VI
La mujer procedió a reingresar a su oficina, cerrando la puerta tras de sí. La joven me dirigió entonces de vuelta por el camino que habíamos recorrido, hasta el ascensor. Una vez ahí, esperamos durante algunos segundos a que este llegara de vuelta tras el último pasajero. Cuando lo hizo, entramos y ella repitió el procedimiento de la vez anterior.
-¿Te agradó Hedeon?-me preguntó en lo que bajábamos.
-Sí...supongo.-le respondí.
-Es una gran mujer, aunque no todos saben verlo. Es demasiado buena para su oficio, pero tiene muy mal carácter.-me explicó-Yo creo que tiene demasiadas preocupaciones.
-Me imagino.-le dije, recordando ciertas biografías que había leído. Si ya en la Tierra un líder podía ser saturado por su responsabilidad, era más que lógico que fuera también así en un mundo en que la muerte no existía. Reflexioné sobre ese hecho durante algunos segundos. ¿Que podía haber hecho un alma para merecer tamaño castigo?
La puerta se abrió, y comenzamos a caminar por el mismo piso de la vez anterior. Cuando llegamos a la puerta de la que sería mi recámara durante los siguientes días, Orel se detuvo frente a ella, y empezó a revisar sus bolsillos, hasta sacar de ellos una pequeña llave de forma algo extraña, con la que la abrió, revelando una pequeña habitación con una cama, un escritorio con una lámpara, y lo que consumiría las siguientes horas para mí: una pequeña biblioteca llena de libros. Al final de la habitación, tras el escritorio, había una ventana cerrada, a través de cuyos cristales se podía ver la urbe ya sumida en la noche, y a un costado, una pequeña puerta, que supuse daría acceso a los sanitarios, además de un aparato que, muy a la manera de las tecnologías descritas por Akim, parecía sacado de un libro de historia. Este contaba con un audífono conectado por un cable ondulado a un aparato cuadrado, a su vez conectado a las paredes.
Lo primero que me sorprendió fue la misma presencia de la cama: ¿Para qué necesitaría dormir un espíritu?
-Bueno, bienvenido a tu habitación. Sé que es pequeña, pero no creo que te resulte incómoda.
-Estaré bien...creo. Por cierto ¿Qué es eso?-le dije, señalando a la máquina. Ella me miró con incredulidad.
-Pues...es un teléfono. Es algo antiguo, sí, pero hay una explicación para eso. Hedeon los mandó a instalar tras...cierto conflicto. Son para controlar las conversaciones en él.
-Ya veo...¿Y cómo se usa?
-Bueno...presionas el número de habitación, y alguien te contesta. Puedes usarlo para hablarme si llegaras a necesitar algo.
-Entiendo.
-Eso sí, no me hables hasta dentro de tres o cuatro horas. Voy a estar fuera durante ese tiempo. Bueno, tengo que irme. Que tengas una buena noche.
En cuanto le agradecí y le devolví el saludo, salió por la puerta, y la cerró tras de sí. Al sonido de la llave sellando la entrada precedió a un silencio abismal. Algo confundido, intenté ponerme en contacto con Aneu como lo había hecho hasta ahora. Me recosté en la cama, intentando conciliar el sueño.
Sin embargo, me fue imposible. Y no sólo por el tumulto de fuera del edificio. Mi mente había tardado en procesarlo, pero todo era tan extraño que era hasta difícil de creer. Como le había dicho a Akim minutos atrás, esto no es lo que imaginamos en la Tierra cuando alguien nos habla del Infierno.
Finalmente, tras una hora de dar vueltas en la cama, me rendí. Me levanté, y, sin tener nada que hacer, decidí revisar la biblioteca.
La descubrí, para mi sorpresa, dividida en diferentes secciones por repisa: Biología, Historia...justo lo que necesitaba: respuestas.
Una de ellas, llamó sin embargo mi atención: Religión y Espiritualidad.
"¿Religión?" me dije, arqueando una ceja, "¿religiones en el Infierno?"
Inmediatamente lo saqué de donde estaba, y empecé a hojearlo. Los símbolos en que estaba escrito nunca los había visto, pero aún así era capaz de reconocerlos. Encontré una gráfica en una de las páginas, que se me hizo extrañamente familiar, al recordarme a un antiguo símbolo de una religión cuyo nombre no recuerdo.
El dibujo tenía en la parte más baja un círculo. En su interior, se leía una palabra que podría traducirse como "todo". De este círculo, se desprendía hacia arriba una segunda, que era básicamente el mismo símbolo que había grabado en mi mano derecha. Este, a su vez, daba origen a siete círculos más, con varias palabras escritas en su interior.
Todos repetían el mismo patrón. "Ira, justicia, misericordia"...cada una contaba con lo que parecía ser un atributo que la caracterizaba, seguido de algunos nombres.
En el pie de página, aparecían las siguientes palabras:
"El Esquema Fractal es para los alalistas la representación mas exacta del universo y del alma pensante que podemos lograr. La esfera inicial, representante de su deidad principal, origina a su vez al dios creador de su mitología, quien a su vez desprende de su fuerza activa a siete deidades más.
Lamentablemente, dado su secretismo y carácter iniciático, apenas sabemos algo sobre sus creencias y prácticas."
Retrocedí una página, sólo para encontrarme un listado de sectas minoritarias, junto a una pequeña descripción de cada una. Por último, se encontraba, bajo el título de "alalismo", una breve descripción:
"Surgido hace ya algo más de dos mil años, el alalismo es un misterioso culto fundado por una mística y gurú conocida simplemente como Almanát. Entre sus creencias principales, se cuenta la de entidades cambiaformas que moran entre nosotros, con funciones que no están del todo claras."
El resto del libro, hablaba principalmente sobre otras creencias, más extendidas. Curiosamente, muchas repetían un esquema ya típico en mi mundo: el de una divinidad salvadora que vendría al final de los tiempos a rescatar a sus creyentes, y a castigar horriblemente a quienes no lo fueron. Incluso se mencionaba en el texto una relativamente cercana en el tiempo guerra de religión, entre dos grandes cultos surgidos de la misma creencia: el taranismo. El taranismo es, en esencia, una religión politeísta cuya deidad principal y creadora, Taranis, ofrece ventajas en este mundo y el paraíso en el mundo futuro a quienes le rinden culto. Es como el alalismo una religión iniciática, por lo qué, aunque lo básico está a la vista de todo el mundo, sus creencias y prácticas más importantes-y quizá las más controversiales-son secretas, y comienzan a revelarse tras cierto grado de progreso en la secta, estando reservadas a sus miembros más importantes.
La guerra se dio a causa de una diferencia doctrinal. Los lughistas, argumentaron a partir de las prédicas de su fundador que los ortodoxos estaban ocultando injustificadamente las enseñanzas de su profeta. Este movimiento logró en pocos meses arrastrar consigo a un tercio de los practicantes de esta religión, y ocasionó un conflicto armado que terminó con la devastación total de una región entera de la ciudad.
"Los grandes vencedores de la contienda fueron los ortodoxos, quienes forzaron a los lughistas a abandonar el territorio, convirtiéndose en grupos aislados y de no más de quince miembros", se leía en el libro.
Comencé entonces a notar algunos curiosos patrones en todas estas religiones: en principio, sus dioses invariablemente reclamaban sacrificios de sangre. En el taranismo, estos sacrificios incluían la extracción con vida del estómago de un animal-sí, yo también me sorprendí por su presencia en este lugar-. En otras, como el deaísmo (que rinde culto a una multiplicidad de fuerzas naturales), se llegaba incluso a entregar esclavos a sus "dioses" (o por la palabra que figuraba en el libro, samaín), de formas tan grotescas que es mejor no recordar.
Lo relacioné de inmediato con mi propio mundo. ¿Acaso no eran los dioses que los míos adoraban tan exigentes como los de aquí? Desde los aztecas hasta los cananeos, en todas las latitudes y regiones, los dioses habían exigido algún tipo de compensación a cambio de sus favores, o en su defecto, de su no-castigo.
Otro elemento que se repetía vez tras vez, era la idea de un principio eterno e increado del que todo se originaba y, a la vez, del que todo formaba parte, como el Uno de los egipcios o el Brahman hindú.
En el Infierno, se conoce a este principio simplemente como Alalión ("todo", en el linf, como descubrí que se llamaba la lengua local). Aunque no había acuerdo (muchas veces por falta de detalles) entre estas doctrinas sobre la naturaleza de Alalión, lo que sí había era la idea de que estaba mas allá de la comprensión de los mortales.
En uno de los templos principales del deaísmo, destruido tras un importante conflicto racial hacía unos cincuenta años, se nos lo describía como "el Incomprensible, el Incognoscible, que contiene pero no es contenido, que sostiene pero no es sostenido. Poderoso hacedor de los cielos, de él procedemos y en él permanecemos, hasta que él quiera."
El tercer y último punto que me llevó a la reflexión, es el que los comportamientos de los dioses para con sus seguidores eran siempre peculiarmente similares. Esto se observaba en el patrón común del origen de la mayoría de estos cultos: un dios se presentaba a un hombre o grupo de hombres, proclamando ser el dios supremo o un representante suyo. Estos hombres adquirían habilidades que les permitían ganar adeptos a gran velocidad y, en cuanto lo hacían, comenzaban las amenazas y las exigencias de sacrificios y martirio. Exactamente como en la Tierra.
En cuanto terminé el libro, lo dejé donde lo había encontrado, y me dispuse a intentar descansar otra vez, no fuera que Hedeon me tuviera preparada alguna actividad al día siguiente.
Esta vez, lo logré, y dormí mejor de lo que jamás lo había hecho, cosa que, lejos de alegrarme, me mantuvo pensando todo el día siguiente. No hubo viaje astral. En su lugar, tuve sueños comunes y corrientes, en mi casa y la universidad.
Desperté por la mañana, con el ruido de la llave en la puerta. En cuanto abrí los ojos, me la encontré abierta, con Orel entrando. Tras ella, dos de las niñas que había conocido la noche anterior miraban hacia adentro. Todas vestían ropa deportiva, y llevaban en sus espaldas mochilas que lucían bastante pesadas.
-Buenos días.-dijo ella. Yo tardé unos segundos en salir de mi estado de somnolencia, para luego responderle:
-Hola. ¿Qué pasa?
-Hedeon quiere tenerte vigilado. Así que tendrás que venir conmigo.
-Oh...entiendo. ¿A dónde vamos?
-Primero, a almorzar. Anoche nos quedamos hasta la madrugada despiertas, así que nos perdimos el desayuno-me explicó, en lo que me levantaba para ponerme los zapatos.
-Ya veo...¿Y qué estuvieron haciendo?
-Entrenando. Tenemos que hacerlo un par de veces a la semana.
-Sí, aunque con frecuencia te retrasas-dijo con un tono sarcástico la misma chica con la que había visto a Orel discutir el día anterior, en lo que se apoyaba en la puerta. Ella se limitó a mirarla de vuelta, con un rostro de notable desagrado.
En cuanto estuve listo, me paré y salí por la puerta. Tras de mí, la joven la cerró con llave, y empezamos a caminar otra vez a través de los esta vez iluminados pasillos del edificio. Sin importar a donde mirara, todo estaba bañado por una luz rojiza, que saturaba la vista. Todo el trayecto hasta el comedor ubicado varios pisos más arriba, lo hicimos a pie. En el camino, las chicas conversaban sobre sus hazañas de la noche anterior.
Finalmente, y tras subir la última escalera, caminamos hasta un gran par de puertas.
Otra vez, Orel las tocó tres veces, hasta recibir desde dentro la autorización para entrar.
Al otro lado de la puerta, estaba Akim Hedeon, de pie, vestida con un largo abrigo blanco y un pantalón del mismo color, dando órdenes a lo que parecían ser sus meseros. En el centro de la habitación, había una gran mesa con un blanco mantel cubriéndola, y cerca de uno de sus extremos, cinco platos con sus respectivas copas y cubiertos. En la mesa, habían una jarra de agua y una botella de vino.
-¡Chicas! Hola ¿Cómo les fue anoche?
La breve respuesta de las jóvenes, contándole a su madre adoptiva lo bien que les había ido, se vio interrumpida por su invitación a tomar asiento. Las cuatro chicas se sentaron en la mesa, en lo que Akim las imitaba. Yo me quedé de pie, esperando instrucciones.
-Puedes sentarte si quieres-me dijo la mujer, con tono amable. Yo obedecí, sentándome a una silla vacía de distancia de Orel. No sé si ya mencioné que nunca me gustaron las concentraciones de gente. Cuestión de gustos, supongo.
-¡Atenz!-levantó la voz, a lo que pronto se acercó un individuo que me sorprendió por su altura, y por lo pálido de su piel. Sus ojos eran de un color verdoso brillante, y lucía en general como de unos cincuenta años. Vestía, como el resto de empleados de este lugar, con un uniforme negro, bastante elegante-Tenemos un comensal más, así que por favor trae lo necesario.
El...¿hombre? obedeció de inmediato, y a los pocos minutos estaba listo para recibir mi almuerzo. En lo que esperaba, y sin tener nada mejor que hacer, presté atención a la conversación que sostenían las mujeres a mi lado.
-Han progresado mucho-dijo Orel, en lo que se servía una copa de vino.
-¿Puedo?-preguntó Foma, la más joven del grupo. Una chica de cabello castaño y algo rellena, de unos quince años.
-No, hasta que cumplas diecisiete-intervino Akim, para su frustración-. Ahora ¿Cómo está nuestro invitado?-dijo, mirándome.
-Oh...bien-le respondí, algo sobresaltado.
-¿Cómo descansaste?-me preguntó, en lo que un mesero traía una gran olla con lo que parecía ser un guisado en él.
-Bien. Bastante mejor de lo normal, de hecho-le respondí, en lo que el hombre nos servía lo que resultó ser algo así como un guisado de mariscos, bastante sabroso, por cierto.
-¿Que es ese tatuaje?-me preguntó Kili, de diecisiete años, una jovencita rubia, de bonitos ojos azules. A decir verdad, no supe que responderle.
-Es un símbolo de buena suerte. Se lo considera muy poderoso en algunas religiones-dijo Hedeon, sacándome del aprieto. La miré, sólo para ver cómo me guiñaba un ojo, de manera cómplice.
-A mí me parece muy feo-intervino la niña a quien había visto burlarse de Orel ya más de una vez, y que para este punto ya imaginaba como la hermana odiosa del grupo.
-Lor...-exclamó Akim, enfadada.
-Era una broma, tranquila-se excusó la chica, en lo que recogía su largo cabello negro.
-¿Y que tal tú?-se dirigió Orel a su "madre".
-Bien, digamos. Con los mismos percances y el estrés de siempre.
-¿Alguna novedad?-insistió.
-Pues...no demasiadas.Ya tengo todos los datos para tu próxima misión.
-¿Ya decidiste de que se va a tratar?
-Sí. Tengo razones para pensar que un cliente estuvo comerciando con los de Derden Skapia. Y quiero que lo hagas escarmentar.
-Oh...¿Tengo que torturarlo?-preguntó Orel, con una tranquilidad pasmosa.
-Sí así lo consideras necesario. Creo que Emker podría acompañarte.
-¿Yo qué?-dije, sorprendido. Nunca había hecho algo semejante, ni de lejos. Ni siquiera había sostenido un arma jamás en mi vida, cosa reservada a las milicias del Partido.
-Lo que escuchaste. Aunque preferiría que habláramos de esto mas tarde.-me dijo, a lo que yo asentí con la cabeza.
-¿Para qué tendría que venir?-la interrogó Orel, algo confundida.
-Es un asunto privado del que te voy a hablar algún día.
El resto del almuerzo me limité a escuchar la conversación entre ellas, en lo que miraba por una ventana cercana. Era evidente que me encontraba en uno de los grandes centros económicos de la urbe, a raíz de la gran cantidad de rascacielos en la zona. A la distancia, sin embargo, la vista debía ser diferente: había una gigantesca masa de casas mal construidas y evidentemente precarias, que hacía falta atención para notar, entre la riqueza de esta región.
Entre palabra y palabra dicha por las demás comensales, obtuve detalles interesantes sobre mi situación, y la del mundo en que me encontraba.
Para empezar, descubrí que toda esta región era propiedad de Akim, lo cual explicaba la presencia de hombres armados en las calles. Ella era, además de una extorsionadora y lo que la gente de otras tiempos hubiera llamado una mafiosa, una habilidosa empresaria, hasta el punto de haber multiplicado la fortuna y la influencia de su familia. Sin embargo, a diferencia de sus padres, a ella le gustaba lucirse: no había heredado su precaución, la vieja costumbre familiar de ocultarse en un lejano suburbio y manejar desde allí el vasto imperio que poseían. En cambio, había adquirido con su dinero mal habido varios edificios gigantes en una de las regiones mas ricas de la ciudad, para, cual César romano, inspirar el temor y el respeto tanto de amigos como de enemigos.
Y vaya que se lo había ganado: en lo que la comida progresaba, noté como sus empleados evitaban mirarla a los ojos cuando les hablaba, bajando humillantemente la cabeza. En un momento, dado, una joven mucama dejó caer por error una copa al suelo, que estalló en mil pedazos. Ella le gritó, sin escatimar en insultos degradantes para la pobre chica, que se limitaba a disculparse, cosa que no provocó sino la ira de su jefa.
-¡Ya cállate! ¡Sal de mi vista, y ve a recoger tus cosas, que estás despedida!-dijo, causando las lágrimas de la niña, quien comenzó a suplicarle consideración:
-¡Por favor, señorita Hedeon! ¡Es mi primer día, mi hermano está enfermo, mi familia me castigará duramente si me echa! Le prometo que no volverá a pasar, voy a tener más cuidado de ahora en adelante...
-Ese es tu problema, no el mío.-respondió con crueldad la mujer.
-Akim, por favor-intervino Orel, para fortuna de la mucama-: es su primer día, no tiene experiencia, hasta yo cometí errores al empezar.
El rostro de Hedeon cambió, como reconsiderando su acción. La miró, y después volvió a mirar a la niña, que esperaba cual conejo frente a una escopeta la decisión de su ama.
-Es...está bien.-dijo finalmente, calmando su ira-Te la voy a dejar pasar por hoy, pero la próxima, vas a acabar de patitas en la calle.
Fue así como surgió en mí la pregunta que presenté casi al comienzo de este texto: ¿Cómo puede gente así tener tan buena fortuna? Se supone que el Infierno está hecho para castigar, pero ella, quien deduje había sido una pecadora de gravedad por lo que me había dicho y era en la actualidad una persona abusiva para con sus subordinados, gozaba de lujos y seguramente fama.
Preferí, sin embargo, callar ante la situación. Esta escena me bastó para darme cuenta de que, con lo simpática que me había parecido hasta entonces, era una persona explosiva y, con tanto poder de por medio, peligrosa.
En cuanto terminamos de comer, Hedeon dio la orden a sus temerosos e incómodos empleados de levantar la mesa, en lo que nosotros nos poníamos de pie para comenzar nuestras actividades diarias.
Se despidió de las niñas, y nos autorizó a retirarnos.
-Te daré las debidas instrucciones esta tarde. Quiero que vayas organizando a tus hombres, saldrán esta misma noche. ¡Ah! Casi lo olvido ¿Puedo hablar en privado con Emker?
-Por supuesto.-respondió Orel, en lo que se alejaba.
En cuanto estuvo lo bastante lejos, Akim se dirigió a mí, diciendo:
-Me reuní con Aneu esta mañana, y me dio una serie de instrucciones en relación a ti. Me prometió que si las seguía los resultados iban a ser "interesantes", sea lo que sea que eso signifique.
-Hummm...ya veo.-le respondí, preguntándome porqué entonces no me había contactado a mí.
-Una de esas instrucciones, es que te involucre en mi trabajo, y pues, eso es lo que estoy haciendo.
-¿Le dijo algo más?-le pregunté, buscando algún dato que me fuera útil.
-Sí, que te dijera que vas a encontrar lo que buscas mas temprano que tarde. Bueno, pueden irse.-dijo, en lo que caminaba hacia las chicas.- Y en cuanto a ustedes-dirigiéndose a las niñas-van muy bien, pero no quiero enterarme de que le causen problemas a Orel. Ya demasiado se esfuerza. En fin, los dejo. Tengo una reunión.-explicó, en lo que caminaba de vuelta a la habitación-Que tengan un buen día.
-Ya la oíste.-dijo la mayor del grupo, en lo que le daba una suave palmada en la cabeza a Lor, quien la miró de vuelta, con un rostro de desprecio absoluto.
Acto seguido, caminamos por donde vinimos. Tuve en el proceso tiempo para pensar en lo sucedido la noche anterior: era la primera vez en años que no recordaba haber tenido ningún tipo de experiencia extracorporal durante el sueño. Está bien, eso podía pasarle a cualquiera. Pero el detalle está en que esto coincidía con mi primera noche en el Infierno. No, definitivamente la casualidad no era una opción.
Al llegar a las habitaciones, Orel abrió la puerta de la 101, y entró junto con las niñas. Yo me quedé afuera, más por educación que por otra cosa. Ella se adentró, para perderse tras doblar en una puerta, y salir poco después con una mochila y un pequeño teléfono en su mano izquierda.
-Voy a salir.-dijo, dirigiéndose a las chicas, que para ese entonces ya se habían dispersado por el lugar.-Quiero relajarme un poco.
-Está bien. ¿A que hora volverás?-preguntó Kili.
-Calculo que en una media hora. Tenemos que ponernos al día.-respondió ella- Les dejé algo de comida en la alacena, por si tienen hambre.
-Gracias.-dijo Foma, antes de despedirse, tras lo cual Orel cerró la puerta.
-¿Y tú que quieres hacer?-me preguntó ella, para mi sorpresa.
-Pues...no lo sé.-respondí, con franqueza.
-Bueno, siendo así, creo que será conveniente que me acompañes. Hedeon quiere que te evalúe, por alguna razón.
-¿Y a dónde vamos a ir?
-Quiero salir a pasear. No he tenido mucho descanso estos últimos días. Además, ahora que lo pienso, creo que será una buena oportunidad para introducirte en la dinámica de mi facción.
Empezamos entonces a caminar hasta llegar a la escalera más cercana, por la cual empezamos a descender.
-Barken Leddis se divide en facciones, cada una dirigida por un capitán. Yo dirijo la número 724, y somos siete personas en ella: cuatro humanos, la raza dominante en este sector de la ciudad, y tres ávanas. Los ávanas son Ava, una malak, Jan, un pánara, y Gom, un númen.
-¿Qué es un ávana?-le pregunté, causando en ella una nueva mirada de extrañeza.
-Wow. De verdad, no creo que seas familiar de Akim.
-¿Te dijo eso?-volví a interrogarla, incrédulo.
-Eh...sí. Me dijo que eras un primo lejano que no había visto desde niña.
-¡Ja, ja, ja, ja!-me reí, nerviosamente.
-Ya en serio: ¿Quién carajos eres?-dijo, devolviéndome a mi seriedad inicial. No supe que responder.
-Digamos que soy un viajero...-acabé por responderle, sin tener una mejor evasiva en mente
-¿De dónde?-insistió, inquisitiva.
-Me temo que no puedo decírtelo. Es demasiado extraño, créeme.
-Bueno, esto ya es de por sí muy raro. No creo que se pueda poner peor...pero en fin, no es algo que me incumba realmente. Por lo que se me dijo, no vas a estar aquí por mucho tiempo.
-No lo sé, realmente.-le respondí, con sinceridad-Por cierto: la verdad, no tengo idea de que son las criaturas que me mencionaste.
-¿Los ávanas? Pues...son razas que conviven con la nuestra-dijo, con un tono de voz que denotaba que no creía una palabra de lo que acababa de decirle-. Hay muchas, y las que te mencioné son algunas de las que Hedeon permite en sus tierras.
-¿Y cuál es el criterio para permitirlas?-le pregunté, tratando de obtener la mayor cantidad de datos posible.
-Su agresividad, su utilidad económica...lo típico.
Ese dato era interesante, ya que me permitió deducir que probablemente no eran tan peligrosos como lo había temido. Un líder busca tener subordinados que pueda controlar, y no creí que por estar en el Inframundo eso fuera a cambiar.
-Háblame de los que me contaste, por favor.
-Los malak son básicamente personas con alas. Son por lo general pelirrojos, aunque también los hay de cabello negro y albinos. Los pánaras, por su parte, son muy fuertes y de una piel muy pálida, además de con poco pelo. Son muy inteligentes, razón por la que Akim incluyó dos en su consejo directivo. Por último, los númenes son peludos y de orejas alargadas, no muy altos, pero sí muy hábiles en la guerra.
-Hummmm...-reflexioné durante unos segundos-¿Y cómo es la relación entre las distintas razas?
-Por lo general, violenta. Suelen odiarse a muerte entre sí, pero no es así en mi facción. Los mantengo bajo control, así que no deberías preocuparte por eso.
-¿Hasta que punto llega ese odio?
-¿Por qué crees que están separadas?-me respondió, ya algo harta de mis preguntas-En fin, los humanos son Annde, Dero, y Nayru. Te van a caer bien. Annde y Nayru son hermanas.
-¿Ah sí?
-Sí, mellizas. Entraron a la organización casi por casualidad. Las encontré como prisioneras de una pandilla en una de mis misiones, y cuando vi como se desenvolvían le pedí a Hedeon que las contratara, y aceptó. Nunca me arrepentí de mi decisión.
-Tienes una relación muy cercana con ella, por lo que veo.
-Sí. Fui la primera que adoptó.
-Ajá. ¿Y dónde vivías antes de eso?
-Pues...en ningún lugar en específico. Dormía en las calles, junto con otros niños sin hogar. Mis padres me abandonaron cuando tuvieron que escapar por causa de sus relaciones peligrosas. Yo tenía ocho años.
-Oh...lo lamento.-le dije, con sinceridad.
-No lo hagas. Yo no lo lamento. No tenía futuro con ese par de drogadictos. Es más: de cierta forma, fue lo mejor que me pudo haber pasado. Unos meses después, Akim llegó a donde nos refugiábamos, y se ofreció a llevarnos con ella. La mayoría de los chicos estaban asustados, pero yo, que era por aquél entonces muy inocente, no lo pensé dos veces.-me explicó-Fue una decisión estúpida, a decir verdad. Sin embargo, tuve suerte, y aquí estoy.
En cuanto terminó su relato, llegamos al primer piso del edificio, que descubrí tan lleno de gente-humana o no-como la primera vez.
Atravesamos la multitud, hasta llegar a la gran entrada principal, y, al salir, comenzamos a caminar a través de las calles, en dirección a una plaza cercana, a dos cuadras de distancia.
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