miércoles, 5 de junio de 2019

Infierno IX


Algo más de media hora más tarde, me encontraba de vuelta en el edificio, aunque en un sitio totalmente distinto al acostumbrado. Entrando por la parte trasera del mismo, había accedido a un enorme subsuelo, con varios pisos. A donde miraras en ese gigantesco lugar, que nada tenía que envidiar a la parte superior del edificio excepto quizá por su iluminación, te encontrarías con guardias y mercenarios yendo y viniendo, en una cantidad mucho mayor a la de las calles por las que había caminado anteriormente. El sitio constaba de un total de siete pisos. Los cinco primeros, al que tenían acceso los cuadros militares en general, eran una auténtica base. El piso inicial constaba de una  gran entrada, y algunos estacionamientos para vehículos de distintos modelos. Los siguientes cuatro, agrupaban los dormitorios, comedores, y baños. Según se me explicó, esta era no la única, mas sí la mas grande de las reservas de mercenarios en el territorio de Barken Leddis.
Los últimos dos pisos, recordaban ya no a un centro militar, sino a un campo de concentración o a una de las prisiones del Partido. Eran los calabozos, donde se encerraba, y a veces, castigaba, a quienes habían violado las normas impuestas por Akim.

-¿Qué hizo el pobre desgraciado para merecer esto?-pregunté, mientras me alejaba de la entrada de una de las celdas. Tras las rejas, había un joven de unos 19 años, atado a una silla, justo debajo de una tubería rota. Periódicamente, gotas de agua caían sobre su cabeza. El chico no paraba de hablar solo, de una forma que en otro contexto hubiera dado miedo, pero que en el actual producía mas bien lástima. ¿Y porqué, se preguntará el lector? Simple: ¿Quién puede conciliar el sueño con un goteo constante sobre su cabeza?

-Una violación, probablemente.-me respondió Orel-Eso, o la venta de información estratégica.

Nos encontrábamos caminando en dirección a donde había confinado a la familia Cáser, tan sólo minutos atrás. El lugar era un oscuro pasillo, iluminado por focos colgantes a varios metros uno del otro. Como música de fondo, teníamos con los quejidos, llantos, y ruidos propios de los internos. El olor era nauseabundo, una combinación de heces y orina con humedad.
Finalmente, llegamos hasta el final de uno de los muchos pasillos de esta infernal-y nunca mejor dicho-sección del edificio.
En una de las celdas, se encontraba la madre junto a sus dos hijos, ya despiertos. Los niños lloraban mientras escuchaban a su padre quejarse a pocos metros de ahí, en una celda vecina, mientras la mujer intentaba en vano consolarlos. La escena era realmente triste y horrible, especialmente para quien no se encontrara preparado psicológicamente adaptado a escenarios así. Incluso Orel lucía como si quisiera alejarse lo más rápido posible del lugar.
En cuanto al hombre, a quien vi poco después al desviar la mirada de los infantes, se encontraba ya para este punto totalmente bañado en sudor, mientras esperaba maniatado en un asiento, donde algunos mercenarios lo habían colocado-y probablemente torturado-incluso desde antes de nuestra llegada.

-¿Les dijo algo?-preguntó Orel, dirigiéndose a los dos hombres y la mujer que se encontraban de pie, en la entrada.

-Confesó la venta de datos sobre la composición del producto, pero se negó a traducir el texto que encontraron.-le respondió a su vez ella, quien parecía ser su jefe.

-¿Probaron todos los métodos?

-Los permitidos para estos casos, sí, y eso me lleva a sospechar que esto debe ser más grande que una traición menor. Se resiste demasiado. Si me pregunta, yo diría que quiere evitar un castigo más grande. Además, me impresiona su resistencia al dolor. Es casi como...si estuviera drogado.

-Hummmmm...veamos si logro sacarle algo.-dijo la muchacha, mientras ingresaba a la habitación, siendo seguida por mí y por Ava. Los demás se habían retirado ya a sus habitaciones, y había decidido acompañarla, francamente, por si se le ocurría hacer algo con los infantes. Mas allá de que siempre había sido un profesor estricto e incluso cruel, las escenas anteriormente presenciadas habían logrado, lo que se dice, sacar mi parte mas humana.-Buenas noches, Jara ¿Cómo te va?-lo interrogó en un tono satírico, burlón, como supuse se la habría entrenado para hacerlo.

-P...por favor-suplicó el tipo-deja que mi familia se vaya. ¡Ellos no hicieron nada! Fue todo idea mía...

-Eso deberías haberlo considerado antes de hacer lo que sea que hiciste. Como sea, mira, imagino que habrás prestado atención a lo acogedor de este sitio, y calculo que no querrás ver crecer a tus hijos en este antro, así que...¿Qué dices? ¿Vas a ceder o no?

El hombre la miró, sin decir una palabra, para luego renovar sus súplicas:

-Son sólo niños...-dijo, con la voz entrecortada.

-Sí, y eso es una verdadera pena.-respondió con frialdad Orel-Mira, no creas que no nos hemos dado cuenta a estas alturas de que estás ocultando algo. Y créeme que estoy dispuesta a averiguarlo.-y dirigiéndose a los torturadores, continuó-Así que bueno...¿Que tal si intensificamos un poco el juego?

-Tal vez deberíamos pedir la autorización de la señora Hedeon antes de proceder.-intervino la mujer con quien había hablado segundos atrás.

-Bah, estoy segura de que se sentirá complacida de que averigüemos lo que sea que se trae este desgraciado.

-¿Pero no se molestará si no obtenemos nada?-Orel sonrió, para luego continuar:

-No, no te preocupes. Nos entendemos muy bien.

-Bien...si tú lo dices.-cedió finalmente su interlocutora.

A continuación, fui testigo de variedad de tormentos físicos que prefiero no narrar. Desde golpes en los genitales, hasta quemaduras. A medida que el procedimiento progresaba, mi imagen con respecto a Orel terminaba de distorsionarse. En un principio, la había visto como una joven común aunque en circunstancias extraordinarias. Ahora, sin embargo, me parecía una persona temible, cruel como su oficio lo demandaba, e incluso alguien digno de desprecio.
Para mi sorpresa, lejos de confesar, el caballero se mantuvo firme en su...posición, si es que acaso así se le puede llamar. No mentía Deara, como resultó llamarse ella, cuando decía que el tipo presentaba una extraordinaria resistencia al dolor, cosa que, aunque sería llamativa de donde vengo, no me sorprendía tanto teniendo en cuenta el lugar en que estaba. Sin embargo, por lo visto, ese no era el caso de mis acompañantes.

-Maldita sea...-se quejó mi nueva jefa, apoyándose en una mesa cercana-esto se está poniendo cuesta arriba.

-Te lo advertí.-insistió la dama, que en apariencia no pasaría de los treinta y cinco años-Recuerdo un caso así, hace unos veinte años. Yo trabajaba como mercenaria en una organización pequeña, no más de trescientos miembros. Nos tocó atacar por encargo una pequeña tribu de númenes, como parte de una venganza personal de un señor de la guerra hace mucho tiempo caído en desgracia. Como parte de la preparación para el golpe, tuvimos que capturar y torturar a algunos jóvenes de la misma. Sin embargo, no pudimos sacarles nada. No reaccionaban ante los golpes, y no fue sino hasta que invadimos el lugar de todos modos que nos dimos cuenta de porqué: ellos tenían la rara costumbre de mezclar con sus alimentos ciertas drogas, que entre otros efectos, inhibían el dolor. Creo que esto podría estar pasando en este caso.

-Y yo creo que esto va a ser algo más complicado de lo que calculé.-dijo Orel, para inmediatamente sacar su teléfono, y ponerse a teclear. Ava, que había colaborado con la tortura pero sin decir mucho, se dirigió entonces hacia ella:

-¿Va a pedirle a Hedeon que nos reasigne?

-¿Bromeas?-volvió a reír la muchacha-Me gustan los desafíos. Y este es uno. Voy a pedirle que autorice un examen toxicológico. Así al menos vamos a saber cuando continuar con esto.

-¿Y que hay del mensaje?-preguntó Deara.

-Voy a decirle que necesito alguien para descifrarlo.-comentó, mientras escribía.

 Cuando terminó, se dirigió a mi, diciendo:

-Como sea, creo que ya deberíamos irnos. Ya va a ser hora de cenar, y ella no va a estar feliz si me retraso.-explicó, antes de dirigirse hacia la puerta, seguida por nosotros-Deara, que tus hombres se queden aquí por si las dudas.

-A la orden.-fue su respuesta, antes de apagar a luz.

-Espero que pases una buena noche. Mañana vamos a tener mucho de qué hablar.-dijo Orel, voltéandose por un momento antes de que la puerta se cerrara.

Comenzamos entonces a caminar, otra vez, los tres por el largo pasillo, dejando atrás a Deara y los suyos. En el camino, tuve nuevamente la oportunidad de encontrarme con la familia de Jara, cuyos hijos, razonablemente, lloraban junto a su madre en un extremo de la celda. Aún puedo recordar, como si acabara de pasar, la poderosa sensación de misericordia que, por alguna razón-y teniendo en cuenta que ya los había visto anteriormente-me invadió en ese momento. Sería deshonesto si negara que la joven y su sadismo me habían intimidado. Sin embargo, logré, con todo, sobreponerme a mis sentimientos y al menos intentar suavizar su sufrimiento.

-Orel...¿No crees que esto es demasiado?-le dije, luego de unos segundos de duda.

-¿Qué?-la pregunta me descolocó.

-Pues...no sé, tener a dos impúberes en un lugar así. Mira, entiendo que sea más fácil extorsionar a su padre de esta forma, pero esto no es justo.

-Bah, no es para tanto. Sólo se quedarán aquí hasta que su padre suelte todo lo que sabe, o hasta que hayamos acabado con los que sea que lo contrataron. No te estreses.

-¿Y eso cuanto tardará?

-Unas semanas, a lo mucho.-se explicó ella.

-Eso no les ahorrará el trauma.-me quejé.

-¡Ay, por favor!-exclamó-Como si los fuera a torturar.

-¿Sabes? De donde vengo, hubo una época en que eso se consideraba tortura.

-¿Y qué propones?

-Pues no sé-dije, barajando opciones a la velocidad de la luz-, quizá podrías ponerlos en un lugar mas digno, engañando a Jara. Eso aumentará la presión, y quizá así finalmente logres que diga algo.

-Hummmm...no suena mal.-me felicitó a su peculiar modo.

Nos tomó varios minutos terminar de abandonar el subsuelo. Como es lógico-dado que caso contrario los prisioneros la tendrían más fácil al escapar-, no habían ascensores, así que debimos caminar un buen rato antes de llegar a la superficie. En cuanto lo hicimos, atravesamos la gran compuerta que hacía de entrada, y salimos a la calle, llena como siempre de personas. En cuanto llegamos a la otra entrada, la del edificio central, Ava se separó de nosotros, argumentando que necesitaba descansar.

-¿Y tú que harás?-procedió entonces a preguntarme la chica.

-Creo que voy a volver a mi habitación.-contesté. A decir verdad, estaba algo cansado por el día, cosa esperable-quizá-en otras circunstancias, pero que en estas sólo contribuían a lo surreal de la situación.

-¿Estás seguro de que no quieres cenar antes? No has comido nada en horas.

-Hummmm...sí, lo creo conveniente.-fue mi respuesta-¿Dónde puedo pedir algo?

-Puedes comer conmigo y Akim. Creo que le interesará saber cómo te fue en tu primer día.

-Quizá. ¿Pero no crees que pueda serle molesto?-dije, recordando mis estrictos modales...y la mala impresión del almuerzo.

-Tranquilo. Ella suele mantener la distancia hacia sus inferiores, pero tu caso es...especial.

No sabía para ese momento cómo decirle que quería mantenerme alejado de su peligrosa madre adoptiva. Y al no encontrar una vía aceptable, no tuve mas opción que acceder.
Esta vez, para ahorrar tiempo, nos dirigimos hacia el ascensor más cercano. Subimos en él hasta más o menos la mitad del edificio, donde debimos, por razones de seguridad, continuar caminando.
Finalmente, y tras recorrer nuevamente los pasillos, llegamos a la gran entrada del comedor. Como de costumbre, Orel tocó la puerta, aunque esta vez fue una joven mucama, la misma a quien había visto a Akim maltratar horas atrás, quien nos abrió.

-Ho...hola. Pasen.-nos dijo, con timidez.

La poderosa mujer y tres de sus hijas adoptivas nos esperaban en la mesa, ya disfrutando de la comida. Esta vez, en sus platos había carne, y algunos vegetales, todos para mi sorpresa- o no tanto, tras mi reflexión-perfectamente reconocibles.

-¡Orel!-saludó ella, alegremente-¿Dónde estabas? Ya empezaba a preocuparme.

-En los calabozos, lidiando con Jara.

-Sí, leí tus mensajes, pero me sorprendió que demoraras tanto.-se explicó-Y veo que trajiste a Emker contigo.

-Así es, supuse que querrías saber cómo le fue.-dijo, mientras tomaba asiento, en lo que yo la imitaba Akim procedió entonces a ordenar que se nos trajera algo qué comer, y la conversación prosiguió.

-¿Otra vez va a estar aquí?-preguntó Lor, con su característico tono entre altanero y hostil.

-Sí, y vas a tener que acostumbrarte.-respondió Orel, sólo para molestarla.

-Ya, no peleen-intervino Akim-¿Y cómo les fue?

-Bastante bien, sin inconvenientes esta vez. Mis hombres temieron al principio la posible reacción de los vecinos de los Cáser, pero no pasó nada.

-Sí, leí tus mensajes. Como si no estuvieran entrenados para situaciones riesgosas...-se quejó la mujer-pero bueno ¿Cómo se desenvolvió tu nuevo subordinado?

-Pues...no estorba.-respondió Orel, mientras un mesero colocaba dos platos de comida frente a nosotros-¡Ah! Cierto: ¿Te acuerdas del código en la computadora de Jara? He estado pensando que quizá Emker podría darnos una ayuda con eso.

-Sí, es una buena idea. Quién sabe, quizá si lo hace bien opte por ascenderlo. Una mente así no se encuentra todos los días. Sin embargo, prefiero esperar a ver si mis empleados tienen éxito con la deducción.-dijo, mientras dirigía su mirada hacia mi.

-Me halaga usted...-fue mi respuesta, que se vio sucedida inmediatamente por un sonido de golpes en la entrada. Volteé a mirar, justo a tiempo para ver cómo una de las mucamas abría la puerta, revelando a una mujer en apariencia no mayor que Akim, de cabello oscuro, teñido en las puntas de un tono gris. Muy delgada-demasiado para mi gusto-, su mirada recordaba a la de un gato: penetrante, fría.

-Hola, sepan disculpar la tardanza.-fue lo primero que dijo al cruzar la puerta.

-Tía, creí que ya no ibas a venir.-dijo Hedeon, mientras la mujer se acercaba para tomar asiento.

-Tuve un pequeño retraso.-se explicó-Una tormenta nos alcanzó a mitad de camino, y debimos detenernos.

-¿A donde fue esta vez?-preguntó Lor, con un tono mucho mas respetuoso.

-A un...viaje de negocios, si así se le puede llamar. Pero eso no es importante. Más bien, quisiera saber quién es nuestro invitado.

-Él es Emker-respondió Orel-, mi nuevo subordinado.

-Ah...-dijo entonces ella, para luego sumirse en el silencio.

El resto de la cena, preferí no hablar mucho. Tampoco es, a decir verdad, que hubiera mucho de qué hacerlo: la conversación se centró en las actividades diarias de las niñas, y un poco sobre las de Akim. Naama permaneció  tan callada como yo hasta el final de la comida. Por alguna razón, me resultaba sumamente llamativa. No en el sentido de la atracción sexual, ciertamente. Mas bien, podría decirse que nunca había visto una persona tan intimidante. Cierto: no era fuerte-o no lo aparentaba-, pero todo en ella, desde su actitud hasta su apariencia, me recordaba a una serpiente a punto de atacar. En cuanto todos hubieron terminado de comer, comenzó esa peculiar tradición llamada de donde vengo "sobremesa". No obstante, esta no duró mucho. A los pocos minutos, aparentemente la paciencia de Naama se acabó, y se dirigió a su sobrina:

-Akim, necesito que conversemos un momento. En privado de ser posible.-le dijo, con su frío y robótico tono de voz.

-Oh...sí.-fue la respuesta de la mujer. Inmediatamente, y de una forma inusualmente sumisa para la imagen que tenía de ella, solicitó a las niñas que se retiraran, a lo que ellas obedecieron inmediatamente.

Una vez estuvimos fuera y Orel cerró la puerta tras de sí, comenzamos a caminar por los pasillos, en dirección a las habitaciones. Mientras hacíamos el corto viaje, tuve la oportunidad de escuchar a las compañeras de Orel charlar, continuando sus previamente interrumpidas conversaciones. La única que permaneció en silencio fue Lor, quien se había aislado del todo, leyendo algo en la pantalla de su teléfono.

-Akim respeta mucho a Naama...-comenté cuando noté que las niñas se habían alejado lo suficiente para no escucharnos.

-Sí. Ya te lo dije: no hubiera durado mucho sin ella.

-Hummmm...¿Y de qué crees que hayan querido hablar?-le pregunté, tratando de una forma mas bien poco científica de confirmar mi hipótesis.

-De ti, probablemente. Debe haberse sentido sorprendida de que la líder de Barken Leddis haya recibido a un mercenario raso en su cena.

-Oh...me imagino.-dije. Había acertado.

-Akim habrá crecido, pero Naama jamás dejó de aconsejarla. No le gusta que su sobrina deje de guardar distancia con respecto a los suyos. Lo ve como algo muy peligroso. Razón no le falta, pero a veces pienso que eso sólo ayuda a que se sienta mas y más sola...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario