nos estuvieran jugando una broma pesada. Pero ahora, todo se ve mucho más lógico....aunque también más desagradable. Quiero decir, me sentía mejor creyendo que las cosas podían mejorar. Ahora, tengo ganas de desaparecer.

-Te entiendo...-le respondí, reflexivo. Siempre había sido de la idea de que la esperanza es un mal, que condena al hombre a persistir aún cuando no siempre hay luz al final del túnel. Pero en un mundo en que la muerte no existe, es evidente que esta es la única que puede darnos cierta felicidad.

-Mira, estuve pensándolo, y creo que te voy a ayudar en lo que viniste a hacer. Pero a cambio de una condición.

-¿Cuál?-pregunté, expectante.

-Que convenzas a Aneu de sacarme de aquí. Quiero una segunda oportunidad. Quiero hacerlo bien esta vez.

-Está bien.-contesté tras pensarlo un poco, y no sin algo de culpabilidad. Sabía que bien podría no obtener su aprobación, pero necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener.

-Gracias. Voy a hacer lo posible para que no te arrepientas. Como sea, Akim me dio los datos básicos sobre lo que tenemos que hacer esta noche. La dirección, el nombre del tipo, y a lo que se dedica. Es un tal Jara Cáser, y es uno de los distribuidores de nuestros productos de mejor calidad. Parece que estuvo pasando datos sobre su elaboración a Derden Skapia, y quiere que le hagamos una visita...

-Ah...-fue mi breve y concisa respuesta. No había mucho que decir.

-Preferí no decirle nada a las niñas. No quiero asustarlas y que me vean como una loca.

"Bienvenida a mi mundo", pensé al escucharla.

-Aún así, disculpa por lo que te voy a pedir, pero no quisiera irme sin ellas. O al menos, sin tres de ellas.-dijo, antes de reír discretamente. Yo no compartí su risa.

-Mira...lo siento, pero no creo que Aneu quiera o siquiera pueda sacar a tanta gente.-me sinceré-Voy a intentar convencerlo de que te haga salir, pero tienes que entender, es muy arriesgado. Los condenados no son los únicos habitantes de este mundo. Esos azazel no van a dejar que haga tamaña cosa tan fácilmente.

Su rostro se tornó entonces en una mirada confusa, levantando ambas cejas.

-¿Entonces son reales?-me preguntó, causándome una sensación similar a la que su rostro delataba.

-Pues, sí.-le respondí-Son tan reales como tu o como yo. Supuse que ya lo sabrías...

-Son una leyenda de este lado. Se dice que persiguen a quienes estudian la magia. Pero nunca creí en ellos, la verdad.

-Yo tampoco creía en infiernos ni paraísos antes de que Aneu apareciera, así que creo que estamos a mano.-respondí, tratando de empatizar con ella. Ella sonrió, comprendiendo la situación.

-Como sea, salimos a la medianoche. Ahora, tenemos que ir a reunirnos con mi facción. Quieren conocerte.

A continuación, ambos nos levantamos de la cama, y ella abrió la puerta. Al salir, se dirigió a sus compañeras, advirtiéndoles de que iba a volver tarde, que tenía una misión nueva.

-Espero que esta vez no lo arruines.-dijo Lor, quien se había recostado en el sofá de la entrada, viendo lo que reconocí inmediatamente como una pantalla de televisión, de las que había en la Tierra antes de la guerra.

-¿Como tú en cada almuerzo?-respondió rápidamente Orel, dejándola callada. Las otras niñas se rieron de la situación.

-Eso fue duro...-dijo Foma, quizá con algo de lástima.

-No puede conmigo.-contestó Orel, mofándose de su victoria-Bueno, las veo mas tarde.

Abrió entonces la puerta y ambos salimos. Cuando la cerró tras de sí, reanudamos finalmente nuestra conversación.

-¿Por qué te manda Hedeon a estas misiones?-pregunté.

-Son misiones de entrenamiento. Ella quiere que aprenda a trabajar en el terreno, aunque tampoco desea ponerme en riesgo. Por eso suele enviarme a misiones simples y de poco peligro.

-Entiendo.

-De todos modos, no se ahorra cada tanto enviar a un mercenario bien entrenado para que me cuide. Creía que no me daba cuenta. De verdad se sorprendió cuando se lo eché en cara.

-¿Y a qué crees que se deba eso?-dije, por curiosidad.

-Pues...creo que soy algo así como su hija predilecta.-me respondió, confirmando la primera de las opciones que había barajado-No me gusta reconocerlo, la verdad...pero lo cierto es que sí, me consiente mucho. Cosa que todo el mundo me recuerda.

-Y es comprensible. No todos tienen el privilegio de ser la consentida de una persona con ese poder.

-Sí...aunque no siempre es tan agradable. No me dejó salir sola del edificio hasta que cumplí 17 años. Le daba miedo que me sucediera algo.

-No es para menos, a decir verdad...-le respondí, sincero.

-Y no. Pero aún así es frustrante. Cuando era niña, solía acompañarla en sus viajes de negocios. Una sola vez nos atacaron, y desde entonces estuve confinada  a este lugar.

-Y dime ¿Es correspondido su afecto?

-Sí. La verdad, es como mi madre. Al principio, después de que me adoptó, me daba algo de miedo. Me intimidaba su poder, la idea de que podía hacerme cualquier cosa de así quererlo. Sin embargo, me di cuenta de que su fama de persona cruel y temible, aunque merecida, no la refleja del todo. Ya te lo dije: ella es una mujer dulce y cariñosa con quienes no ve como un peligro. Pero es por otro lado bastante...paranoica.  Y no es para menos. Cada tanto, Derden Skapia captura a algún pobre desgraciado, y las cosas que les hacen te darían escalofríos. ¿Te imaginas lo que podrían hacerle a ella si cayera en sus manos?

-Wow...no me imagino como puede alguien aguantar tanta presión.-reflexioné.

-Es una mujer muy fuerte, pero también muy orgullosa. No le gusta reconocer que tiene miedo, aunque tampoco es muy buena para ocultarlo. Recuerdo cuando ellos atacaron la ciudadela hace años. Ambas estábamos viajando en automóvil, ya casi llegando al edificio, cuando empezaron a escucharse ruidos de disparos a la distancia. De inmediato, el teléfono de Akim sonó. Era Naama, preocupada, preguntándole dónde estaba. "¿Qué está pasando?", preguntó ella. Se quedó helada al escuchar la respuesta, para luego exigirle al conductor que acelerara, y abrazarme con fuerza. Estaba en estado de pánico. Se notaba en su rostro, en su actitud. Al final, llegamos y ella habilidosamente, y calmante de por medio, logró improvisar una estrategia y repelerlos. Aún así, la noté muy tensa el resto de la semana. Desde entonces, incrementó sus medidas de seguridad. Prohibió el uso de teléfonos personales en el territorio de Barken Leddis, y los pocos que tenemos ese lujo somos monitorizados constantemente.

-Entiendo.-le respondí. A decir verdad, me sorprendía que aún no se hubiera vuelto loca. Era evidente que, si la atrapaban, iba a estar condenada a un sufrimiento sólo limitado por lo que quisieran sus captores. Sí, definitivamente valía la pena hacer lo que fuera necesario para escapar de tamaño destino.-¿Y porqué no trata de...salir del negocio?

-No puede. Se ha ganado muchos enemigos, y si lo intenta lo probable es que acaben por cazarla tarde o temprano. Se siente mas segura rodeada de mercenarios...aunque eso no debería sorprenderte.

Para este punto, ya empezaba a sentir compasión por ella. Estaba claro que se encontraba totalmente atrapada en una situación en que nadie querría estar. Lo que se dice, "entre la espada y la pared".

-Por cierto, les dije a los chicos que eras de Ádaba, una comunidad al otro lado de la ciudad. El resto voy a dejar que te lo inventes tú.

-Y...¿Por qué no les dijiste simplemente la verdad?

-¿Para que entren en una crisis existencial? Olvídalo. Me van a tomar por loca y, la verdad, hoy aprendí que hay cosas que es preferible no saber.-me explicó, dejándome pensativo.

Tras subir algunas escaleras, finalmente llegamos a la habitación 616. Orel tocó la puerta, y esperó hasta que esta empezó a abrirse desde dentro, revelando al hacerlo a la misma criatura peluda y de largas orejas que había visto la primera vez. Aunque ya estaba para ese punto acostumbrado a ver criaturas de extraña apariencia circulando a mi alrededor, eso no evitó que lo analizara de pies a cabeza.
Orel entró y yo detrás de ella, para encontrarme con mas alienígenas (si acaso no era yo quien merecía ese título), todos dispuestos en torno a una sala de estar. Allí, ante mí, se encontraban Ava, cómodamente sentada en un sofá, con las alas levemente extendidas. A su derecha estaban Jan, que llevaba un gran abrigo de cuero, y unos pantalones que se detenían en sus rodillas, desde donde sus piernas tomaban una forma similar a las de un canguro.
En un extremo del sofá se hallaban las hermanas, Annde y Nayru, con su cabello castaño, y su apariencia inocente, prácticamente indistinguibles la una de la otra. Sentado en una silla al lado del sofá, estaba Dero, un aparente joven moreno de cabello oscuro y contextura delgada, con una especie de rifle sujeto a su espalda.

-Hola.-nos saludó la criatura de las orejas largas, siendo seguida por el resto de miembros del singular equipo.-¿Cómo esta, señorita Shersoi? Y tú debes ser el nuevo. ¿Emker, verdad?

-Ah...sí.-estaba embobado mirando sus ojos de un fuerte color amarillo.-¿Tú eres Gom, cierto?-le dije, recordando la descripción que me había dado Orel.

-Sí, así es.-respondió él. Su voz era gruesa. No como la de un demonio, sino mas bien como la de un cantante de ópera.

-Bienvenido-dijeron casi al unísono las mellizas, mirándome.

-Hola.-dijo seca y desanimadamente Jan, sin dejar de mirar a un pequeño teléfono personal.

Dero, me saludó con la mano, e inmediatamente me invitó a tomar asiento al lado suyo. Orel, por su parte, se acomodó en el poco espacio que quedaba en el sofá, en uno de los brazos del mismo, en lo que yo atravesaba la habitación.