VII
Al llegar, caminamos hasta un banco cercano, donde tomamos asiento. Sobre nosotros, los ramas de las palmeras ondeaban ligeramente, con el viento. Nos mantuvimos en silencio durante varios minutos, ante la ausencia de un tema de conversación. Siempre odié los silencios incómodos, con lo que rápidamente empecé a buscar uno, hasta que, finalmente, lo encontré:
-Oye...¿Cuál es el problema con Lor?
-¿Lor? ¿Qué pasa con ella?
Me quedé paralizado. A decir verdad, había preguntado sólo por tener algo de lo que charlar. Sin embargo, logré improvisar una respuesta:
-Pues...he notado que tienen una relación algo hostil.
-Ah, sí. Me odia. La verdad, no tengo idea de por qué. No recuerdo haberla tratado mal.
-Entiendo. A veces pasa, supongo. Gente a la que por alguna razón no terminas de agradarle.
-Es una niña con un pasado algo trágico. Escapó de su casa con diez años. Sus padres querían entregarla a un depravado a cambio de dinero. Después de eso, vivió en la calle durante meses, prácticamente sola, antes de entrar a trabajar como limpiabotas. Por casualidad, entró a escondidas en el territorio de Barken Leddis, y ahí fue donde Akim la encontró a las afueras del edificio, ofreciendo sus servicios.-me explicó-No le gusta hablar de eso. Akim me dijo que tuvo experiencias muy desagradables antes de llegar. En fin, por eso prefiero no enojarme con ella. Por más que a veces se comporte como una imbécil.
-Es comprensible.-le respondí-Pero veo que te llevas bastante mejor con las otras dos chicas.
-Sí. El caso de ellas es diferente. Sus propias familias se las dieron a Akim para que las cuidara, al no poder alimentarlas. Aún recuerdo cuando las trajeron. Foma fue la primera. Estaba llorando, tenía por aquél entonces unos seis o siete años, y no quería separarse de su familia. Nos costó hacerle entender que eso era lo mejor para ella, pero al final, con el paso del tiempo, terminó siendo mi mejor amiga. Es muy madura para su edad, y muy inteligente.
En cuanto a Kili, tenía doce cuando llegó, y desde el principio congeniamos muy bien. Es una chica dulce, aunque, como yo, tiene una relación algo turbia con Lor.
-¿Hay alguien con quien esa chica se lleve bien?-pregunté, en un tono irónico.
-Sí, con Akim. Aunque a veces, ni ella la soporta. Generalmente es una cretina con todos, aunque cuando está ella se modera. Sospecho que es porque tiene miedo de que la eche.
-Es una lamebotas, en pocas palabras.
-Sí, digamos. Pero la verdad es que Akim no está dispuesta a expulsarla. Estoy segura de que nos quiere, aunque la principal razón es que quiere que nosotras la amemos de vuelta. Es una mujer muy complicada. No confía prácticamente en nadie, y por eso es cruel con la gente a su alrededor. Quiere que le tengan miedo.
-¿Ella te lo dijo?
-Me di cuenta con el tiempo. Se comporta así con cualquiera que vea como una potencial amenaza, aunque a nosotras siempre nos trató muy bien. A nosotras, y a Naama.
-¿Quién es Naama?
-Su tía. Ella la crió después de que sus padres cayeron. Es la única persona a la que le cuenta sus asuntos más privados.
-Sí, algo me había comentado.
-Es una mujer mucho mayor que ella. Tiene 120 años, y fue quien se encargó de protegerla, y de dirigir la organización hasta que cumplió 17. Si no hubiera sido por ella, probablemente la hubieran capturado pocos meses después de sus padres. Es una persona muy inteligente, muy preparada en el área, pero por alguna razón no le gusta destacarse. En su lugar, se dedica a aconsejar a Akim cada vez que lo necesita. Ella la admira, y le da todos los lujos que puede darle en agradecimiento.
-Wow, ha vivido mucho.
Ella me miró, otra vez con esa mirada de sorpresa con la que cada tanto me estudiaba:
-Es joven. Muy joven, de hecho.
-¿Ah sí?
-Eh...sí. He conocido gente con una edad de varios miles de años. La mayoría viven hacia el centro de la ciudad. Dero tiene 150.
La mirada que le devolví le causó una reacción que no hubiera esperado:
-¡Mierda!-exclamó, frustrada-De todos los tipos que mandó Akim para evaluarme, tú eres el peor.
-¿Qué?
-¡Así es, lo sé!-gritó, levantándose del asiento.-¡Sé que te contrató para espiarme! ¡Siempre lo supe! No sé porqué lo hace ¡La mayoría de mis misiones han sido exitosas!
-¿De qué estás hablando?
-No te hagas el tonto: cada tanto manda a alguien como tú, pero nunca son tan raros. Ella piensa que sigo siendo una niña, que necesito que me cuiden. No es así ¡Puedo patearle el trasero a cualquier guardia de Derden Skapia!
-¿Qué es Derden Skapia?
-¿¡Podrías dejar de fingir que no sabes nada!? Es irritante.
-Mira, te juro que no sé de que estás hablando. Aneu me trajo aquí y me dijo que buscara a Akim Hedeon. Yo sólo quiero encontrar lo que vine a buscar e irme a casa. ¿Sí?
-¿Y que es lo que viniste a buscar?-preguntó, ya mas confundida que enojada. Para ese punto, ya estaba harto de sus miradas de extrañeza, de su insistencia, de tener que guardarme lo que sabía.
-Mira, no soy de aquí ¿Sí? Soy de otro mundo. De la Tierra. Estoy buscando a mi novia...
-¡Ja, ja, ja, ja!-empezó a reír la muchacha-En serio ¿No pudiste inventarte algo mejor?
-Puedo probarlo. Sólo necesito hablar con Aneu, él te lo contará todo.
-¿Qué, él también es un rúvel?-me preguntó, sarcástica. El término que acababa de usar era equivalente al de alienígena en mi mundo.
-Pues, algo así...¿Por qué crees que no puedes reconocer su raza?-ella me miró, quizá dudando por un segundo, para luego, sin embargo, volver al estado anterior:
-En serio, estás completamente loco. Ya me cansé: vamos a volver al edificio y voy a confrontar a Akim. No puede hacerme esto, es humillante. Es ridículo.
A continuación, me tomó del brazo y empezó a arrastrarme para que la acompañara. Cuando ya me había llevado unos cuantos metros lejos del asiento, escuchamos una voz tras de nosotros, que no tardé en reconocer:
-Ya cálmense tortolitos.-dijo alguien a nuestras espaldas.
Al voltear, cómodamente sentado en donde nosotros lo habíamos estado segundos atrás, vimos nada más y nada menos que a Aneu, con su trajecito de cada vez, y una mirada seria, que pronto derivó en una sonrisa. De inmediato, nos quedamos paralizados , especialmente ella. Volteé a verla durante unos segundos. Su cara de sorpresa era mayúscula. Se la veía confundida, incluso algo asustada.
-¿Y tú de donde saliste?-preguntó al final. La criatura esbozó una sonrisa, para luego decir:
-Bueno, esa es una historia algo larga de contar.
-¡Aneu!-grité-¿Donde estabas?
-Esa también es una historia larga de contar. Pero bueno, no vine a hablar de mí. Sólo quería decirte, Orel, que no te deshagas tan rápido de nuestro amigo. Se te aproxima la aventura más emocionante que hayas vivido jamás. Y ambos sabemos que eso es mucho decir.
-E...espera.-dijo ella-¿Que está pasando? ¿De qué estás hablando?
-Oh, creo que Emker estará mas capacitado que yo para explicar esto. ¿O no es así, mi querido amigo?
Ambos posaron entonces sus miradas sobre mí, el uno con su característico cinismo, y la otra con confusión y, sospecho mientras escribo estas líneas, algo de miedo.
-Ahora sí que me debes una explicación.-me dijo ella, sin despegar su vista de mi rostro.
-Sí, se la debes.-acotó Aneu, sonriente.
Me quedé sin habla durante algunos segundos, tratando de hilar una buena respuesta. Sin embargo, la presión de la situación me hizo lanzar al aire lo primero que se me ocurrió:
-Pues...yo...como te dije, no soy de aquí. Vengo de otro mundo, un mundo que es una preparación para este. Ahí es donde vive la gente antes de venir aquí. O...bueno, al menos algunos.
-¿Qué?-respondió, totalmente incrédula.
-Te lo dije: es una historia muy, muy extraña. La más extraña que vas a escuchar nunca.
-¡Ja!-se rió, más por nervios que por otra cosa-¡Esta Akim, no sabía que tenía tanto sentido del humor!
-¡Ja, ja, ja!-la siguió Aneu-Ojalá fuera una broma...
El silencio que siguió a estas palabras borró cualquier rastro de alegría en el rostró de Orel. Ahora, lucía tan confundida como antes.
-Ya basta. No voy a seguir siendo víctima de este juego-dijo, mientras se alejaba a paso veloz. Yo la seguí, y, al alcanzarla, me gritó:-¡Ya déjame en paz! Miren, no sé porqué Akim está haciendo esto, pero ya basta, no es divertido.
-Akim no tiene nada que ver en esto. Pero no te culpo: ella sentía lo mismo que tú el día en que me conoció.-intervino Aneu, sólo para confundirla más-Mira, no voy a presionarte. Sólo te diré algo que te será útil: cuando estés en la esquina anterior al edificio, no olvides prestar atención al sujeto del abrigo rojo. Y por nada del mundo te cambies de acera cuando veas al vagabundo, no importa lo que te diga ¿Sí?
Acto seguido, ella caminó hacia atrás, y luego se volteó, dejándonos solos.
-No la sigas.-me dijo Aneu, cuando pensé en hacer exactamente eso-Necesita un tiempo para reflexionar.
Acto seguido, colocó una mano sobre el asiento, invitándome a sentarme. Yo obedecí, y a continuación comenzamos a conversar.
-No sé porqué presiento que lo arruiné todo.-le dije, algo frustrado por todo lo que acaba de pasar.
-Nada mas lejos de la realidad.-me respondió él, dándome una palmada en la espalda-A veces, las mejores historias se dan por casualidad.
-¿Y qué se supone que va a pasar ahora?-pregunté.
-Será mejor si te dejo descubrirlo.-me respondió.
-Hummmmm...pero ¿Cómo se supone que voy a encontrar a Lara en un lugar tan gigantesco?
-Paciencia, mi querido. La encontrarás. Es cosa de tiempo.
-¿Y eso mas o menos cuando pasará?
-No pasará si te lo digo. Créeme.
-¿Tienes idea de lo desesperante que es esta situación?-le dije, algo exasperado.
-¡Ja, ja, ja! Esa sí que es una pregunta tonta, amigo mío.
Reparé tras un instante en lo que había dicho: sí, era verdad. Estaba hablando con un ser al parecer omnisciente, después de todo.
-Pero no te culpes, he visto peores. Una vez, pacté con una joven darle lo que podríamos llamar una segunda oportunidad. Ni cinco minutos pasaron del acuerdo, y la pobre ya estaba a punto de llorar del miedo. ¡Ja, lo hubieras visto!-dijo, con una sonrisa casi psicótica. Yo lo miré, esta vez con unos ojos diferentes: aunque al principio me había parecido un ser algo loco, pero simpático, ahora era evidente que padecía de una grave falencia en el área de la empatía.
-¿Y que pasó luego?
-Esa es una historia larga que te contaré otro día. Por ahora, creo que deberías relajarte un poco y confiar en mi. Ya tendrás tiempo de preocuparte.
-¿A que te refieres?-le pregunté, intrigado.
-Otra vez, creo que será mas divertido si te dejo a averiguarlo por ti mismo.-dijo, con su ya odiosa sonrisa.
-Ya sé como se sintió Orel...-reflexioné, algo apenado por ella, aunque no arrepentido: después de todo, era lo mejor que podía hacerse en mi situación.-A propósito ¿Por qué no viajé durante la...?
Mis palabras fueron repentinamente interrumpidas por una fuerte explosión, a no más de dos calles de distancia, en la misma dirección por la que había llegado hasta donde me encontraba. Mi primera reacción fue mirar hacia allá, siendo incapaz de ver el centro de la misma.
-¿Que dia...?-dije, al ver a la gente correr alejándose de allí.
-Tranquilo, no es nada grave. Sólo veinte heridos y nadie que conozcas entre ellos.
-¿Qué pasó?
-Un pobre desgraciado psicológicamente destruido por Derden Skapia intentó hacer volar la entrada del edificio central de Barken Leddis. Desafortunadamente para él, lo pillaron poco antes, y tuvo que explotar a pocos metros de ahí.-me explicó, sin renunciar en ningún momento a su tono relajado-
-¿Qué es Derden Skapia?-pregunté, esperando al fin una respuesta.
-La organización rival de Barken Leddis.-me respondió-Tranquilo, Orel está bien. Siguió mis instrucciones, y ahora está corriendo, subiendo las escaleras, para conversar con Hedeon. En breve se encontrarán, para su tranquilidad, y se verá obligada a contarle muchas cosas.
-¿Como qué?-le pregunté.
-Su historia conmigo, lo que sabe de ti, etcétera. Ese va a ser todo un shock para ella. Al principio, va a pensar que su madre adoptiva está loca, pero tras reflexionar un poco, va a terminar por creerle. En fin, te dejo.-dijo, mientras se levantaba del asiento-Tú quédate aquí. Va a volver en algunas horas.
-¿Hay algo más que me convenga saber?-le dije, antes de que se alejara.
-No por ahora. Sólo no olvides ser totalmente sincero con ella. Te será útil a largo plazo.
Y acto seguido, procedió a alejarse lentamente, en la dirección contraria a la del humo, hasta perderse al doblar una esquina.
A continuación, me quedé ahí, sólo, durante alrededor de dos horas y media. Cada tanto, me levantaba para dar una vuelta por los alrededores, sólo para constatar como estos poco a poco se llenaban de curiosos, atraídos por el ruido como de campanas que emanaban de unos grandes automóviles, que iban y venían del epicentro de la tragedia. Al verlos, me recordaron a máquinas de tiempos pre-bélicos, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Poco a poco, la gente se disipó, y yo me quedé ahí, sentado. Ocasionalmente sentía la tentación de volver al edificio, pese a lo cual preferí hacerle caso a Aneu, y esperar.
Finalmente, cuando ya empezaba a pensar en recostarme en el asiento y dormir un poco, la vi aparecer a la distancia, acompañada de dos guardias armados, que la escoltaban hasta donde yo estaba. Ella me señaló con el dedo, como indicación para sus hombres, y aceleró el paso hasta llegar.
En cuanto estuvieron lo bastante cerca, me paré y los esperé.
-¡Hola!-me saludó, levantando la voz para que pudiera escucharla.
-Hola. ¿Que sucedió?-pregunté, nuevamente como formalidad.
-Te lo explicaré luego.-me dijo, invitándome a seguirla-Ahora, tenemos que volver al edificio. Necesito que hablemos.
Comencé entonces a caminar tras ella, para abandonar el parque poco después. Apenas lo hice, pude ver a un par de cuadras la destrozada entrada de uno de uno de los edificios al frente del que había abandonado horas atrás. Al parecer, el estallido se dio en la puerta de una cafetería.
-¿Por qué te acompañan estos hombres?-la interrogué, con curiosidad.
-Akim insistió. Quería asegurarse de que estuviera a salvo.
La respuesta me provocó algo de ternura. Era interesante cómo una persona cuya actividad sería castigada con la ejecución en mi mundo podía amar tan maternalmente a alguien.
En cuanto entramos al edificio, comenzamos a caminar velozmente por las escaleras, hasta llegar a las habitaciones. Una vez allí, ella abrió la puerta de la 101, y ordenó a lo dos guardias retirarse.
Al abrir, me encontré con Foma y Kili merendando en el comedor. Ambas se dirigieron a su compañera, preguntándole si estaba bien.
-¡Creímos que te había pasado algo!-dijo Foma, algo molesta.
-¡Sí! Encima, ni te molestaste en atender el teléfono.-intervino la otra.
-Perdón ¿Sí? Estaba conversando con Akim. Fue...pasaron muchas cosas. Prometo que no volverá a pasar.
Orel me invitó a pasar, y una vez dentro, cerró la puerta tras de sí, y me dirigió hasta su habitación.
-Por favor. Me preocupé, en serio.-la regañó Foma.
Cuando abrió la puerta, me encontré con un cuarto finamente amueblado. Una gran cama en el centro, cubierta con una frazada blanca. A su lado, una mesita de noche, y del otro, un enorme ropero.
Las paredes eran de color blanco, y, al entrar, me encontré con una gran pantalla negra en la pared frontal. Ella nos encerró en el cuarto, para luego sentarse en la cama, invitándome a hacer lo mismo.
En cuanto lo hice, comenzó a hablar, comenzando por la ya predecible disculpa:
-Oye, perdona por el berrinche. Estaba algo irritada por tanto secretismo, mas con Akim que contigo. Es que, de verdad, ya estoy harta de que me sobreproteja tanto. Tengo 21 años. Pero ella sigue pensando que tengo 12.
-Sucede.-le respondí, sin tener mucho más para decir-¿De qué querías hablar?-pregunté, con el fin de acelerar la conversación. Ella se quedó callada durante varios segundos, antes de suspirar, y finalmente decir:
-Ay...la verdad, no sé por donde empezar. Lo que me dijo tu amigo me salvó de un destino terrible. Es decir, si no me hubiera advertido sobre no evitar al mendigo, hubiera acabado seguramente paralítica después de tamaña explosión.
-¿Que pasó?
-Cuando venía hasta aquí, sucedió todo lo que Aneu dijo. El mendigo, el tipo vestido de rojo, todo. Cuando la explosión se produjo, quedé aturdida durante varios segundos, antes de reaccionar y levantarme. Corrí adentro, y me dirigí a la oficina de Akim, para abrir la puerta sin preguntar. Después de lo que había pasado, estaba confundida, y desesperada por respuestas. La encaré. Al principio simuló que no sabía nada, pero luego le expliqué lo que había pasado, y tuvo que contarme todo. Me dijo cómo conoció a Aneu, y luego de donde saliste tú. Al principio, pensé que todo era algún tipo de broma, o que habían perdido la cabeza, pero después de pensarlo un poco me di cuenta de que no, era imposible. Eran demasiadas casualidades.
-¿Entonces ahora no te parezco un demente?
-No. Es más, ahora todo tiene sentido...o bueno, mas que el que tenía antes.
-¿A qué te refieres?
-Pues...siempre me pregunté muchas cosas sobre este mundo. La mayoría de la gente no se para a analizarlo, pero todo parece diseñado para torturarnos. Es como si los dioses nos estuvieran jugando una broma pesada. Pero ahora, todo se ve mucho más lógico....aunque también más desagradable. Quiero decir, me sentía mejor creyendo que las cosas podían mejorar. Ahora, tengo ganas de desaparecer.
-Te entiendo...-le respondí, reflexivo. Siempre había sido de la idea de que la esperanza es un mal, que condena al hombre a persistir aún cuando no siempre hay luz al final del túnel. Pero en un mundo en que la muerte no existe, es evidente que esta es la única que puede darnos cierta felicidad.
-Mira, estuve pensándolo, y creo que te voy a ayudar en lo que viniste a hacer. Pero a cambio de una condición.
-¿Cuál?-pregunté, expectante.
-Que convenzas a Aneu de sacarme de aquí. Quiero una segunda oportunidad. Quiero hacerlo bien esta vez.
-Está bien.-contesté tras pensarlo un poco, y no sin algo de culpabilidad. Sabía que bien podría no obtener su aprobación, pero necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener.
-Gracias. Voy a hacer lo posible para que no te arrepientas. Como sea, Akim me dio los datos básicos sobre lo que tenemos que hacer esta noche. La dirección, el nombre del tipo, y a lo que se dedica. Es un tal Jara Cáser, y es uno de los distribuidores de nuestros productos de mejor calidad. Parece que estuvo pasando datos sobre su elaboración a Derden Skapia, y quiere que le hagamos una visita...
-Ah...-fue mi breve y concisa respuesta. No había mucho que decir.
-Preferí no decirle nada a las niñas. No quiero asustarlas y que me vean como una loca.
"Bienvenida a mi mundo", pensé al escucharla.
-Aún así, disculpa por lo que te voy a pedir, pero no quisiera irme sin ellas. O al menos, sin tres de ellas.-dijo, antes de reír discretamente. Yo no compartí su risa.
-Mira...lo siento, pero no creo que Aneu quiera o siquiera pueda sacar a tanta gente.-me sinceré-Voy a intentar convencerlo de que te haga salir, pero tienes que entender, es muy arriesgado. Los condenados no son los únicos habitantes de este mundo. Esos azazel no van a dejar que haga tamaña cosa tan fácilmente.
Su rostro se tornó entonces en una mirada confusa, levantando ambas cejas.
-¿Entonces son reales?-me preguntó, causándome una sensación similar a la que su rostro delataba.
-Pues, sí.-le respondí-Son tan reales como tu o como yo. Supuse que ya lo sabrías...
-Son una leyenda de este lado. Se dice que persiguen a quienes estudian la magia. Pero nunca creí en ellos, la verdad.
-Yo tampoco creía en infiernos ni paraísos antes de que Aneu apareciera, así que creo que estamos a mano.-respondí, tratando de empatizar con ella. Ella sonrió, comprendiendo la situación.
-Como sea, salimos a la medianoche. Ahora, tenemos que ir a reunirnos con mi facción. Quieren conocerte.
A continuación, ambos nos levantamos de la cama, y ella abrió la puerta. Al salir, se dirigió a sus compañeras, advirtiéndoles de que iba a volver tarde, que tenía una misión nueva.
-Espero que esta vez no lo arruines.-dijo Lor, quien se había recostado en el sofá de la entrada, viendo lo que reconocí inmediatamente como una pantalla de televisión, de las que había en la Tierra antes de la guerra.
-¿Como tú en cada almuerzo?-respondió rápidamente Orel, dejándola callada. Las otras niñas se rieron de la situación.
-Eso fue duro...-dijo Foma, quizá con algo de lástima.
-No puede conmigo.-contestó Orel, mofándose de su victoria-Bueno, las veo mas tarde.
Abrió entonces la puerta y ambos salimos. Cuando la cerró tras de sí, reanudamos finalmente nuestra conversación.
-¿Por qué te manda Hedeon a estas misiones?-pregunté.
-Son misiones de entrenamiento. Ella quiere que aprenda a trabajar en el terreno, aunque tampoco desea ponerme en riesgo. Por eso suele enviarme a misiones simples y de poco peligro.
-Entiendo.
-De todos modos, no se ahorra cada tanto enviar a un mercenario bien entrenado para que me cuide. Creía que no me daba cuenta. De verdad se sorprendió cuando se lo eché en cara.
-¿Y a qué crees que se deba eso?-dije, por curiosidad.
-Pues...creo que soy algo así como su hija predilecta.-me respondió, confirmando la primera de las opciones que había barajado-No me gusta reconocerlo, la verdad...pero lo cierto es que sí, me consiente mucho. Cosa que todo el mundo me recuerda.
-Y es comprensible. No todos tienen el privilegio de ser la consentida de una persona con ese poder.
-Sí...aunque no siempre es tan agradable. No me dejó salir sola del edificio hasta que cumplí 17 años. Le daba miedo que me sucediera algo.
-No es para menos, a decir verdad...-le respondí, sincero.
-Y no. Pero aún así es frustrante. Cuando era niña, solía acompañarla en sus viajes de negocios. Una sola vez nos atacaron, y desde entonces estuve confinada a este lugar.
-Y dime ¿Es correspondido su afecto?
-Sí. La verdad, es como mi madre. Al principio, después de que me adoptó, me daba algo de miedo. Me intimidaba su poder, la idea de que podía hacerme cualquier cosa de así quererlo. Sin embargo, me di cuenta de que su fama de persona cruel y temible, aunque merecida, no la refleja del todo. Ya te lo dije: ella es una mujer dulce y cariñosa con quienes no ve como un peligro. Pero es por otro lado bastante...paranoica. Y no es para menos. Cada tanto, Derden Skapia captura a algún pobre desgraciado, y las cosas que les hacen te darían escalofríos. ¿Te imaginas lo que podrían hacerle a ella si cayera en sus manos?
-Wow...no me imagino como puede alguien aguantar tanta presión.-reflexioné.
-Es una mujer muy fuerte, pero también muy orgullosa. No le gusta reconocer que tiene miedo, aunque tampoco es muy buena para ocultarlo. Recuerdo cuando ellos atacaron la ciudadela hace años. Ambas estábamos viajando en automóvil, ya casi llegando al edificio, cuando empezaron a escucharse ruidos de disparos a la distancia. De inmediato, el teléfono de Akim sonó. Era Naama, preocupada, preguntándole dónde estaba. "¿Qué está pasando?", preguntó ella. Se quedó helada al escuchar la respuesta, para luego exigirle al conductor que acelerara, y abrazarme con fuerza. Estaba en estado de pánico. Se notaba en su rostro, en su actitud. Al final, llegamos y ella habilidosamente, y calmante de por medio, logró improvisar una estrategia y repelerlos. Aún así, la noté muy tensa el resto de la semana. Desde entonces, incrementó sus medidas de seguridad. Prohibió el uso de teléfonos personales en el territorio de Barken Leddis, y los pocos que tenemos ese lujo somos monitorizados constantemente.
-Entiendo.-le respondí. A decir verdad, me sorprendía que aún no se hubiera vuelto loca. Era evidente que, si la atrapaban, iba a estar condenada a un sufrimiento sólo limitado por lo que quisieran sus captores. Sí, definitivamente valía la pena hacer lo que fuera necesario para escapar de tamaño destino.-¿Y porqué no trata de...salir del negocio?
-No puede. Se ha ganado muchos enemigos, y si lo intenta lo probable es que acaben por cazarla tarde o temprano. Se siente mas segura rodeada de mercenarios...aunque eso no debería sorprenderte.
Para este punto, ya empezaba a sentir compasión por ella. Estaba claro que se encontraba totalmente atrapada en una situación en que nadie querría estar. Lo que se dice, "entre la espada y la pared".
-Por cierto, les dije a los chicos que eras de Ádaba, una comunidad al otro lado de la ciudad. El resto voy a dejar que te lo inventes tú.
-Y...¿Por qué no les dijiste simplemente la verdad?
-¿Para que entren en una crisis existencial? Olvídalo. Me van a tomar por loca y, la verdad, hoy aprendí que hay cosas que es preferible no saber.-me explicó, dejándome pensativo.
Tras subir algunas escaleras, finalmente llegamos a la habitación 616. Orel tocó la puerta, y esperó hasta que esta empezó a abrirse desde dentro, revelando al hacerlo a la misma criatura peluda y de largas orejas que había visto la primera vez. Aunque ya estaba para ese punto acostumbrado a ver criaturas de extraña apariencia circulando a mi alrededor, eso no evitó que lo analizara de pies a cabeza.
Orel entró y yo detrás de ella, para encontrarme con mas alienígenas (si acaso no era yo quien merecía ese título), todos dispuestos en torno a una sala de estar. Allí, ante mí, se encontraban Ava, cómodamente sentada en un sofá, con las alas levemente extendidas. A su derecha estaban Jan, que llevaba un gran abrigo de cuero, y unos pantalones que se detenían en sus rodillas, desde donde sus piernas tomaban una forma similar a las de un canguro.
En un extremo del sofá se hallaban las hermanas, Annde y Nayru, con su cabello castaño, y su apariencia inocente, prácticamente indistinguibles la una de la otra. Sentado en una silla al lado del sofá, estaba Dero, un aparente joven moreno de cabello oscuro y contextura delgada, con una especie de rifle sujeto a su espalda.
-Hola.-nos saludó la criatura de las orejas largas, siendo seguida por el resto de miembros del singular equipo.-¿Cómo esta, señorita Shersoi? Y tú debes ser el nuevo. ¿Emker, verdad?
-Ah...sí.-estaba embobado mirando sus ojos de un fuerte color amarillo.-¿Tú eres Gom, cierto?-le dije, recordando la descripción que me había dado Orel.
-Sí, así es.-respondió él. Su voz era gruesa. No como la de un demonio, sino mas bien como la de un cantante de ópera.
-Bienvenido-dijeron casi al unísono las mellizas, mirándome.
-Hola.-dijo seca y desanimadamente Jan, sin dejar de mirar a un pequeño teléfono personal.
Dero, me saludó con la mano, e inmediatamente me invitó a tomar asiento al lado suyo. Orel, por su parte, se acomodó en el poco espacio que quedaba en el sofá, en uno de los brazos del mismo, en lo que yo atravesaba la habitación.
-Oye...¿Cuál es el problema con Lor?
-¿Lor? ¿Qué pasa con ella?
Me quedé paralizado. A decir verdad, había preguntado sólo por tener algo de lo que charlar. Sin embargo, logré improvisar una respuesta:
-Pues...he notado que tienen una relación algo hostil.
-Ah, sí. Me odia. La verdad, no tengo idea de por qué. No recuerdo haberla tratado mal.
-Entiendo. A veces pasa, supongo. Gente a la que por alguna razón no terminas de agradarle.
-Es una niña con un pasado algo trágico. Escapó de su casa con diez años. Sus padres querían entregarla a un depravado a cambio de dinero. Después de eso, vivió en la calle durante meses, prácticamente sola, antes de entrar a trabajar como limpiabotas. Por casualidad, entró a escondidas en el territorio de Barken Leddis, y ahí fue donde Akim la encontró a las afueras del edificio, ofreciendo sus servicios.-me explicó-No le gusta hablar de eso. Akim me dijo que tuvo experiencias muy desagradables antes de llegar. En fin, por eso prefiero no enojarme con ella. Por más que a veces se comporte como una imbécil.
-Es comprensible.-le respondí-Pero veo que te llevas bastante mejor con las otras dos chicas.
-Sí. El caso de ellas es diferente. Sus propias familias se las dieron a Akim para que las cuidara, al no poder alimentarlas. Aún recuerdo cuando las trajeron. Foma fue la primera. Estaba llorando, tenía por aquél entonces unos seis o siete años, y no quería separarse de su familia. Nos costó hacerle entender que eso era lo mejor para ella, pero al final, con el paso del tiempo, terminó siendo mi mejor amiga. Es muy madura para su edad, y muy inteligente.
En cuanto a Kili, tenía doce cuando llegó, y desde el principio congeniamos muy bien. Es una chica dulce, aunque, como yo, tiene una relación algo turbia con Lor.
-¿Hay alguien con quien esa chica se lleve bien?-pregunté, en un tono irónico.
-Sí, con Akim. Aunque a veces, ni ella la soporta. Generalmente es una cretina con todos, aunque cuando está ella se modera. Sospecho que es porque tiene miedo de que la eche.
-Es una lamebotas, en pocas palabras.
-Sí, digamos. Pero la verdad es que Akim no está dispuesta a expulsarla. Estoy segura de que nos quiere, aunque la principal razón es que quiere que nosotras la amemos de vuelta. Es una mujer muy complicada. No confía prácticamente en nadie, y por eso es cruel con la gente a su alrededor. Quiere que le tengan miedo.
-¿Ella te lo dijo?
-Me di cuenta con el tiempo. Se comporta así con cualquiera que vea como una potencial amenaza, aunque a nosotras siempre nos trató muy bien. A nosotras, y a Naama.
-¿Quién es Naama?
-Su tía. Ella la crió después de que sus padres cayeron. Es la única persona a la que le cuenta sus asuntos más privados.
-Sí, algo me había comentado.
-Es una mujer mucho mayor que ella. Tiene 120 años, y fue quien se encargó de protegerla, y de dirigir la organización hasta que cumplió 17. Si no hubiera sido por ella, probablemente la hubieran capturado pocos meses después de sus padres. Es una persona muy inteligente, muy preparada en el área, pero por alguna razón no le gusta destacarse. En su lugar, se dedica a aconsejar a Akim cada vez que lo necesita. Ella la admira, y le da todos los lujos que puede darle en agradecimiento.
-Wow, ha vivido mucho.
Ella me miró, otra vez con esa mirada de sorpresa con la que cada tanto me estudiaba:
-Es joven. Muy joven, de hecho.
-¿Ah sí?
-Eh...sí. He conocido gente con una edad de varios miles de años. La mayoría viven hacia el centro de la ciudad. Dero tiene 150.
La mirada que le devolví le causó una reacción que no hubiera esperado:
-¡Mierda!-exclamó, frustrada-De todos los tipos que mandó Akim para evaluarme, tú eres el peor.
-¿Qué?
-¡Así es, lo sé!-gritó, levantándose del asiento.-¡Sé que te contrató para espiarme! ¡Siempre lo supe! No sé porqué lo hace ¡La mayoría de mis misiones han sido exitosas!
-¿De qué estás hablando?
-No te hagas el tonto: cada tanto manda a alguien como tú, pero nunca son tan raros. Ella piensa que sigo siendo una niña, que necesito que me cuiden. No es así ¡Puedo patearle el trasero a cualquier guardia de Derden Skapia!
-¿Qué es Derden Skapia?
-¿¡Podrías dejar de fingir que no sabes nada!? Es irritante.
-Mira, te juro que no sé de que estás hablando. Aneu me trajo aquí y me dijo que buscara a Akim Hedeon. Yo sólo quiero encontrar lo que vine a buscar e irme a casa. ¿Sí?
-¿Y que es lo que viniste a buscar?-preguntó, ya mas confundida que enojada. Para ese punto, ya estaba harto de sus miradas de extrañeza, de su insistencia, de tener que guardarme lo que sabía.
-Mira, no soy de aquí ¿Sí? Soy de otro mundo. De la Tierra. Estoy buscando a mi novia...
-¡Ja, ja, ja, ja!-empezó a reír la muchacha-En serio ¿No pudiste inventarte algo mejor?
-Puedo probarlo. Sólo necesito hablar con Aneu, él te lo contará todo.
-¿Qué, él también es un rúvel?-me preguntó, sarcástica. El término que acababa de usar era equivalente al de alienígena en mi mundo.
-Pues, algo así...¿Por qué crees que no puedes reconocer su raza?-ella me miró, quizá dudando por un segundo, para luego, sin embargo, volver al estado anterior:
-En serio, estás completamente loco. Ya me cansé: vamos a volver al edificio y voy a confrontar a Akim. No puede hacerme esto, es humillante. Es ridículo.
A continuación, me tomó del brazo y empezó a arrastrarme para que la acompañara. Cuando ya me había llevado unos cuantos metros lejos del asiento, escuchamos una voz tras de nosotros, que no tardé en reconocer:
-Ya cálmense tortolitos.-dijo alguien a nuestras espaldas.
Al voltear, cómodamente sentado en donde nosotros lo habíamos estado segundos atrás, vimos nada más y nada menos que a Aneu, con su trajecito de cada vez, y una mirada seria, que pronto derivó en una sonrisa. De inmediato, nos quedamos paralizados , especialmente ella. Volteé a verla durante unos segundos. Su cara de sorpresa era mayúscula. Se la veía confundida, incluso algo asustada.
-¿Y tú de donde saliste?-preguntó al final. La criatura esbozó una sonrisa, para luego decir:
-Bueno, esa es una historia algo larga de contar.
-¡Aneu!-grité-¿Donde estabas?
-Esa también es una historia larga de contar. Pero bueno, no vine a hablar de mí. Sólo quería decirte, Orel, que no te deshagas tan rápido de nuestro amigo. Se te aproxima la aventura más emocionante que hayas vivido jamás. Y ambos sabemos que eso es mucho decir.
-E...espera.-dijo ella-¿Que está pasando? ¿De qué estás hablando?
-Oh, creo que Emker estará mas capacitado que yo para explicar esto. ¿O no es así, mi querido amigo?
Ambos posaron entonces sus miradas sobre mí, el uno con su característico cinismo, y la otra con confusión y, sospecho mientras escribo estas líneas, algo de miedo.
-Ahora sí que me debes una explicación.-me dijo ella, sin despegar su vista de mi rostro.
-Sí, se la debes.-acotó Aneu, sonriente.
Me quedé sin habla durante algunos segundos, tratando de hilar una buena respuesta. Sin embargo, la presión de la situación me hizo lanzar al aire lo primero que se me ocurrió:
-Pues...yo...como te dije, no soy de aquí. Vengo de otro mundo, un mundo que es una preparación para este. Ahí es donde vive la gente antes de venir aquí. O...bueno, al menos algunos.
-¿Qué?-respondió, totalmente incrédula.
-Te lo dije: es una historia muy, muy extraña. La más extraña que vas a escuchar nunca.
-¡Ja!-se rió, más por nervios que por otra cosa-¡Esta Akim, no sabía que tenía tanto sentido del humor!
-¡Ja, ja, ja!-la siguió Aneu-Ojalá fuera una broma...
El silencio que siguió a estas palabras borró cualquier rastro de alegría en el rostró de Orel. Ahora, lucía tan confundida como antes.
-Ya basta. No voy a seguir siendo víctima de este juego-dijo, mientras se alejaba a paso veloz. Yo la seguí, y, al alcanzarla, me gritó:-¡Ya déjame en paz! Miren, no sé porqué Akim está haciendo esto, pero ya basta, no es divertido.
-Akim no tiene nada que ver en esto. Pero no te culpo: ella sentía lo mismo que tú el día en que me conoció.-intervino Aneu, sólo para confundirla más-Mira, no voy a presionarte. Sólo te diré algo que te será útil: cuando estés en la esquina anterior al edificio, no olvides prestar atención al sujeto del abrigo rojo. Y por nada del mundo te cambies de acera cuando veas al vagabundo, no importa lo que te diga ¿Sí?
Acto seguido, ella caminó hacia atrás, y luego se volteó, dejándonos solos.
-No la sigas.-me dijo Aneu, cuando pensé en hacer exactamente eso-Necesita un tiempo para reflexionar.
Acto seguido, colocó una mano sobre el asiento, invitándome a sentarme. Yo obedecí, y a continuación comenzamos a conversar.
-No sé porqué presiento que lo arruiné todo.-le dije, algo frustrado por todo lo que acaba de pasar.
-Nada mas lejos de la realidad.-me respondió él, dándome una palmada en la espalda-A veces, las mejores historias se dan por casualidad.
-¿Y qué se supone que va a pasar ahora?-pregunté.
-Será mejor si te dejo descubrirlo.-me respondió.
-Hummmmm...pero ¿Cómo se supone que voy a encontrar a Lara en un lugar tan gigantesco?
-Paciencia, mi querido. La encontrarás. Es cosa de tiempo.
-¿Y eso mas o menos cuando pasará?
-No pasará si te lo digo. Créeme.
-¿Tienes idea de lo desesperante que es esta situación?-le dije, algo exasperado.
-¡Ja, ja, ja! Esa sí que es una pregunta tonta, amigo mío.
Reparé tras un instante en lo que había dicho: sí, era verdad. Estaba hablando con un ser al parecer omnisciente, después de todo.
-Pero no te culpes, he visto peores. Una vez, pacté con una joven darle lo que podríamos llamar una segunda oportunidad. Ni cinco minutos pasaron del acuerdo, y la pobre ya estaba a punto de llorar del miedo. ¡Ja, lo hubieras visto!-dijo, con una sonrisa casi psicótica. Yo lo miré, esta vez con unos ojos diferentes: aunque al principio me había parecido un ser algo loco, pero simpático, ahora era evidente que padecía de una grave falencia en el área de la empatía.
-¿Y que pasó luego?
-Esa es una historia larga que te contaré otro día. Por ahora, creo que deberías relajarte un poco y confiar en mi. Ya tendrás tiempo de preocuparte.
-¿A que te refieres?-le pregunté, intrigado.
-Otra vez, creo que será mas divertido si te dejo a averiguarlo por ti mismo.-dijo, con su ya odiosa sonrisa.
-Ya sé como se sintió Orel...-reflexioné, algo apenado por ella, aunque no arrepentido: después de todo, era lo mejor que podía hacerse en mi situación.-A propósito ¿Por qué no viajé durante la...?
Mis palabras fueron repentinamente interrumpidas por una fuerte explosión, a no más de dos calles de distancia, en la misma dirección por la que había llegado hasta donde me encontraba. Mi primera reacción fue mirar hacia allá, siendo incapaz de ver el centro de la misma.
-¿Que dia...?-dije, al ver a la gente correr alejándose de allí.
-Tranquilo, no es nada grave. Sólo veinte heridos y nadie que conozcas entre ellos.
-¿Qué pasó?
-Un pobre desgraciado psicológicamente destruido por Derden Skapia intentó hacer volar la entrada del edificio central de Barken Leddis. Desafortunadamente para él, lo pillaron poco antes, y tuvo que explotar a pocos metros de ahí.-me explicó, sin renunciar en ningún momento a su tono relajado-
-¿Qué es Derden Skapia?-pregunté, esperando al fin una respuesta.
-La organización rival de Barken Leddis.-me respondió-Tranquilo, Orel está bien. Siguió mis instrucciones, y ahora está corriendo, subiendo las escaleras, para conversar con Hedeon. En breve se encontrarán, para su tranquilidad, y se verá obligada a contarle muchas cosas.
-¿Como qué?-le pregunté.
-Su historia conmigo, lo que sabe de ti, etcétera. Ese va a ser todo un shock para ella. Al principio, va a pensar que su madre adoptiva está loca, pero tras reflexionar un poco, va a terminar por creerle. En fin, te dejo.-dijo, mientras se levantaba del asiento-Tú quédate aquí. Va a volver en algunas horas.
-¿Hay algo más que me convenga saber?-le dije, antes de que se alejara.
-No por ahora. Sólo no olvides ser totalmente sincero con ella. Te será útil a largo plazo.
Y acto seguido, procedió a alejarse lentamente, en la dirección contraria a la del humo, hasta perderse al doblar una esquina.
A continuación, me quedé ahí, sólo, durante alrededor de dos horas y media. Cada tanto, me levantaba para dar una vuelta por los alrededores, sólo para constatar como estos poco a poco se llenaban de curiosos, atraídos por el ruido como de campanas que emanaban de unos grandes automóviles, que iban y venían del epicentro de la tragedia. Al verlos, me recordaron a máquinas de tiempos pre-bélicos, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Poco a poco, la gente se disipó, y yo me quedé ahí, sentado. Ocasionalmente sentía la tentación de volver al edificio, pese a lo cual preferí hacerle caso a Aneu, y esperar.
Finalmente, cuando ya empezaba a pensar en recostarme en el asiento y dormir un poco, la vi aparecer a la distancia, acompañada de dos guardias armados, que la escoltaban hasta donde yo estaba. Ella me señaló con el dedo, como indicación para sus hombres, y aceleró el paso hasta llegar.
En cuanto estuvieron lo bastante cerca, me paré y los esperé.
-¡Hola!-me saludó, levantando la voz para que pudiera escucharla.
-Hola. ¿Que sucedió?-pregunté, nuevamente como formalidad.
-Te lo explicaré luego.-me dijo, invitándome a seguirla-Ahora, tenemos que volver al edificio. Necesito que hablemos.
Comencé entonces a caminar tras ella, para abandonar el parque poco después. Apenas lo hice, pude ver a un par de cuadras la destrozada entrada de uno de uno de los edificios al frente del que había abandonado horas atrás. Al parecer, el estallido se dio en la puerta de una cafetería.
-¿Por qué te acompañan estos hombres?-la interrogué, con curiosidad.
-Akim insistió. Quería asegurarse de que estuviera a salvo.
La respuesta me provocó algo de ternura. Era interesante cómo una persona cuya actividad sería castigada con la ejecución en mi mundo podía amar tan maternalmente a alguien.
En cuanto entramos al edificio, comenzamos a caminar velozmente por las escaleras, hasta llegar a las habitaciones. Una vez allí, ella abrió la puerta de la 101, y ordenó a lo dos guardias retirarse.
Al abrir, me encontré con Foma y Kili merendando en el comedor. Ambas se dirigieron a su compañera, preguntándole si estaba bien.
-¡Creímos que te había pasado algo!-dijo Foma, algo molesta.
-¡Sí! Encima, ni te molestaste en atender el teléfono.-intervino la otra.
-Perdón ¿Sí? Estaba conversando con Akim. Fue...pasaron muchas cosas. Prometo que no volverá a pasar.
Orel me invitó a pasar, y una vez dentro, cerró la puerta tras de sí, y me dirigió hasta su habitación.
-Por favor. Me preocupé, en serio.-la regañó Foma.
Cuando abrió la puerta, me encontré con un cuarto finamente amueblado. Una gran cama en el centro, cubierta con una frazada blanca. A su lado, una mesita de noche, y del otro, un enorme ropero.
Las paredes eran de color blanco, y, al entrar, me encontré con una gran pantalla negra en la pared frontal. Ella nos encerró en el cuarto, para luego sentarse en la cama, invitándome a hacer lo mismo.
En cuanto lo hice, comenzó a hablar, comenzando por la ya predecible disculpa:
-Oye, perdona por el berrinche. Estaba algo irritada por tanto secretismo, mas con Akim que contigo. Es que, de verdad, ya estoy harta de que me sobreproteja tanto. Tengo 21 años. Pero ella sigue pensando que tengo 12.
-Sucede.-le respondí, sin tener mucho más para decir-¿De qué querías hablar?-pregunté, con el fin de acelerar la conversación. Ella se quedó callada durante varios segundos, antes de suspirar, y finalmente decir:
-Ay...la verdad, no sé por donde empezar. Lo que me dijo tu amigo me salvó de un destino terrible. Es decir, si no me hubiera advertido sobre no evitar al mendigo, hubiera acabado seguramente paralítica después de tamaña explosión.
-¿Que pasó?
-Cuando venía hasta aquí, sucedió todo lo que Aneu dijo. El mendigo, el tipo vestido de rojo, todo. Cuando la explosión se produjo, quedé aturdida durante varios segundos, antes de reaccionar y levantarme. Corrí adentro, y me dirigí a la oficina de Akim, para abrir la puerta sin preguntar. Después de lo que había pasado, estaba confundida, y desesperada por respuestas. La encaré. Al principio simuló que no sabía nada, pero luego le expliqué lo que había pasado, y tuvo que contarme todo. Me dijo cómo conoció a Aneu, y luego de donde saliste tú. Al principio, pensé que todo era algún tipo de broma, o que habían perdido la cabeza, pero después de pensarlo un poco me di cuenta de que no, era imposible. Eran demasiadas casualidades.
-¿Entonces ahora no te parezco un demente?
-No. Es más, ahora todo tiene sentido...o bueno, mas que el que tenía antes.
-¿A qué te refieres?
-Pues...siempre me pregunté muchas cosas sobre este mundo. La mayoría de la gente no se para a analizarlo, pero todo parece diseñado para torturarnos. Es como si los dioses nos estuvieran jugando una broma pesada. Pero ahora, todo se ve mucho más lógico....aunque también más desagradable. Quiero decir, me sentía mejor creyendo que las cosas podían mejorar. Ahora, tengo ganas de desaparecer.
-Te entiendo...-le respondí, reflexivo. Siempre había sido de la idea de que la esperanza es un mal, que condena al hombre a persistir aún cuando no siempre hay luz al final del túnel. Pero en un mundo en que la muerte no existe, es evidente que esta es la única que puede darnos cierta felicidad.
-Mira, estuve pensándolo, y creo que te voy a ayudar en lo que viniste a hacer. Pero a cambio de una condición.
-¿Cuál?-pregunté, expectante.
-Que convenzas a Aneu de sacarme de aquí. Quiero una segunda oportunidad. Quiero hacerlo bien esta vez.
-Está bien.-contesté tras pensarlo un poco, y no sin algo de culpabilidad. Sabía que bien podría no obtener su aprobación, pero necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener.
-Gracias. Voy a hacer lo posible para que no te arrepientas. Como sea, Akim me dio los datos básicos sobre lo que tenemos que hacer esta noche. La dirección, el nombre del tipo, y a lo que se dedica. Es un tal Jara Cáser, y es uno de los distribuidores de nuestros productos de mejor calidad. Parece que estuvo pasando datos sobre su elaboración a Derden Skapia, y quiere que le hagamos una visita...
-Ah...-fue mi breve y concisa respuesta. No había mucho que decir.
-Preferí no decirle nada a las niñas. No quiero asustarlas y que me vean como una loca.
"Bienvenida a mi mundo", pensé al escucharla.
-Aún así, disculpa por lo que te voy a pedir, pero no quisiera irme sin ellas. O al menos, sin tres de ellas.-dijo, antes de reír discretamente. Yo no compartí su risa.
-Mira...lo siento, pero no creo que Aneu quiera o siquiera pueda sacar a tanta gente.-me sinceré-Voy a intentar convencerlo de que te haga salir, pero tienes que entender, es muy arriesgado. Los condenados no son los únicos habitantes de este mundo. Esos azazel no van a dejar que haga tamaña cosa tan fácilmente.
Su rostro se tornó entonces en una mirada confusa, levantando ambas cejas.
-¿Entonces son reales?-me preguntó, causándome una sensación similar a la que su rostro delataba.
-Pues, sí.-le respondí-Son tan reales como tu o como yo. Supuse que ya lo sabrías...
-Son una leyenda de este lado. Se dice que persiguen a quienes estudian la magia. Pero nunca creí en ellos, la verdad.
-Yo tampoco creía en infiernos ni paraísos antes de que Aneu apareciera, así que creo que estamos a mano.-respondí, tratando de empatizar con ella. Ella sonrió, comprendiendo la situación.
-Como sea, salimos a la medianoche. Ahora, tenemos que ir a reunirnos con mi facción. Quieren conocerte.
A continuación, ambos nos levantamos de la cama, y ella abrió la puerta. Al salir, se dirigió a sus compañeras, advirtiéndoles de que iba a volver tarde, que tenía una misión nueva.
-Espero que esta vez no lo arruines.-dijo Lor, quien se había recostado en el sofá de la entrada, viendo lo que reconocí inmediatamente como una pantalla de televisión, de las que había en la Tierra antes de la guerra.
-¿Como tú en cada almuerzo?-respondió rápidamente Orel, dejándola callada. Las otras niñas se rieron de la situación.
-Eso fue duro...-dijo Foma, quizá con algo de lástima.
-No puede conmigo.-contestó Orel, mofándose de su victoria-Bueno, las veo mas tarde.
Abrió entonces la puerta y ambos salimos. Cuando la cerró tras de sí, reanudamos finalmente nuestra conversación.
-¿Por qué te manda Hedeon a estas misiones?-pregunté.
-Son misiones de entrenamiento. Ella quiere que aprenda a trabajar en el terreno, aunque tampoco desea ponerme en riesgo. Por eso suele enviarme a misiones simples y de poco peligro.
-Entiendo.
-De todos modos, no se ahorra cada tanto enviar a un mercenario bien entrenado para que me cuide. Creía que no me daba cuenta. De verdad se sorprendió cuando se lo eché en cara.
-¿Y a qué crees que se deba eso?-dije, por curiosidad.
-Pues...creo que soy algo así como su hija predilecta.-me respondió, confirmando la primera de las opciones que había barajado-No me gusta reconocerlo, la verdad...pero lo cierto es que sí, me consiente mucho. Cosa que todo el mundo me recuerda.
-Y es comprensible. No todos tienen el privilegio de ser la consentida de una persona con ese poder.
-Sí...aunque no siempre es tan agradable. No me dejó salir sola del edificio hasta que cumplí 17 años. Le daba miedo que me sucediera algo.
-No es para menos, a decir verdad...-le respondí, sincero.
-Y no. Pero aún así es frustrante. Cuando era niña, solía acompañarla en sus viajes de negocios. Una sola vez nos atacaron, y desde entonces estuve confinada a este lugar.
-Y dime ¿Es correspondido su afecto?
-Sí. La verdad, es como mi madre. Al principio, después de que me adoptó, me daba algo de miedo. Me intimidaba su poder, la idea de que podía hacerme cualquier cosa de así quererlo. Sin embargo, me di cuenta de que su fama de persona cruel y temible, aunque merecida, no la refleja del todo. Ya te lo dije: ella es una mujer dulce y cariñosa con quienes no ve como un peligro. Pero es por otro lado bastante...paranoica. Y no es para menos. Cada tanto, Derden Skapia captura a algún pobre desgraciado, y las cosas que les hacen te darían escalofríos. ¿Te imaginas lo que podrían hacerle a ella si cayera en sus manos?
-Wow...no me imagino como puede alguien aguantar tanta presión.-reflexioné.
-Es una mujer muy fuerte, pero también muy orgullosa. No le gusta reconocer que tiene miedo, aunque tampoco es muy buena para ocultarlo. Recuerdo cuando ellos atacaron la ciudadela hace años. Ambas estábamos viajando en automóvil, ya casi llegando al edificio, cuando empezaron a escucharse ruidos de disparos a la distancia. De inmediato, el teléfono de Akim sonó. Era Naama, preocupada, preguntándole dónde estaba. "¿Qué está pasando?", preguntó ella. Se quedó helada al escuchar la respuesta, para luego exigirle al conductor que acelerara, y abrazarme con fuerza. Estaba en estado de pánico. Se notaba en su rostro, en su actitud. Al final, llegamos y ella habilidosamente, y calmante de por medio, logró improvisar una estrategia y repelerlos. Aún así, la noté muy tensa el resto de la semana. Desde entonces, incrementó sus medidas de seguridad. Prohibió el uso de teléfonos personales en el territorio de Barken Leddis, y los pocos que tenemos ese lujo somos monitorizados constantemente.
-Entiendo.-le respondí. A decir verdad, me sorprendía que aún no se hubiera vuelto loca. Era evidente que, si la atrapaban, iba a estar condenada a un sufrimiento sólo limitado por lo que quisieran sus captores. Sí, definitivamente valía la pena hacer lo que fuera necesario para escapar de tamaño destino.-¿Y porqué no trata de...salir del negocio?
-No puede. Se ha ganado muchos enemigos, y si lo intenta lo probable es que acaben por cazarla tarde o temprano. Se siente mas segura rodeada de mercenarios...aunque eso no debería sorprenderte.
Para este punto, ya empezaba a sentir compasión por ella. Estaba claro que se encontraba totalmente atrapada en una situación en que nadie querría estar. Lo que se dice, "entre la espada y la pared".
-Por cierto, les dije a los chicos que eras de Ádaba, una comunidad al otro lado de la ciudad. El resto voy a dejar que te lo inventes tú.
-Y...¿Por qué no les dijiste simplemente la verdad?
-¿Para que entren en una crisis existencial? Olvídalo. Me van a tomar por loca y, la verdad, hoy aprendí que hay cosas que es preferible no saber.-me explicó, dejándome pensativo.
Tras subir algunas escaleras, finalmente llegamos a la habitación 616. Orel tocó la puerta, y esperó hasta que esta empezó a abrirse desde dentro, revelando al hacerlo a la misma criatura peluda y de largas orejas que había visto la primera vez. Aunque ya estaba para ese punto acostumbrado a ver criaturas de extraña apariencia circulando a mi alrededor, eso no evitó que lo analizara de pies a cabeza.
Orel entró y yo detrás de ella, para encontrarme con mas alienígenas (si acaso no era yo quien merecía ese título), todos dispuestos en torno a una sala de estar. Allí, ante mí, se encontraban Ava, cómodamente sentada en un sofá, con las alas levemente extendidas. A su derecha estaban Jan, que llevaba un gran abrigo de cuero, y unos pantalones que se detenían en sus rodillas, desde donde sus piernas tomaban una forma similar a las de un canguro.
En un extremo del sofá se hallaban las hermanas, Annde y Nayru, con su cabello castaño, y su apariencia inocente, prácticamente indistinguibles la una de la otra. Sentado en una silla al lado del sofá, estaba Dero, un aparente joven moreno de cabello oscuro y contextura delgada, con una especie de rifle sujeto a su espalda.
-Hola.-nos saludó la criatura de las orejas largas, siendo seguida por el resto de miembros del singular equipo.-¿Cómo esta, señorita Shersoi? Y tú debes ser el nuevo. ¿Emker, verdad?
-Ah...sí.-estaba embobado mirando sus ojos de un fuerte color amarillo.-¿Tú eres Gom, cierto?-le dije, recordando la descripción que me había dado Orel.
-Sí, así es.-respondió él. Su voz era gruesa. No como la de un demonio, sino mas bien como la de un cantante de ópera.
-Bienvenido-dijeron casi al unísono las mellizas, mirándome.
-Hola.-dijo seca y desanimadamente Jan, sin dejar de mirar a un pequeño teléfono personal.
Dero, me saludó con la mano, e inmediatamente me invitó a tomar asiento al lado suyo. Orel, por su parte, se acomodó en el poco espacio que quedaba en el sofá, en uno de los brazos del mismo, en lo que yo atravesaba la habitación.
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